Dudamel estuvo al frente en el Seoul Arts Center de Corea del Sur

Publicado originalmente en el diario El Universal de Caracas

Dubraska Falcón
ENVIADA ESPECIAL EL UNIVERSAL

El público gritaba para que le tiraran una chaqueta de los jóvenes músicos (Cortesia Fesnojiv)

El público gritaba para que le tiraran una chaqueta de los jóvenes músicos (Cortesia Fesnojiv)

Corea.- El tricolor venezolano enloqueció a Seúl. Lo llevo al extremo de lo políticamente incorrecto& y quedó fascinado. En el primer concierto que la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar ofrecía en el Seoul Arts Center, consiguió desde el primer instante un éxtasis en el público nunca antes visto por los expertos musicales de la urbe. Un desenfreno que ni ellos mismo podían creer. Unas ganas de ser venezolanos que ponían la piel de gallina. Un deseo casi inexplicable de querer que los más de 200 jóvenes músicos, el director Gustavo Dudamel y el maestro José Antonio Abreu, hubiesen nacido en tierra surcoreana. Ellos simplemente experimentaron entre lágrimas y centenares de aplausos que parecían no tener fin qué significa ver a los jóvenes del sistema en vivo y dentro de una gran acústica.

Por eso, tratar de entender a los espectadores que durante dos horas y media se limitaron a contemplar a un Bernstein y a Mahler diferentes, lanzarse a la tarima para conseguir una de las chaquetas tricolor que cargaban los chicos, no tiene explicación. O sí una que ellos mismos dieron: simplemente, “es la Orquesta Simón Bolívar; la que pone de pie al mundo entero”, dijo una de las asistentes al concierto.

“He escuhado muchas orquestas en mi vida, pero nunca había oído un Mahler tan delicado y delicioso como éste. Y por segunda vez me hizo llorar. Estoy orgulloso de ser suramericano. Hoy todos quisimos ser venezolanos”, dijo el embajador de Colombia en Corea.

Y aquí cumplieron a la perfección. Luego de una interpretación más que perfecta, por lo complejo de las obras y de un particular regaño del director Gustavo Dudamel , mientras ensayaban -”¡No importa el cansancio o la tristeza! !Estamos en Seúl para demostrar lo que somos. Estamos aquí para afinar!”-, los jóvenes demostraron una pasión y una energía incomparable, que hizo que cada nota tuviera el tono y el peso indicado.

Gritos, silbidos, aplausos y una emoción que sofocaba, sirvió solamente como el marco de lo que vendría después& Las luces se apagaron y los coreanos literalmente enloquecieron. Con el nombre de Venezuela en la espalda de los venezolanos, sonaría el primero de dos bis: Mambo de Bernstein, para luego darle paso a Malambo de Alberto Ginastera. Más de uno dentro del público bailó y disfrutó el momento.