Abreu y la música como tabla de salvación
ANTONIO LUCAS. Enviado especial
Publicado originalmente en el diario español El Mundo
OVIEDO. – El esqueleto breve y frágil de José Antonio Abreu (Valera, Venezuela, 1939) es una estructura que no advierte de la fuerza de su propietario. Aparece Abreu con maneras de galápago y, al minuto, desata un discurso firme, casi titánico, con la música y el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela como eje.
Abreu es economista (con master en rendimiento del petróleo), y organista, y compositor. Pero, sobre todo, es el creador e impulsor de la red pedagógica que estableció Venezuela hace 37 años para propiciar con la música la reinserción de los adolescentes socialmente más desfavorecidos. «Las orquestas han terminado siendo un orgullo para los barrios, las aldeas, los pueblos en los que están. Todo el entorno comunitario y vecinal se ha integrado en este fenómeno que tiene para nosotros un objetivo claro: potenciar la educación», afirmó ayer en uno de los salones del Hotel Reconquista de Oviedo.
El próximo viernes, Abreu recibirá el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Un galardón que se suma en este año al prestigioso Premio Yehudi Menuhin y que él entiende como estímulo necesario y generoso para seguir ensanchando el largo proyecto de las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. «La música rescata a todos esos muchachos con situaciones muy adversas en sus vidas. Los redime y los convierte en alguien necesario para todos», explica. «Además, la pedagogía también está a cargo de nuestros jóvenes, que muestran una muy profunda vocación… digamos apostólica».
Casi 300.000 niños y jóvenes, repartidos en 170 formaciones, dan cuerpo a este programa que se conoce en Venezuela como El Sistema. «Nuestro objetivo es crecer hasta el millón de alumnos y docentes». De entre todos ellos sobresale el violinista y director de orquesta Gustavo Dudamel, de 27 años, designado en 1999 como responsable de la Sinfónica Simón Bolívar. Una agrupación que cuenta entre sus filas con 240 músicos de entre 14 y 29 años. «Dudamel es un chico de un excepcional talento. Con gran capacidad de estudio. Y, a pesar de su vertiginosa trayectoria internacional, no ha perdido en absoluto el contacto con Venezuela. Su estela está generando una serie de nuevos directores y músicos que lo siguen y lo asisten. Es un ejemplo excelente». Y, de hecho, su presencia al frente de la Simón Bolívar -que mañana ofrecerá un concierto-, suena ya como uno de los actos más esperados de la XVII Semana de la Música de Oviedo.
Abreu no duda al hablar. Tiene una rotundidad de flaco que ha librado muchas batallas por hacer de la música un ingrediente social imprescindible, una estrategia de crecimiento. «Ante todo, están las prioridades sociales», dice al ser consultado sobre cómo la crisis global podría hacer flaquear el proyecto. «Estamos implantados en 10 provincias de nuestro país y terminaremos llegando a todas. Contamos con la complicidad de la sociedad civil y el decidido apoyo del gobierno».
En el esfuerzo de sacar adelante esta iniciativa, destaca la colaboración de España a través de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, que dirige Paloma O’Shea. El próximo objetivo del infatigable José Antonio Abreu es poner en marcha la Orquesta Juvenil Iberoamericana, arrancando un compromiso firme de los jefes de Estado.
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