Archive for Mayo, 2008

Homenaje a la orquesta salvadora de niños

El Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela que creó José Antonio Abreu, galardonado en la categoría de Artes

DARIO PRIETO / SALUD HDEZ. MORA

Publicado originalmente en el diario español El Mundo

MADRID / BOGOTA.- La orquesta como símbolo de orden y concierto… social. Eso es lo que ha reconocido el jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Artes al conceder el galardón de este año al Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), creado por el economista y compositor venezolano José Antonio Abreu.

Conocido como El Sistema, el proyecto de Abreu ha ido creciendo durante tres décadas hasta convertirse en un enorme entramado por el que han pasado cerca de 600.000 niños y jóvenes, la mayoría de los cuales fueron rescatados de entornos pobres o problemáticos. Su éxito no sólo se mide en términos de cantidad: Gustavo Dudamel, jovencísimo (27 años) director de orquesta aclamado en todo el mundo (en abril de 2007 fue contratado como director musical de la Filarmónica de Los Angeles) es uno de los 600.000 hijos del Sistema.

Desde Venezuela, Abreu celebraba ayer la noticia con serenidad. En declaraciones a EL MUNDO, el creador de las Orquestas dijo que el premio reafirma «el compromiso profundo de seguir con el servicio de la infancia de Venezuela y de Iberoamérica».

Serenidad entreverada de convicciones sobre el poder salvador de la música. Y no importa si suena a idealismo. «Cuando creé este proyecto, estaba seguro de que iba a llegar a este punto. Me movía una vocación muy fuerte, el deseo de que todos los niños pudiesen acceder a la educación que, gracias a Dios, tuve yo».

Mencionando a Heidegger, entre otros pensadores, Abreu defiende la educación artística «como algo prioritario y no periférico», especialmente «en los países con elevados índices de pobreza». Para el creador de este proyecto, «la práctica orquestal multiplica las posibilidades de inclusión social; al recibir un insrumento y una educación musical de manos del maestro, el niño pasa a tener la gloriosa condición de artista. De este modo, la pobreza material se transforma en una riqueza espiritual y en una vida mejor».

También destacó la importancia de figuras como Dudamel, su alumno más aventajado, que sigue ligado al Sistema como director de su joya, la Orquesta Simón Bolívar. Pese a sus compromisos internacionales, Dudamel ha manifestado su deseo de permanecer en su país. «Lo importante es crear un modelo para la juventud y ver que es factible llegar lejos. Desde que conocí a Gustavo, de niño, supe que su destino era de amplios horizontes».

El músico Paquito D’Rivera, impresionado por la genialidad de Dudamel, les escribía a ambos hace dos años tras un concierto del joven director en Nueva York. «Además de talentoso, Dudamel es muy joven, generoso y carismático. Su juventud aún permite cometer errores políticos que por ella son todavía excusables. No así es el caso de usted, maestro Abreu… con su incomprensible parcialidad hacia un político tan torpe y grosero como Chávez, tanto ha herido y decepcionado a quienes admiramos su noble labor de educador».

Aunque la labor de José Antonio Abreu es reconocida y admirada en todo el mundo, algunos critican su cercanía a Hugo Chávez en un momento de clara división ideológica en Sudamérica. «Dejemos de lado la política y consideremos que el gran aporte de Abreu es que consiguió comprometer al Estado venezolano, por encima de las ideologías, con la cultura. No podemos seguir descalificando lo bueno por razones políticas», señala el crítico musical colombiano, Fernando Toledo. «Su aporte es enorme; consiguió que la cultura musical en Venezuela no sea algo lateral sino central. Hay 37 orquestas sinfónicas, una proeza en estos países».

A juzgar por la colaboración que le prestaron todos los gobiernos, fueran del signo que fueran, durante la larga trayectoria de sus orquestas para los más jóvenes, es evidente que su único interés fue seguir alimentando su sueño de robarle hijos al hambre y la miseria. Durante años hizo antesala a los diputados cada vez que discutían los Presupuestos, de izquierdas o de derechas, con infinita paciencia. También en sus primeros años ignoró el desprecio de la clase intelectual que no le aceptó fácilmente.

Para Abreu, las connotaciones políticas son futesas al lado de la vocación espiritual. «La orquesta», explicó el maestro, «es como una pequeña Venezuela. Pero, como artista, mi sueño es que no sólo Venezuela, sino cualquier país del mundo, fuese como una orquesta gigantesca, en la que todos estuviésemos trabajando en concierto y armonía».

El triunfo de la música como arma social

El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela ve recompensada su lucha

Publicado originalmente en el diario El País

JESÚS RUIZ MANTILLA – Madrid – 22/05/2008

Nadie podía pensar hace 40 años en Europa que el viento y la fuerza capaz de cambiar la música clásica vendría de Venezuela. Pero un hombre visionario, un idealista peleón llamado José Antonio Abreu estaba dispuesto a utilizar sus violas y violines, sus trombones y tambores en pos de la utopía. Aquel sueño que él junto a otros 11 pioneros fue forjando se ha convertido en el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Una realidad reconocida ahora con el Príncipe de Asturias de las Artes, fallado ayer en Oviedo.

No es sólo una orquesta. Tampoco es simplemente una escuela. Se trata de todo un complejo y efectivo sistema educativo que ha arrancado a muchos jóvenes y niños del arroyo en su país. Uno de sus más firmes defensores, Claudio Abbado, lo ha dicho alguna vez: “¡La cantidad de personas que ha salvado Abreu!”. También lo repiten otros como Simon Rattle, actual director de la Filarmónica de Berlín, Plácido Domingo o Daniel Barenboim, que han colaborado varias veces con Abreu acudiendo a dar clases y conciertos a los más de 600.000 niños que allí se han formado desde sus comienzos en 1975.

Y también Zubin Mehta, que ayer, desde Valencia, donde ensayaba Siegfried, la tercera entrega de El anillo del Nibelungo, celebraba el premio en conversación con EL PAÍS: “Ha trabajado toda su vida ejemplarmente y se lo merece. Yo dirigí con ellos en los años ochenta, mi padre también le ayudó. Ha buscado talento por todas las esquinas de su país y lo ha encontrado. Todos los Gobiernos le han apoyado, ojalá en Europa pudiéramos decir lo mismo de los nuestros, aquí todo lo que tiene que ver con la música va cada vez peor”, clamaba el director indio.

Es cierto que Abreu, que llegó a ser ministro de Cultura con Carlos Andrés Pérez, ha logrado siempre un consenso político continuado para su proyecto. Lo que han conseguido Abreu y sus fieles se encuentra por encima del bien y del mal, ajeno a las luchas de poder. Siempre han sido muy cuidadosos para no colgarse etiquetas. No se dejan llevar al huerto por nadie, pese a que en la Venezuela de Chávez mantener la independencia es algo . Todo el mundo les respeta como un símbolo nacional.

Hoy trabajan en completa libertad. Han ido sumando voluntades y tejiendo una red de 120 núcleos (escuelas) donde actualmente se forman 270.000 niños y jóvenes de todo el país.

Allí, generalmente en barrios oprimidos, en el campo y por la selva amazónica, aprenden un instrumento y, casi inmediatamente, pasan a formar parte de una de las 180 orquestas fundadas con sus métodos. La inmensa mayoría, el 85%, provienen de familias muy pobres y desetructuradas. Se agarran a la música como a una tabla de salvación. Entran de inmediato en las aulas. Son admitidos sencillamente por solicitarlo. No tienen que pasar ninguna prueba. Entonces, su vida adquiere un nuevo sentido. Tienen de qué presumir. Algunos pasan muchas horas al día ensayando: les resulta mucho más apetecible estar en los núcleos que salir a buscarse la vida en el infierno de la calle.

Enseguida pasan a formar parte de una de las orquestas. Las integradas por niños con menor edad desafinan. No importa. Al lado tienen otras que suenan mejor; saben que poco a poco irán perfilando su sonido. No hay miedo al ridículo, como ocurriría en otros sistemas más tradicionales. “No tienen sentido de culpa”, comentaba Simon Rattle.

Los mejores se dedican a la música. De ahí ha salido Gustavo Dudamel, el director que con 28 años ha asombrado ya a las mejores orquestas del mundo (a partir de 2009 será titular de la Filarmónica de Los Ángeles) y que es una auténtica estrella.

Está deseando regresar a España para celebrarlo con más música. La pasada semana dirigió en Madrid a la Orquesta Nacional de España y quedó encantado con el rabo de toro que le cocinaron los músicos. “En octubre, en Oviedo, haremos un gran concierto”, comentaba por teléfono desde Roma, donde actúa esta semana.

El caso de Dudamel es especial. Muchos otros acaban dando clases en las escuelas, muy implicados en una iniciativa que les hace comprometerse radicalmente, incluso para toda la vida.Son conscientes de pertenecer a una especie de casta a la que mira todo el planeta. Lo logrado por Abreu y los miembros del sistema es tan grande que expertos en educación musical de Italia, Alemania, España, Japón, Reino Unido, Estados Unidos, acuden regularmente a copiar sus métodos de trabajo, conscientes de que los tradicionales están caducos. Y en América Latina, no digamos. El tenor Juan Diego Flórez aseguraba ayer a EL PAÍS que está impulsando un sistema igual en Perú: “Es un proyecto fantástico, muy útil para países como los nuestros, donde los niños y los jóvenes corren más peligro que otros de caer en malos hábitos”. Flórez, que está en Madrid para interpretar en versión concierto Orfeo e Euridice, de Gluck, en el Teatro Real, asegura que ha hablado mucho con Abreu y con Dudamel para asesorarse. “Ya hemos empezado. Falta el apoyo del Estado, pero incluso se va a impulsar una ley para acometer todo el proyecto en serio”.

La dimensión de esta obra llevó ayer al jurado a premiarlo con el Príncipe de Asturias de las Artes, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró. “Su confianza audaz en el valor educativo de la música para la dignidad del ser humano y su máxima calidad artística”, convencieron a 19 de los 24 presentes que votaron a favor. El resto de los apoyos fueron a parar al músico Pierre Boulez y al arquitecto japonés Tadeo Ando.

En el acta se reflejaba, además, que el proyecto combina “la máxima calidad artística con una profunda convicción ética aplicada a la mejora de la realidad social”, informa Javier Cuartas.

Los rostros felices de la orquesta

Han crecido con Gustavo Dudamel, lo han acompañado en deslumbrantes giras por el planeta y, desde su juventud, han deslumbrado al mundo en conciertos en España, Inglaterra o Alemania. Los jóvenes de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar han saboreado la gloria en equipo, bajo la batuta del estelar director, pero pocas veces las luces se centran en sus rostros particulares. Aquí, varios de ellos se ponen de pie y cuentan parte de su historia personal, que refleja los logros compartidos.

Los rostros felices de la orquesta - Foto: Luis Cobelo

Los rostros felices de la orquesta - Foto: Luis Cobelo

 

Conozca a los “muchachos” de Dudamel, esos que lo han acompañado por el mundo deslumbrando a todos con su música.

Publicado originalmente en la revista  “Todo en Domingo” del diario El Nacional el 04/05/2008

Texto: LOPE GUTIÉRREZ-RUIZ  Fotos: LUIS COBELO

Lo más parecido que puede existir al ensayo de una orquesta es un salón de clases. Un salón donde conviven los exámenes y los recesos, la escucha atenta a los detalles y la guerra de taquitos apenas lo permite una pausa. O por lo menos así son los ensayos que dirige Gustavo Dudamel, quizás el director de orquesta más nombrado estos días en el mundo, venezolano y omnipresente en los medios. Los ensayos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, que Dudamel dirige combinan la seriedad de docenas de músicos de altísimo nivel, con más de una década de experiencias compartidas: hablamos –por si no queda claro– de más de 10 años conociéndose y logrando metas juntos, de personas que empezaron su camino dentro del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles en la adolescencia o en la infancia, y que juntos han logrado metas impresionantes, incluyendo la increíble trayectoria de Dudamel.

Vanessa Matamoros - Foto: Luis Cobela

Vanessa Matamoros - Foto: Luis Cobelo

“Pues yo creo que todos tenemos historias distintas”, comenta Vanessa Matamoros mientras descansa de un ensayo de seis horas. Ella es la única mujer contrabajista de esta orquesta sinfónica juvenil, y es apenas un poco más grande que el instrumento que toca. “La primera vez que tuve algo que ver con el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles fue a los 12 años de edad, cuando vi un programa de televisión y le pedí a mi madre que me acercara al núcleo más cercano que teníamos de casa. No tenía ni idea de que había gente que estaba estudiando música desde los cuatro años de edad”. Para muchos estándares, Matamoros ya estaba mayor para empezar su interés por el mundo de la música, pero esto sólo demuestra lo distinto de todos los perfiles de los músicos de esta orquesta y la capacidad de logro cuando persiste el esfuerzo. “Soy de San José del Ávila, empecé en la sede del sistema de Parque Central y hoy día soy miembro de la Orquesta Sinfónica, tengo 22 años”, agrega. No hace falta que diga mucho más, basta con ver algunas de sus presentaciones con la orquesta para entender el alcance del esfuerzo: Argentina, Brasil, Alemania, Francia, Suiza y otro montón de países más han sido testigos del éxito de un sistema educativo único en el mundo, rico en sus diferencias.

Katherine Rivas - Foto: Luis Cobelo

Katherine Rivas - Foto: Luis Cobelo

“La primera vez que tuve un instrumento en mis manos fue a los cuatro años”, comenta en contraste Katherine Rivas, aprovechando también el descanso de la orquesta. “Mi madre nos tomó a mí y a mis hermanos y formó una pequeña orquesta de flauta en Puerto La Cruz. Desde allí empecé a tocar hasta llegar, a los 12 años, a la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela. Nunca se me olvidará el momento en que entré a la sala de ensayos de esa orquesta por primera vez. Era apenas una niña rodeada por 200 niños iguales a mí, todos con sus instrumentos y nerviosos. Fue un momento maravilloso, que me cambió la vida”, finaliza Kathy. De esa primera orquesta sobreviven numerosas amistades y compañeros de la orquesta actual, los más notables quizás sean el mismo Dudamel y el contrabajista Edicson Ruiz.

Leswi Pantoja - Foto: Luis Cobelo

Leswi Pantoja - Foto: Luis Cobelo

Si en los logros –y el esfuerzo– de Vanessa y Katherine se refleja el carácter ordenado y perseverante de los miembros de la orquesta, en la risa y tranquilidad de Leswi Pantoja, se expresa el otro aspecto que los mantiene unidos y trabajando constantemente en metas más ambiciosas: su camaradería.

Leswi es uno de los miembros con mayor antigüedad dentro del sistema y dentro de la orquesta actual. Es de Guatire, bonachón y para sorpresa de muchos, un verdadero multitasker: “Cuando nos lo permiten los ensayos, me junto con unos cuantos de los integrantes de la orquesta en un grupo de salsa que tenemos: Salsa Sinfónica. Es bien bueno”, comenta riéndose y nadie lo duda. Allí Leswi no toca la tuba, instrumento enorme y difícil de interpretar fuera de los ámbitos académicos, sino el bajo, mucho más salsero. “En la orquesta puedes encontrar gente completamente distinta y eso es quizás lo mejor que tiene: gente como yo, a quien le gusta la salsa, gente que sólo escucha música clásica, que viene de un origen humilde, que viene de una familia acomodada, todos estamos aquí juntos y lo que nos une es el compromiso, las ganas de echar pa’lante”, suelta entre risas. Termina el comentario y parte trotando con su tuba, listo para volver a su puesto tras el atril. De un bolsillo en el pantalón de Gustavo Dudamel guinda un par de audífonos de iPod. Y es obvio que en esta orquesta todos son fanáticos empedernidos de la música, sin importar el género.

Jhoana Sierralta - Foto: Luis Cobelo

Jhoana Sierralta - Foto: Luis Cobelo

Pero Lewsi no es el único de los miembros de la orquesta con más de una ocupación en su calendario, y mucho menos el único con una segunda ocupación relacionada con la música: “Junto con los ensayos de la orquesta, estoy estudiando en el Instituto Universitario de Estudios Musicales y también Comunicación Social en la Universidad Santa María. Estudio Comunicación porque me gustaría trabajar en las relaciones públicas del Sistema Nacional de Orquesta Juveniles. Toda mi vida ha estado vinculada con la música gracias al sistema y me gustaría ayudar de vuelta. Sé que puedo hacer mucho más que sólo tocar”, dice Jhoana Sierralta, violinista. Ella ha sido partícipe de varios de los momentos más importantes de la orquesta en los últimos años y guarda consigo un recuerdo entrañable: la primera vez que Dudamel dirigió una orquesta. “Estábamos descansando de un ensayo, cuando el maestro José Antonio Abreu, quien nos estaba dirigiendo en ese momento, levantó la voz y pidió que alguien afinara la sección de maderas de la orquesta. Como ninguno de nosotros se ofreció por pena, él llamó a Gustavo y le dijo que lo hiciera. Recuerdo que tenía la camisa por fuera y le faltaba un zapato, pero se paró y lo hizo y, bueno, lo demás es historia”. Fruto del trabajo en conjunto, tanto Dudamel como Edicson Ruiz y otros músicos de esta generación han afirmado que buena parte del éxito de su trabajo se debe al equipo con el que crecieron, a la gente con la que trabajaron en Venezuela, que sigue trabajando aquí. Y que puede ser vista, y escuchada, todas las semanas.

El Concertino, Alejandro Carreño - Foto: Luis Cobelo

El Concertino, Alejandro Carreño - Foto: Luis Cobelo

“Tocamos todas las semanas ante el público. Ensayamos muchísimo y creo que allí reside el éxito de nuestro esfuerzo: en el sistema de enseñanza musical que existe en Venezuela y, además, en el tiempo enorme que destinamos a los ensayos”, agrega Alejandro Carreño, uno de los personajes más particulares de la orquesta, pues es el concertino, nombre con el que también se le conoce al primer violín de una orquesta. Si alguien conoce de cerca el potencial del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles de Venezuela es él, pues durante años compartió el atril junto con Dudamel, quien también era primer violinista; aparte de descender de una familia de músicos con vocación hacia la enseñanza, particularmente dentro del Sistema de Orquestas Nacionales. “Venezuela tiene cerca de 300.000 estudiantes que todos los días tienen acceso a un instrumento musical y que pueden lograr un futuro tan o más grande que el de Dudamel, gracias a las ganas y al esfuerzo”, añade. Él es quien hoy día se sienta más cerca de Dudamel en la orquesta, quien ha sido testigo de cómo el joven director, sin poder estar en Venezuela buena parte del tiempo, mantiene una orquesta de clase mundial y participa, de una forma u otra, en la toma de decisiones, los ensayos y las giras de los muchachos, como Dudamel los llama cariñosamente en los ensayos. Alejandro, como muchos otros miembros de la orquesta, sabe que Dudamel y la orquesta son uno, y que por eso, para entender ese acto maravilloso que significa hacer música juntos, muchas veces hace falta más que centrarse en el director. Hace falta mirar a su alrededor y descubrir que junto a él están sus amigos de la adolescencia, todavía confiando en él, confiando en ellos mismos y en el trabajo que sólo pueden hacer todos juntos. Todos ellos muy distintos entre sí. En la diversidad reposa la riqueza.