El Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela que creó José Antonio Abreu, galardonado en la categoría de Artes

DARIO PRIETO / SALUD HDEZ. MORA

Publicado originalmente en el diario español El Mundo

MADRID / BOGOTA.- La orquesta como símbolo de orden y concierto… social. Eso es lo que ha reconocido el jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Artes al conceder el galardón de este año al Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), creado por el economista y compositor venezolano José Antonio Abreu.

Conocido como El Sistema, el proyecto de Abreu ha ido creciendo durante tres décadas hasta convertirse en un enorme entramado por el que han pasado cerca de 600.000 niños y jóvenes, la mayoría de los cuales fueron rescatados de entornos pobres o problemáticos. Su éxito no sólo se mide en términos de cantidad: Gustavo Dudamel, jovencísimo (27 años) director de orquesta aclamado en todo el mundo (en abril de 2007 fue contratado como director musical de la Filarmónica de Los Angeles) es uno de los 600.000 hijos del Sistema.

Desde Venezuela, Abreu celebraba ayer la noticia con serenidad. En declaraciones a EL MUNDO, el creador de las Orquestas dijo que el premio reafirma «el compromiso profundo de seguir con el servicio de la infancia de Venezuela y de Iberoamérica».

Serenidad entreverada de convicciones sobre el poder salvador de la música. Y no importa si suena a idealismo. «Cuando creé este proyecto, estaba seguro de que iba a llegar a este punto. Me movía una vocación muy fuerte, el deseo de que todos los niños pudiesen acceder a la educación que, gracias a Dios, tuve yo».

Mencionando a Heidegger, entre otros pensadores, Abreu defiende la educación artística «como algo prioritario y no periférico», especialmente «en los países con elevados índices de pobreza». Para el creador de este proyecto, «la práctica orquestal multiplica las posibilidades de inclusión social; al recibir un insrumento y una educación musical de manos del maestro, el niño pasa a tener la gloriosa condición de artista. De este modo, la pobreza material se transforma en una riqueza espiritual y en una vida mejor».

También destacó la importancia de figuras como Dudamel, su alumno más aventajado, que sigue ligado al Sistema como director de su joya, la Orquesta Simón Bolívar. Pese a sus compromisos internacionales, Dudamel ha manifestado su deseo de permanecer en su país. «Lo importante es crear un modelo para la juventud y ver que es factible llegar lejos. Desde que conocí a Gustavo, de niño, supe que su destino era de amplios horizontes».

El músico Paquito D’Rivera, impresionado por la genialidad de Dudamel, les escribía a ambos hace dos años tras un concierto del joven director en Nueva York. «Además de talentoso, Dudamel es muy joven, generoso y carismático. Su juventud aún permite cometer errores políticos que por ella son todavía excusables. No así es el caso de usted, maestro Abreu… con su incomprensible parcialidad hacia un político tan torpe y grosero como Chávez, tanto ha herido y decepcionado a quienes admiramos su noble labor de educador».

Aunque la labor de José Antonio Abreu es reconocida y admirada en todo el mundo, algunos critican su cercanía a Hugo Chávez en un momento de clara división ideológica en Sudamérica. «Dejemos de lado la política y consideremos que el gran aporte de Abreu es que consiguió comprometer al Estado venezolano, por encima de las ideologías, con la cultura. No podemos seguir descalificando lo bueno por razones políticas», señala el crítico musical colombiano, Fernando Toledo. «Su aporte es enorme; consiguió que la cultura musical en Venezuela no sea algo lateral sino central. Hay 37 orquestas sinfónicas, una proeza en estos países».

A juzgar por la colaboración que le prestaron todos los gobiernos, fueran del signo que fueran, durante la larga trayectoria de sus orquestas para los más jóvenes, es evidente que su único interés fue seguir alimentando su sueño de robarle hijos al hambre y la miseria. Durante años hizo antesala a los diputados cada vez que discutían los Presupuestos, de izquierdas o de derechas, con infinita paciencia. También en sus primeros años ignoró el desprecio de la clase intelectual que no le aceptó fácilmente.

Para Abreu, las connotaciones políticas son futesas al lado de la vocación espiritual. «La orquesta», explicó el maestro, «es como una pequeña Venezuela. Pero, como artista, mi sueño es que no sólo Venezuela, sino cualquier país del mundo, fuese como una orquesta gigantesca, en la que todos estuviésemos trabajando en concierto y armonía».