Archive for Octubre, 2007
Demoledor unísono orquestal juvenil
Oct 30
Publicado originalmenten en LaJornada.com el 30 de octubre de 2007
El debut de la sinfónica que dirige Dudamel, entre lo más notable del Fórum Monterrey
Por: Pablo Espinosa
Monterrey, NL, 29 de octubre. Presenciar un concierto con Gustavo Dudamel al frente de la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela es una de las experiencias máximas que por igual un experto que un escucha circunstancial disfrutan como una de las más intensas, electrizantes, conmovedoras, alegres, sublimes, inolvidables de toda una vida. Marcan impronta estos jóvenes en la flor de la vida, convertidos en un referente: la perfección técnica de esta orquesta, que comparte con las mejores del planeta, es el punto de partida para una explosión de energía, jolgorio, belleza y un rendimiento artístico fuera de serie.
Esta formación inusual de 220 músicos en escena hizo su debut en la capital nuevolonesa, como el capítulo más trascendental de una serie de actos de calidad enorme como parte del Fórum Monterrey. Ofrecieron un par de programas en el inicio de una gira que los llevará a Estados Unidos, pero antes a Guadalajara y estarán en la ciudad de México para un concierto único en Bellas Artes, el 15 de noviembre.
Según comentó Gustavo Dudamel a La Jornada, todo apunta hasta el momento a que tendremos el privilegio de escuchar en vivo en esa fecha próxima la Quinta Sinfonía de Mahler con estos jóvenes, que constituye el más reciente referente que tiene puesta de cabeza a toda Europa, pues se trata de una grabación, realizada bajo el sello Deustche Grammophon, reseñada en estas páginas hace unas semanas, que consagra a esta orquesta y a Dudamel en los primeros lugares de calidad, trascendencia y gozo musical en el mundo.
En Monterrey interpretaron en vivo, en tanto, el material de su primer disco bajo el sello alemán, que contiene las sinfonías 5 y 7 de Beethoven, versiones dotadas de una potencia que alcanza los niveles más brutales, enardecedores, dinamogénicos inimaginables.
El primer detonador de asombro es el número poco usual de ejecutantes, 220, lo cual implica, por ejemplo, una sección de 52 (¡!) violines, 20 violonchelos, seis trombones, 19 violas, una cantidad alucinante de metales y una sección crecida de alientos-maderas preñada de encanto con un sonido en plena ebullición.
Abreu, impulsor del proyecto musical
El factor Dudamel es definitivo: formado por su maestro, José Antonio Abreu, el gran ideador y artífice del proyecto musical que tiene a Venezuela sembrada de orquestas de niños y jóvenes, el estilo de Gustavo sobre el podio es devastador: dominio absoluto de la orquesta, precisión y equilibrio tanto en la mano de la batuta, la derecha, como la izquierda, la de los matices.
Vaya, es tan absoluto el control que tiene Dudamel sobre el sonido, que si bien sabemos que un buen director se reconoce porque el gesto que haga se escucha, se transforma en sonido, esto es que Dudamel cimbre su cuerpo y su larga melena afro estalla como un remolino de burbujas oscuras que retiemblan al igual que el piso tremola bajo el efecto de un unísono orquestal demoledor.
Y he aquí la magia de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar: sus jóvenes integrantes poseen tal dominio técnico sobre sus instrumentos que les permite reflejar su personalidad entera: tocan con ímpetu salvaje, sacan sonidos de sus instrumentos de manera casi épica, con un volumen asombroso, arremeten cada compás con una enjundia endiablecida pero, gran detalle, con una sensibilidad arrobadora, es decir: se trata de un alto contraste que desarma: el sonido es brutal, pero el efecto es dulce y delicado.
Por ejemplo, la sección de 20 violonchelos 20 suena como si fuera uno solo pero con un volumen impresionante, afinación perfecta y un embrujo fulminante. Las muchachas y los chavos parecen golpear con un hacha el puente de sus violonchelos, con mayor elegancia y fuerza aún que los finlandeses de la banda de violonchelo-rock Apocalyptica, que hacen versiones cuasi-sinfónicas de las rolas de Metallica.
Resultan una pálida sombra esos güeros finlandeses frente a las hermosas morenas y los apuestos morenazos venezolanos de la Orquesta Simón Bolívar, quienes le tunden durísimo a sus violonchelos pero, hay que insistir, lo que suena es de una exquisitez y una delicadeza que desmadejan al escucha.
Al final de sus conciertos, Dudamel y sus compañeros suelen quitarse el saco oscuro formal de concierto y se portan una chamarra con los colores de la bandera de Venezuela y empieza una segunda fiesta, la de las piezas de regalo, que aquí incluyeron una versión caribeña delHuapango, de Moncayo, un popurrí de temas populares venezolanos (Alma llanera, et al) y la repetición del Mambo que incluyó Leonard Bernstein en sus Danzas Sinfónicas de West Side Story: los muchachos venezolanos echando desmadre como en la secundaria, bailando en sus asientos, gritando ¡mambo! Llenando el mundo de alegría.
América Latina y el mundo están iluminados por un rayo de esperanza: Dudamel, la Orquesta Simón Bolívar y el sistema musical que ha puesto a Venezuela a la par civilizatoria que Europa. Un milagro cultural.
Nuestro proyecto busca revertir “la tragedia del centralismo”: Abreu
Oct 30
Publicado originalmente en el diario mexicano La Jornada el 30 de octubre de 2007
Un Milagro Cultural
El fundador de la sinfónica Simón Bolívar subraya las aportaciones de Carlos Chávez y Eduardo Mata al arte sonoro de ese país
Recomienda extender ese ideal en toda Latinoamérica
Dudamel, de 26 años de edad, es visto como un fenómeno que ha logrado despertar en el público alemán el interés en la música de Beethoven, imprimiendo a sus interpretaciones una pasión, vitalidad y frescura contagiosas.
El director de orquesta y otros jóvenes talentos musicales venezolanos surgieron de un proyecto iniciado en 1975 por el economista, compositor y conductor José Antonio Abreu.
Considerado un icono de la música en Venezuela, fue fundador de esa sinfónica y de la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles, red en la que participan actualmente 290 mil niños y jóvenes que dan vida a 57 orquestas infantiles y 125 juveniles.
Cuando Abreu comenzó el proyecto había en Venezuela dos orquestas integradas por emigrantes europeos, ahora, el país de 27 millones de habitantes cuenta con 22 sinfónicas profesionales.
De la pobreza material al gozo
Abreu es el impulsor de un renacimiento cultural en Venezuela, llevando la alegría de la música a innumerables niños provenientes de las comunidades más vulnerables y excluidas de la sociedad venezolana. Un proyecto cuyos orígenes están vinculados profundamente con México, con dos grandes figuras de la dirección orquestal: Carlos Chávez y Eduardo Mata.
“Teníamos que garantizar el acceso de todo niño, todo joven de clase baja y popular a la formación instrumental y vocal. La manera más adecuada para hacerlo era promover una red nacional de coros y orquestas juveniles e infantiles, y así se consiguió”, dice Abreu en entrevista con La Jornada.
“En el seno de la orquesta o del coro, el niño se inicia en la vida social de una manera maravillosa. Pasa de una pobreza material dolosa y solitaria a una vida gozosa, llena de esperanza.
“Con el entrenamiento de su instrumento y el apoyo de sus maestros, el niño inicia un camino ascendente y el sistema se encarga de llevarlo a lo largo del escalafón académico a la dignidad profesional”, señala.
–Cuando comenzó el proyecto, ¿se imaginó usted que tomaría estas dimensiones?
–Desde el principio fue concebido como un proyecto nacional. No era para la ciudad de Caracas. Latinoamérica siempre ha sufrido la tragedia del centralismo. Las capitales concentran gran parte de la vida artística.
“Nosotros no queríamos que Caracas monopolizara este proyecto, sino que todas las ciudades, todas las provincias, las periféricas, las más pobres, tuvieran tanto acceso como el centro del país.”
Desde entonces el sueño del visionario músico consiste en extender este ideal en toda América Latina.
“Bolívar decía que América Latina era una nación de repúblicas, que América era una nación de repúblicas, porque el término América Latina entonces no existía. Nosotros formamos parte de esa gran nación y, por cierto, los primeros países con los que establecimos contacto fueron Colombia, México y Trinidad.
“En México tuvimos el privilegio de contactar desde el principio con dos grandes maestros: Carlos Chávez y Eduardo Mata.”
Lección de latinoamericanidad
–¿Cómo sucedió?
Al maestro Carlos Chávez lo conocimos el mismo año de la fundación de la orquesta, en 1975, cuando el presidente de México (Luis Echeverría) realizó en julio de ese año una visita de Estado en Caracas. Escuchó a la sinfónica y la invitó a México.
“Fuimos a tocar a la ciudad de México, Puebla y Cuernavaca. Estando en Bellas Artes llevamos la tocata para percusión del maestro Chávez. No soñábamos con encontrarlo. Al final del concierto, él estaba oculto en el público y vino a saludarnos. Yo lo invité a visitar Venezuela esperando que él tuviera la buena voluntad de venir a mi país y darnos alguna fecha. Pero me dijo: ‘Si ustedes necesitan mi aporte yo se los voy a dar inmediatamente’.
“En menos de dos semanas estaba el maestro Chávez en Caracas. Estuvo un mes trabajando con la orquesta sin parar todo el día, en un salón de ensayos muy incómodo, porque apenas estábamos empezando. Dirigió un concierto con la orquesta en el Teatro Municipal de Caracas, que fue una apoteosis impresionante, un éxito enorme.
“Al año siguiente fuimos invitados al Festival Mundial de Orquestas Juveniles en Escocia, y cuando se nos preguntó quién dirigiría el concierto, nosotros dijimos que invitaríamos al maestro Chávez, y así fue. Nuestra primera gira internacional fue conducida por Carlos Chávez.
“Se estableció entre él y la orquesta una relación de profundo amor, de veneración. La muerte de Chávez fue para nosotros un duelo que no ha concluido. Dejó una lección magistral de aptitud artística, de latinoamericanidad, de maestría sin límites y, por supuesto, de altísimo humanismo.
“De manera que el nombre de Carlos Chávez es para nosotros una gloria, un patrimonio moral y artístico eterno. Para la orquesta y para Venezuela.”
Nuevo mensaje de AL al mundo
–¿Y Eduardo Mata?
–Eduardo Mata, quien era alumno de Chávez desde que vino a Caracas, empezó a trabajar con la orquesta y estableció una relación tan importante con la Simón Bolívar que a los pocos meses decidió grabar con Dorian Records varios discos con la sinfónica, seleccionando el mejor repertorio latinoamericano. De manera que él se convirtió, a los cinco años de fundada, en el gran director de la orquesta en el mundo. Tuvimos un éxito enorme en la venta de los discos de Mata, inclusive uno de ellos obtuvo un premio en Alemania.
“Entonces menciono a Chávez y a Mata, porque son dos figuras que para nosotros encarnan la presencia más vigente y más entrañable de México en nuestro corazón.”
En América Latina lo que más falta es formar maestros. “No pueden ser simples instructores. Tienen que ser apóstoles, hombres y mujeres consagrados de corazón a la tarea”. El sistema fundado por Abreu se está aplicando en Venezuela en la educación básica, con el objetivo de que cada escuela genere un coro y una orquesta.
“Es una gran meta para una educación integral avanzada, revolucionaria en América Latina, que pueda ser utilizada luego como medio de integración continental”, afirma.
“Este proyecto nos enorgullece, porque además del aporte que hace musicalmente en América Latina, trae un nuevo mensaje al mundo. Que el arte puede y debe ser, además de valioso por su dimensión estética, una herramienta insuperable, incomparable de desarrollo humano, y en esto yo creo que América Latina va a ser pionera. Ya algunos humanistas de finales del siglo XX habían previsto que una de las profundas transformaciones del mundo en el siglo XXI la iba a dar la masificación, la democratización de la educación artística”, concluye.
Philharmonic’s Incoming Dudamel Gives L.A. a Much-Anticipated Preview
Oct 30
Publicado originalmente en Southern California Public Radio November 07, 2007
Escuchar programa original
By Adolfo Guzman-Lopez
The L.A. Philharmonic’s conductor in-waiting, Gustavo Dudamel, was in Los Angeles last week for a series of concerts. It was his first concert performance here since the Phil announced earlier this year that Esa-Pekka Salonen will pass the baton to him in about a year and a half. Dudamel’s conducted in L.A. before, but lots more anticipation accompanied this visit. KPCC’s Adolfo Guzman-Lopez reports that orchestral music lovers were eager to hear for themselves whether the 26-year-old Venezuelan wonder would deliver.
Adolfo Guzman-Lopez: His English is shaky, so Gustavo Dudamel offered a bilingual answer to the question: “What are you learning about L.A.?”
Gustavo Dudamel: I was really clear on what is Los Angeles, and now, what, eh, lo que yo estoy viendo cada vez mas…
Guzman-Lopez: What he’s discovering more and more, Dudamel said, is that people in L.A. have an openness and willingness that he doesn’t find in other cities.
He was talking about their willingness to grow orchestral music outside the concert hall. One example: the L.A. Philharmonic’s fledgling effort to launch a local youth orchestra system similar to the one in Venezuela that gave Dudamel his big breaks.
That program, he said, and the prospect of leading the Phil’s musicians, excites him about coming to Los Angeles. His return to Disney Hall combined his passion for conducting and his interest in fostering young performers.
[Sound of Simon Bolivar Youth Orchestra tuning instruments]
Guzman-Lopez: Dudamel had conducted Venezuela’s Simon Bolivar Youth Orchestra for seven years, and they reunited for a concert in downtown L.A. The first selection of the evening was Leonard Bernstein’s Symphonic Dances from “West Side Story.”
[Music: Symphonic Dances from "West Side Story"]
Guzman-Lopez: Dudamel’s conducted this piece a lot. A high-energy version recorded in London – in which the musicians sway to the beat and twirl their instruments – has drawn a lot of attention on YouTube. In live performance, it’s a crowd pleaser.
[Music: "Mambo" from Symphonic Dances from "West Side Story"]
Guzman-Lopez: As he directs, Dudamel’s hands, fingers, arms, hips, and long, curly locks sway, lunge, and swing.
[Music: "Mambo" from Symphonic Dances from "West Side Story"]
Guzman-Lopez: The second selection on this night is Gustav Mahler’s Fifth Symphony. It’s the piece that won him the L.A. Philharmonic job. The composition’s wide range of emotions seems perfectly suited for Dudamel’s conducting style.
[Music: Mahler's Symphony Number 5]
Guzman-Lopez: Dudamel’s lips pucker. His eyes open wide. He smiles. At several points he audibly inhales through his nose and mouth. He holds onto a music stand to keep from falling off the podium.
[Music: Conclusion of Mahler's Symphony Number 5; audience applause]
Guzman-Lopez: Dudamel and the Simon Bolivar Youth Orchestra earned a standing ovation that lasted almost 10 minutes.
Afterward, in the Disney Hall lobby, audience member and professional violinist Anne Riordan said she’s sold on Dudamel.
Anne Riordan: I’m so excited, I can’t stand it. (laughs) Just watching Dudamel work these kids into such a fervor, and watching the level of musicianship that he fed them, he was so with them the entire time.
Guzman-Lopez: The YouTube crowd also felt he was with them. That’s where 20-year-old Daniel Gomez first saw the conductor. For this concert, Gomez flew in from Chicago. When it was over he stood in a long autograph line with a Dudamel CD in his hand.
Daniel Gomez: I got the – I don’t know how to pronounce it, I’m very bad with pronunciations – what is it? Mahler I think; Symphony Number 5, I think. So, I’m going to get my signature and go home happy.
Guzman-Lopez: Topanga Canyon residents John and Mary Sipple attend the symphony often. Mary Sipple said she noticed a younger crowd on this night.
Mary Sipple: I think he’s going to be very good, especially for the Hispanic population and the young people. Not that Esa-Pekka was crusty and old by any means, but I think Dudamel is going to be exciting for this city.
Guzman-Lopez: And exciting for the late night crowd. When in L.A., Dudamel’s been known to sneak an after-concert hot dog from the venerable Pink’s on Melrose Avenue and La Brea Boulevard. Already, Pink’s owners have named a hot dog after him. The Dudamel Dog overflows with Swiss and American cheeses, guacamole, and tortilla chips.
La música cambia vidas; yo soy un ejemplo: Gustavo Dudamel
Oct 29
Publicado originalmente en La Jornada el 29 de octubre de 2007
Un milagro cultural
Me gusta ser una celebridad porque mi imagen ayuda a los jóvenes a superarse, señala
En entrevista con La Jornada el joven estrella de la dirección asegura que el proyecto venezolano de crear orquestas apartó de las drogas a miles de jóvenes y les dio una nueva vida
A sus 26 años de edad, Gustavo Dudamel es una de las máximas figuras de la dirección orquestal en el planeta. Su nombre figura junto a los de Claudio Abbado, Simon Rattle, Daniel Barenboim y Essa-Pekka Salonen, con quienes comparte la batuta de las filarmónicas de Berlín, Viena, Los Ángeles, Nueva York, entre otras orquestas-topes, porque no hay mejores en el orbe.
Cuando niño, Gustavo Dudamel dirigía discos en su casa, como lo hacen muchos niños. Como no hay casualidades, esos discos de acetato fueron grabados por Claudio Abbado y Daniel Barenboim y precisamente con Abbado preparó Dudamel la grabación de la Quinta Sinfonía de Mahler, que recientemente terminó por consagrarlo en el Olimpo de los grandes directores de orquesta, en el segundo de sus discos grabados en Alemania. A Daniel Barenboim lo acaba de dirigir (¡!) Dudamel al frente de la Filarmónica de Viena en el dificilísimo Primer Concierto para piano de Bartok: Daniel como solista, Gustavo a la batuta. Con Rattle, quien es el director de la mejor orquesta del mundo, la Filarmónica de Berlín, Dudamel compartirá la batuta de la Orquesta Simón Bolívar en breve, cuando culminen la gira que actualmente los tiene en Monterrey. En tanto, Essa-Pekka Salonen, quien cuando asumió la titularidad de la Filarmónica de Los Ángeles era el director de orquesta más joven en el mundo con tanto talento, pasará la estafeta en breve al nuevo rey de esa categoría, Gustavo Dudamel, en los mismísimos cuernos de la Luna.
Dudamel es producto y parte de un milagro cultural: el sistema de orquestas infantiles y juveniles que inició hace 33 años el maestro José Antonio Abreu en Venezuela, país que ha sembrado este moderno Quijote de orquestas sinfónicas, un sueño al que nadie, salvo Abreu y los niños y los jóvenes y sus padres, daba el mínimo tiempo de vida.
El milagro ha durado 33 años y Abreu sigue bregando. Una de las flores de ese inmenso jardín ha recibido un rayo de iluminación divina: Gustavo Dudamel, tocado por la gracia, pero como el joven Gustavo hay decenas, cientos, miles de niñas, niños, jovencitas y jóvenes que aman la música y han encontrado en ella el arte supremo de vivir.
Ese milagro cultural se ha intentado trasplantar a México, sin éxito. País de corrupción: no hace falta decir más. Pero el ejemplo ahí está: un joven latinoamericano, Gustavo Dudamel, ha ingresado al Olimpo de los directores de orquesta que se pueden contar con los dedos de una mano en el mundo, gracias a un sistema de educación musical en un país parecido al nuestro. El legado del maestro Eduardo Mata (1942-1995) también está presente en este ejemplo, pues creyó en esa bendita locura de José Antonio Abreu, participó de ella, grabó discos históricos con esta orquesta y parece repetirse, mejor dicho continuarse, en la persona de Dudamel, un muchacho sencillo que es una eminencia, pero sigue siendo una buena persona, al igual que lo fue el maestro Mata.
Este fin de semana hizo su debut en nuestro país con su titular, el ya legendario Gustavo Dudamel, en uno de los puntos más intensos y luminosos del Forum de Monterrey.
Conseguir una entrevista con Gustavo Dudamel ya no resulta sencillo a pesar de la sencillez de este muchacho genial. Es una celebridad mundial, como lo es Simon Rattle, y eso es absolutamente lógico y comprensible. Gracias a los organizadores del Forum de Monterrey y en especial a la productora Elisa Wagner, quien puso a disposición de Gustavo Dudamel una reseña que publicó La Jornada de los dos discos que ha grabado este muchacho al frente de su orquesta de muchachos bajo el sello Deutsche Grammophon, fue que se produjo el milagro y he aquí una primicia mundial: el maestro Gustavo Dudamel, en entrevista:
–¿Qué diferencia encuentra entre dirigir una semana a los niños venezolanos, a la siguiente a los jóvenes maestros de la Orquesta Simón Bolívar y dos días después dirigir a los experimentados maestros de la Filarmónica de Berlín?
–Mira, mi manera de trabajar siempre es la misma, porque cuando hay un trato enfocado en la excelencia tienes que sentirte un artista para poder lograr el fin, que es hacer buena música. Evidentemente Berlín Philarmoniker es una institución y es una orquesta inmensa, tanto técnicamente como interpretativamente, de ensueño, pero mi forma de trabajar es siempre la misma. Hacer música me pide el mismo nivel trabajando con niños, con jóvenes o con maestros consumados. Por supuesto que ya a la Filarmónica de Berlín no le tienes que decir muchas cosas, porque ya ellos lo interpretan.
–Pero no suena sola.
–Exacto, pero no suena sola. Siempre la pasión y el amor por hacer la música es la misma, que es lo más importante.
Cambios personales
–¿Cómo ha cambiado su vida cotidiana al ingresar al Olimpo de los grandes directores del planeta entero?
–Cierto, hay un cambio en mi vida, hay más responsabilidades porque el hecho de dirigir más y dirigir importantes orquestas te hace comprometerte mucho más y estudiar cada vez más, pero en la naturaleza de Gustavo Dudamel yo sigo siendo el mismo, te lo juro que me sigo sintiendo el mismo muchacho, inclusive cuando viajo con la orquesta tú me ves metido con los muchachos bromeando, me gusta estar cercano porque mientras más cercano estés más mágico va a ser el momento de hacer música. En estos días fui a mi ciudad natal, a Barquisimeto, donde tenía tiempo sin ir y la gente me recibió con una alegría muy grande y eso para mí fue un gran regalo, un regalo de vida. Mi compromiso es más grande, porque tú te conviertes en una imagen, pero esa imagen tiene que estar bien conducida, bien guiada, mientras sea para el bien, para dar a esos muchachos una esperanza, a esos jóvenes músicos que en uno miran un punto de referencia: yo quiero ser y eso es muy importante, y mientras yo sea imagen en este punto, con ese fin siempre lo quiero ser. Si sirvo como un referente de superación para ellos, como un ejemplo, me gusta, lo asumo como mi misión, me siento útil.
–Ésta no es una pregunta técnica sino personal, a mansalva: ¿qué es la música, maestro Dudamel?
–La música es mi vida. Mira, cuando la gente me pregunta, ¿qué tú sientes y qué ves cuando estás dirigiendo?, hay veces que no recuerdo qué sentí, qué vi mientras hacía música. Porque la música es energía. La música tú no la ves. Tú ves a los ejecutantes y ves al director brincando y moviendo las manos, a los violinistas pasando el arco, ejecutando un trémolo rápidamente con un vibrato en la mano izquierda y ves a los trombonistas soplando aire, pero la música tú no la estás viendo, simplemente la estás sintiendo. Es una vibración y es una energía y eso es lo mágico de la música a diferencia de las otras artes. Una pintura la tienes ahí puesta y no la puedes cambiar, ya está así. En cambio la Quinta de Beethoven, cuántas veces la puedes cambiar. Un mismo director y una misma orquesta cuántas veces la pueden cambiar. Infinito. La música es un arte infinito, sensitivo, energético, el cual inspira. Y yo creo que la música realmente rescata lo social, porque inculca sensibilidad, el respeto al otro. Transformas al público, pero te transformas tú mismo al unísono y cuando compartes son tantas cosas, una enseñanza de comunidad. La música es un sinfín, podemos estar aquí hablando horas y horas y podemos ir deduciendo millones de conceptos a partir de la música. Estoy de acuerdo contigo: la música es una forma de conocimiento. La música cura. Absolutamente.
–¿Cómo ha salvado vidas la música en su país?
–Yo he visto jóvenes al borde de la muerte y no por una enfermedad, sino por el mayor padecimiento que es el ocio, flagelo de nuestros tiempos porque el joven está expuesto a las drogas, a la delincuencia, a la mala vida y qué pasa con la música: cuando el joven ingresa a la orquesta entra a una familia y forma parte de su familia genética, una familia con sensibilidad, se puede decir culta, porque al hacer música estás haciendo cultura. Se convierten en otras personas. Yo me siento parte de un cambio, porque yo vengo de una familia de medianos recursos, baja, no de medianos recursos alta y vivíamos en una zona donde había mucha gente pobre y donde muchos jóvenes y muchos amigos terminaron en las drogas, muchos terminaron muertos. Yo descubrí nuevos caminos con la música. Y no es una historia del niño pobre, no, es una realidad. Mi familia me dio todo, me dio unos valores importantísimos que complementados con mi formación musical y elemental hicieron de mí una persona firme. Hubo una convicción, yo tenía un sueño: yo quiero dirigir orquestas. Quiero llegar a dirigir las orquestas más grandes del mundo, hacer música siempre al más alto nivel, tener una orquesta para poder desarrollarme y mira: todo fue viniendo así. Trabajando mucho. Yo soy un ejemplo de un cambio. No soy un muchacho que viene con una historia del niño pobre, no, yo no vengo con ninguna historia.
–No es Hollywood, no es la historia ilusoria y mendaz del sueño americano.
–Exacto, yo vengo con una realidad palpable, la de nuestra sociedad. Y yo me siento muy orgulloso de mi familia que me dio todo. Mi abuelo fue el que levantó la familia, mis papás estaban muy jóvenes, trabajaban, pero mi abuelo trabajó muy duro para poder darme a mí una vocación firme y a mis tíos y eso es algo que no tiene precio.
–El programa del que es usted fruto y parte se ha intentado en México y no ha prendido; ¿qué se necesita para que este milagro cultural ocurra?
–Mira, primero que todo necesitas creer, eso es lo importante. Evidentemente José Antonio Abreu ha sido la pieza fundamental de todo esto. Sin él no hubiese sucedido nada en Venezuela, todo hubiese sido comenzar y terminar, comenzar y terminar, como la mayoría de los proyectos que se intentan. El maestro Abreu fue tildado de loco y no lo apoyaban. Nadie creía, ¡cómo!, ¿rescatar a los muchachos venezolanos a través de la música? Es una locura, eso no puede ser. Pero él estuvo convencido de su locura, de que eso era posible, y luchó y luchó y luchó hasta que ahora, 33 años después, sigue luchando, no deja de trabajar ni una hora por lograr que esto crezca, o sea que es muy importante esa pieza fundamental para el proyecto y de ahí todo viene solo, porque el amor de los jóvenes hacia la música ahí está. México es un país de referencia musical y cultural, solamente tú necesitas luchar por lo que tú crees y el apoyo, porque se necesita apoyo.
–Ahora, maestro Dudamel, su familia ha crecido más, ¿se le añaden los apellidos Rattle, Barenboim, Pekka-Salonen, Abbado?
–Son parte de mi familia. Todos ellos son como unos padres porque lo que más he aprendido de ellos no ha sido tanto lo musical, sino la humildad ante la partitura. Siempre hay un respeto trascendental cuando ellos se enfrentan a la partitura y siempre hay una visión distinta y una búsqueda distinta. Eso para mí ha sido un tesoro que lo guardaré por siempre, pero no para mí, sino para las nuevas generaciones.
–Eduardo Mata, quien falleció cuando usted era un niño todavía, fue pieza muy importante en la Orquesta Simón Bolívar y en el milagro musical del cual usted es fruto y parte. Quiero preguntarle: ¿quién es para usted Eduardo Mata?
–Es una imagen. Un referente. Un ejemplo. Alguien que uno puede voltear y decir: yo quiero ser como él. Para mí Mata es el hombre que le dio a la música latinoamericana su lugar en el mundo. Él reivindicó todas nuestras artes con todas las grandes orquestas del mundo y fue respetado y fue amado por todas las grandes orquestas y eso es algo que nosotros, y que yo –a pesar de que no lo conocí, porque estaba muy muchachito y no viví en Caracas y él siempre dirigió en Caracas–, apreciamos y valoramos como un tesoro. La fuerza interpretativa de Mata, su trabajo minucioso. Eduardo Mata es un gran maestro y un gran humanista. Un visionario.
Concierto en Los Ángeles
Oct 26
Gustavo Dudamel y John Williams dirigen a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar
Sala:
Walt Disney Concert Hall. Los Ángeles, Estados Unidos.
Programa:
Ludwig van Beethoven: 5ta Sinfonía
José Pablo Moncayo: Huapango
Arturo Márquez: Danzón Nº 2
Alberto Ginastera: Malambo para la suite Estancia
John Williams: Tema de Star Wars Dirigida por el propio Williams
Fecha: 02/11/2007
Concierto en Los Ángeles
Oct 26
Gustavo Dudamel dirige la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar
Sala:
Walt Disney Concert Hall. Los Ángeles, Estados Unidos.
Programa:
Bernstein: West Side Story – Symphonic Dances
Mahler: Sinfonía Nº 5
Fecha: 01/11/2007
Forum Universal de las Culturas, Monterrey 2007
Oct 25
Gustavo Dudamel dirige la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar
Sala: Auditorio Luis Elizondo. Monterrey, México.
Programa:
Puccini: Fragmentos de Turandot
Verdi: Fragmentos de Rigoletto
Fecha: 28/10/2007
Forum Universal de las Culturas, Monterrey 2007
Oct 24
Gustavo Dudamel dirige la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar
Sala:
Auditorio Luis Elizondo. Monterrey, México.
Programa:
Hector Berlioz: Carnaval Romano
Ludwig van Beethoven: Sinfonía Nº 5
Fecha: 27/10/2007
