Archive for Abril, 2009

Material audiovisual de la gira

Para el disfrute de todos, hemos incluido dos nuevas secciones en nuestro menú superior: Fotos y Videos.

Que lo disfruten.

Éxtasis musical

Por: Kapui Riestra, 28/04/09

Los músicos disfrutaron tanto como el público de esta particular forma de conducción y se reían en silencio e intercambiaban miradas con sus compañeros, este tipo de cosas son los que hacen a esta Orquesta indiscutiblemente especial - Foto: Osvaldo Burgos

Ver a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, en una ciudad tan mágica como Barcelona, dirigidos por el maestro Gustavo Dudamel fue sin duda una experiencia extraordinaria e inolvidable…

Al entrar a L´Auditori mi corazón comenzó a latir diferente producto de las grandes expectativas y de una maravillosa mezcla de emociones. Desde mi asiento, en la segunda fila, me estremecí cuando las luces de la sala comenzaron a atenuarse para dejar iluminado el escenario, cubierto de sillas, atriles y partituras… De ambos lados del escenario, instrumento o baquetas en mano, fueron entrando los integrantes de la orquesta con una luminosa sonrisa en sus rostros, bañados por los aplausos de una audiencia ansiosa de música con calor, sabor y color venezolano.

Luego de afinar el silencio se apoderó de la sala hasta que la ovación del público indicó la entrada del Maestro Dudamel, siempre sonriente y con una frescura especial.

La música impregnó todos los rincones de la sala con la interpretación de la pieza mexicana Sensemayá de Silvestre Revueltas, luego nos acariciaron el alma con su magistral ejecución de Mediodía en el Llano de Estévez, literalmente me quedé sin aliento y Dudamel tiene absoluta conciencia del efecto de esta pieza, de hecho al final mantuvo la batuta suspendida en el aire durante varios segundos para prolongar el suspiro colectivo. La primera parte del concierto finalizó con un recorrido por Venezuela con los diferentes matices que componen la pieza Santa Cruz de Pacairigua de Evencio Castellanos, la piel erizada, lágrimas en los ojos y una audiencia desbordada en aplausos y “bravos”.

Durante el intermedio pensaba “son lo máximo” y todas mis expectativas estaban más que satisfechas, me sentía conmovida, orgullosa… pero definitivamente lo que había visto y sentido hasta ese momento fue sólo un abreboca, un preludio…

La segunda parte del concierto fue una experiencia indescriptible, esos muchachos no sólo hacen música, ellos hacen magia, son propagadores de energía vital, moldeadores de emociones… Con la Sinfonía Nº 4 de Tchaikovski me hicieron volar, fue algo extrasensorial. Una conducción magistral de Dudamel, una ejecución celestial de los músicos… lloré, me reí, por momentos sentía que no podía respirar, estaba sobrecogida, desbordada por la emoción…

Ver a Dudamel al frente de una orquesta es sin duda un placer, la manera en que la música y su cuerpo se funden es alucinante. Él es música, sus movimientos, sus gestos… no hacen falta partituras, porque la música está dentro de él, forma parte de él… Dudamel no sólo prescindió de las partituras, sino que durante los pizzicatos del tercer movimiento también dejó descansar a su batuta, ya que las expresiones de su rostro y los movimientos de sus cejas fueron suficientes para dirigir a las cuerdas, con un toque de simpatía y complicidad únicos. Los músicos disfrutaron tanto como el público de esta particular forma de conducción y se reían en silencio e intercambiaban miradas con sus compañeros, este tipo de cosas son los que hacen a esta Orquesta indiscutiblemente especial.

Confieso que desde siempre he sentido profunda debilidad por los instrumentos de cuerda, quizás por ello gran parte de mi atención se centró en ellos… Contrabajos, violonchelos, violas, violines… fue alucinante la intensidad, la vehemencia y la pasión con la que los arcos acariciaban las cuerdas, además en perfecta sincronía. Mi más profundo respeto y admiración para sus ejecutantes… Entre todos ellos admito que Alejandro Carreño me cautivó, es un verdadero deleite verlo tocar el violín, su postura, la armonía entre el ritmo de su respiración y el vaivén de su arco sobre las cuerdas del violín… hermoso… sublime.

Una vez finalizado el estremecedor cuarto movimiento de la Sinfonía de Tchaikovski el público estalló en una ovación abrumadora, de pie, aplausos, gritos, silbidos por casi 10 minutos… aplaudí tanto que me dolían las manos, me dejé la garganta gritando “Bravo” y aún así tenía la sensación de que eso no era suficiente para retribuir el maravilloso regalo de vida que acababa de recibir… De verdad INFINITAS GRACIAS!!!!!

Se acercaba uno de los momentos más esperados de la noche… el famoso Mambo de Bernstein, los músicos no utilizaron las habituales chaquetas con el tricolor venezolano, pero eso no minimizó la descarga de adrenalina que invadió el auditorio cuando sonó el primer acorde de los metales… La orquesta y la audiencia gritamos “Mambo” a coro, los músicos en el escenario y el público desde nuestros asientos bailamos, reímos a carcajadas y disfrutamos el momento… hasta una viola salió volando hacia el público en medio de la euforia. El broche final de la noche fue la interpretación del Malambo de Ginastera, en la que también hubo baile y fiesta, se respiraba alegría, energía, ganas de vivir y ser felices…

Yo salí con ganas de llorar, reír y gritar a la vez… en estado de éxtasis y con una profunda sensación de gratitud.

Estos muchachos son sin duda una muestra de excelencia, de superación, de cohesión, de talento, de perseverancia, de voluntad… son una señal de esperanza… En medio de tanta oscuridad y tanto ruido, son un rayito de luz y armonía para la humanidad… espero que nunca nada ni nadie pueda apropiarse de su música, ni opacar su brillo.

GRACIAS MUCHACHOS! Sigan tocando y luchando!!!!

Pura locura, puro disfrute

Publicado originalmente en el diariovasco.com el 23-04-09

María José Cano

Dudamel quiso ceder el protagonismo a sus músicos

Dudamel quiso ceder el protagonismo a sus músicos

Fue una locura de principio a fin, un absoluto disfrute. La visita de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar a Donostia se convirtió en una firme demostración de que la música está hecha para comunicarse, para vibrar, para soñar, y es casi imposible imaginar un tándem mejor que el formado por Gustavo Dudamel y su conjunto para conseguirlo. Por eso, el encuentro de ayer fue un torbellino que atrapó y embriagó a todo el auditorio en una deliciosa locura. El cocktail que lo hizo posible fue claro y evidente. Un maestro con grandes ideas, generoso y volcado en una agrupación capaz, dúctil y entregada unidos por la energía de la juventud y el amor por la música.
El programa que permitió percibir todas estas sensaciones fue casi lo de menos. Habrá quizá también quien se permita decir que la lectura que realizaron del Daphnis et Chloé que abrió el concierto no resultó totalmente adecuada. Probablemente no fue perfecta, sobre todo en su Amanecer inicial. Pero no importó. La orquesta se mostró todo lo seductora que Ravel impone en su partitura y fue a más hasta llegar a una Danza final apoteósica en la que Dudamel dejó muy claro su dominio de los reguladores con unos crescendo de cortar la respiración y una flexibilización del tempo absolutamente arrolladora.
Como era de esperar, la agrupación venezolana brilló de forma especial en Santa Cruz de Pacairigua de Castellanos, una obra llena de la misma energía que sus intérpretes. Todo el ritmo, el color, el mosaico de temas, las superposiciones de éstos y en definitiva, todo el sentido de la obra, llegó sin ninguna fisura. El director, muy distinto a su anterior concierto en octubre con la Orquesta de Gotemburgo -esta vez quiso dar todo el protagonismo a sus chicos- les dejó tocar a placer y les brindó los aplausos del público que ya se había rendido al ciclón.
Es fácil suponer cómo sonó la Cuarta de Tchaikovksy, una sinfonía que habla del destino, pero que finaliza con el cuadro de una fiesta popular. Dudamel buscó los silencios, estrujó los tutti y unos pianissimos impensables para una orquesta de más de 130 músicos creando un inimaginable clímax que sólo se rompió con un fuerte ¡bravo! lanzado por el público del Kursaal al unísono.
La mayoría de los asistentes se dejó las manos en una fuerte ovación, ya en pie, hasta arrancar la propina que circula por Youtube, un mambo tocado y bailado en una pura locura.

Gustavo Dudamel y la Simón Bolívar cautivan al Auditori con obras latinoamericanas y Chaikovski

Publicado originalmente en elperiodico.com de Barcelona el 25 de abril de 2009
CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

Exaltación de la música desde el sentimiento. Proyección del espíritu del sistema creado por José Antonio Abreu en Venezuela. Intérpretes que desarrollan con energía juvenil toda la creatividad forjada desde un trabajo de base, del que la Orquesta Simón Bolívar es la punta del iceberg. La formación, magistralmente dirigida por el carismático Gustavo Dudamel surgido de la misma cantera, exhibió el jueves en el Auditori todo un despliegue de garra, talento y fuerza sonora.
Una fiesta, un delirio, una clamorosa celebración compartida por el público más entusiasmado que hemos visto en los últimos años. Y también una reflexión sobre cómo renovar los conciertos de la clásica para atraer nuevos adeptos, ya que Dudamel y los suyos dieron una lección de cómo comunicar la música.
El director fue recibido casi como una estrella del pop. Banderas venezolanas y la presencia de jóvenes espectadores, que no dudaban en romper el ritual de la clásica aplaudiendo durante las pausas de los movimientos, crearon una atmósfera diferente. Pero el silencio emocionante con el que se siguió el repertorio no deja lugar a dudas sobre el impacto que provocó la interpretación de las obras ofrecidas.
La primera parte tuvo color latino. Piezas cortas, pero de gran intensidad. Sensemayá (Canto para matar una culebra) del mexicano Silvestre Revueltas, inspirada en el poema de Nicolás Guillén sobre los ritos de los negros en Cuba, nos trasladó como en un bolero raveliano a los ritmos de los rituales afroamericanos. 
Siguió la paisajística Mediodía en el llano, suite de Antonio Estévez con la soledad de fondo, ySanta Cruz de Pacaraigua, de Evencio Castellanos
–ambos venezolanos–, un poema sinfónico repleto de resonancias folclóricas que consiguió poner de pie al público, antes de llegar a la Cuarta de Chaikovski. Esta sinfonía sobre los imperativos del destino que acaba, como el concierto, con una fiesta popular fue interpretada con gran fuerza y delicada sutileza en el pizzicato.
Música popular con dos bises de locura. Especialmente el dedicado al mambo, con los músicos bailando sobre el escenario y jugando con los instrumentos. Delirio total en una platea que casi se viene abajo.

Tchaikovsky con sabor a Gaudí

Por: Osvaldo Burgos

Barcelona, 23-04.09.-Luego de 3 semanas de gira, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar se entregó hoy al público catalán, dejando un dulce sabor en la boca de los asistentes a L’Auditori de Barcelona.

La Melodía en el Llano, de Antonio Estevez representó el momento más sublime de la noche. Foto: Osvaldo Burgos

La Melodía en el Llano, de Antonio Estevez representó el momento más sublime de la noche. Foto: Osvaldo Burgos

La primera obra ejecutada por los venezolanos fue Sensemayá de Silvestre Revueltas. Esta fue suficiente para que el público se animara. Luego interpretaron la Melodía en el Llano de Antonio Estevez, creando en la sala un delicado ambiente que generó una gran ovación ya que su ejecución fue simplemente sublime. Finalmente, para cerrar la primera parte del concierto, las notas de la suite sinfónica Santa Cruz de Pacairigua llenaron la Sala Pau Casals de L’Auditori, evocando imágenes de la múltiple y diversa cultura venezolana.

En la Segunda mitad del concierto, la orquesta interpretó la 4ta Sinfonía de Tchaikosvski. Llamó la atención la manera particular con la que Gustavo Dudamel dirigió los pizzicatos del tercer movimiento, usando sólo las expresiones de sus cejas. Las cuerdas en pleno disfrutaron esta noche mientras reían en silencio por la forma de conducir de su director.

El allegro del último movimiento, definitivamente fue con fuoco. Una explosión de percusión con la orquesta en pleno electrizó a la audiencia desde el principio hasta el final. La ovación posterior fue de pie y bastante larga. El público se mantuvo aplaudiendo por casi 10 minutos, hasta que la orquesta tocó el Mambo de Bernstein y el Malambo de Ginastera, con los acostumbrados bailes de los músicos.

En el medio del mambo, una viola rodó por el suelo por la efusividad con que su ejecutante le daba vueltas mientras ejecutaban la coreografía. Inmediatamente un miembro de la audiencia que se encontraba en primera fila, la recogió y se la devolvió a su dueña.

Al terminar el concierto el público salió del teatro muy satisfecho. Algunos venezolanos presentes se quedaron con las ganas de escuchar el Alma llanera.

Terminó de esta manera la etapa española de la gira. A la orquesta le queda sólo una presentación por hacer para volver a Caracas, en Lisboa, el 25 de abril.

Todos con Dudamel

Publicado originalmente en diariovasco.com el 22-04-09
El director venezolano Gustavo Dudamel vuelve hoy al Kursaal en el concierto del año con la orquesta que le ha encumbrado, la Simón Bolívar 
Las entradas se agotaron en horas, algo sólo comparable a otros fenómenos como el de la mezzosoprano Cecilia Bartoli, o a conciertos de otros géneros como el pop o el rock. No es habitual que la música clásica levante la expectación de espectáculos como los que ofrecieron en Donostia U2 o Bruce Springteen, o el más reciente de AC/DC en Bilbao. Pero Gustavo Dudamel se ha convertido en uno de los nombres más rentables de un mundo, el clásico, que al igual que otros, necesita de estrellas. De hecho, hoy llega a San Sebastián tras pasar como un ciclón por el Auditorio Nacional de Madrid y por Valencia.
Y credenciales no le faltan. Gustavo Dudamel reúne todos los ingredientes necesarios para conquistar a melómanos y recién iniciados. Basta buscar su nombre en youtube y ver cualquiera de sus conciertos para constatar su valía como maestro, su técnica y musicalidad y, sobre todo, su capacidad de comunicación. Las mostró en su primera y anterior visita a Donostia en octubre, con una magnífica orquesta sueca, la de Gotemburgo, que aunó pulcritud y disciplina nórdicas con un espíritu latino que surgió de las manos del director y embrujó al público. Esta tarde llega con la esperada Joven Orquesta Simón Bolívar, referencia principal del programa de la Fundación del Estado para el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Con los mejores
Nacido en 1981 en Barquisimeto (Venezuela), Gustavo Dudamel se dio a conocer tras ganar el concurso Gustav Mahler en 2004. Empezó estudiando violín y en 1996 comenzó sus estudios de dirección, siendo nombrado director musical de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar tres años después. Pero fue a raíz de ganar el citado concurso hace cinco años, cuando su carrera despegó de una forma increíble. Encontró el apoyo de los más grandes. Claudio Abbado, Daniel Barenboim y Simon Rattle se rindieron a sus pies y le animaron a dirigir con ellos. Enseguida llegó un contrato exclusivo con Deutsche Grammophon, e invitaciones para actuar en los mejores escenarios. Los BBC Proms de Londres desataron la locura. Hoy en día es director musical de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo, desde otoño de este año será titular de la Filarmónica de Los Angeles y cumplirá una década como líder de la Simón Bolívar. Es, en la actualidad, uno de los mejores del mundo.
Detrás de este maestro, dotado de una energía única, hay un joven que afirma preocuparse por la gente, que valora la lealtad o la perseverancia y que declara que su ocupación favorita es hacer amigos. Gabriel García Márquez o Gustavo Adolfo Becker se encuentran entre sus escritores preferidos, sin olvidar a Pablo Neruda, y destaca a Dalí como pintor. Su lema es el que aparece en El Principito de Antoine de Saint Exupery, «lo esencial es invisible a los ojos».
En su página web cita la salsa, el merengue, los boleros, los danzones, el folclore suramericano, el jazz y el rock and roll como la música que más le gusta. Prueba de su ecléctico gusto es la inclusión en sus programas de obras poco habituales en los escenarios, con una importante presencia de autores latinoamericanos. Hoy hará una demostración de esta variedad con la Suite nº 2de Daphnis et Chloé de Ravel, Santa Cruz de Pacairigua de Evencio Castellanos y la Sinfonía nº 4 en fa menor, op. 36 de Tchaikovsky.
Un sistema eficaz
José Antonio Abreu es un nombre que no puede olvidarse si se habla de la Orquesta Sinfónica de la Juvntud Venezolana Simón Bolívar. Él fue el fundador de un proyecto que le ha valido el último Premio Príncipe de Asturias. Este programa pedagógico involucra a unos 250.000 miembros a través de todo el país y cuenta con agrupaciones pre-escolares, para niños entre 4 y 6 años de edad, casi un centenar de orquestas de niños de 7 a 16 años y más de 130 juveniles formadas por instrumentistas de 16 a 20 años. A todos ellos hay que añadir una treintena de orquestas sinfónicas profesionales de adultos.
El conjunto que hoy visita el Kursaal está formado por más de 200 jóvenes con edades entre 12 y 26 años. Dentro del programa académico desarrollado por Abreu participan instituciones como la Filarmónica de Berlín o la Academia Sibelius de Finlandia y directores como Rattle o Abbado. Gustavo Dudamel dedica seis meses al año a trabajar con ellos.A día de hoy, la Simón Bolívar ha tocado en las mejores salas y festivales del mundo, desde los BBC Proms de Londres a Los Ángeles o el Carnegie Hall, además de realizar giras por toda Europa, China, Corea o Japón. Hoy por primera vez actuará en San Sebastián.
«Es un referente»
Otro director guipuzcoano que rige una orquesta de jóvenes, Juan José Ocón, comparte la opinión de Iker. «Aparte de que es grandísimo, Dudamel ha hecho un trabajo único en Venezuela. Es un talento lleno de energía y todos sus conciertos terminan con algo gigante o gracioso, como las danzas del West Side Story que circulan por youtube y que están llenas de color en todos los sentidos». Para Ocón, la fama de Dudamel y su orquesta se debe principalmente «a la unión de la emotividad propia de un conjunto de jóvenes con el nivel de la mejor orquesta profesional. Además hay un tándem genial formado por esos músicos con talento y Dudamel, que es comparable sólo a grandes maestros como Lorin Maazel. Estoy seguro de que si hubieran tocado toda la semana habrían llenado».
La donostiarra Maite Garciandía, gran aficionada a la música, también comparte su admiración por Dudamel. «Es todo pasión. Vive la música, la transmite. Para mí merece la fama que tiene precisamente por esto». Garciandía es abonada de Cultura Musical y gracias a eso ha tenido acceso a las entradas sin problemas. «Lo escuché con la Orquesta de Gotemburgo y no había visto nunca nada igual, a nórdicos tocando con tanta emoción. Por eso ahora estoy segura de que me van a contagiar su pasión».

En Madrid no se rompió el protocolo

Osvaldo Burgos

Madrid, 21 de abril de 2009.- La presencia de la Reina Sofía, la Princesa Letizia y la Princesa Irene de Grecia, requirió de un protocolo particular en el concierto de anoche en Madrid. Las chaquetas tricolor tuvieron que esperar guardadas para el concierto de esta noche en Valencia.

La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar recibe el aplauso de los asistentes en la Sala Sinfónica de Auditorio Nacional en Madrid

La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar recibe el aplauso de los asistentes en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional en Madrid - Foto: Osvaldo Burgos

La orquesta estuvo a la altura. Comenzaron su presentación con la Suite Nº 2 Dafnis y Cloe de Maurice Ravel. Luego llenaron la sala de sonidos venezolanos, con su indudable mezcla negra, india y española, ejecutando la suite sinfónica Santa Cruz de Pacairigua de Evencio Castellanos. El público fue muy efusivo aunque estuvo un poco contenido, quizas por la presencia real en el auditorio.

Luego del receso, los músicos venezolanos regresaron con la 4ta Sinfonía de Tchaikovsky. Es una obra que la orquesta prácticamente la ejecuta de memoria. Días antes, en una rueda de prensa en Londres, Dudamel recordaba cómo muchos de los que hoy están en la orquesta juvenil la tocaron completa cuando tenían apenas entre 10 y 12 años siendo miembros de la Orquesta Infantil de Venezuela. La han tocado muchas veces y cuando lo hacen, la sienten. Forma parte de su vida musical.

Esta vez no fue diferente, la llevan debajo de la piel. Al terminar el primer movimiento, muchas personas no pudieron contener sus aplausos, aunque los acallaron de inmediato. No obstante, la nota discordante la pusieron algunos asistentes que a pesar de su tos incontenible no abandonaron la sala. Entre el segundo y el tercer movimiento, el ataque de tos fue colectivo y el director tuvo que esperar para comenzar a tocar. Problemas del polen y la primavera.

Al terminar la sinfonía, la explosión de aplausos fue enorme. El público quedó muy complacido. Después de 6 minutos de aplausos, comenzaron el encore con el ya clásico Mambo de Bernstein y luego interpretaron el Malambo de Ginastera. Ninguno se subió a las sillas aunque sí bailaron y movieron sus instrumentos.

¡Eufórica despedida!

Osvaldo Burgos
Londres, 19 de abril de 2002.- Total euforia colectiva… Es la forma más cercana de poner en castellano lo que se vivió anoche en el Royal Festival Hall de Londres durante el último concierto ofrecido por la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar durante su semana de residencia en ese teatro.
 

Una noche de fiesta se vivió en el concierto de cierre de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar en el Royal Festival Hall de Londres. Foto: Osvaldo Burgos

Una noche de fiesta se vivió en el concierto de cierre de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar en el Royal Festival Hall de Londres. Foto: Osvaldo Burgos

Desde temprano, cientos de personas intentaron conseguir entradas, las cuales estaban completamente agotadas desde hace meses. Algunos, los que llegaron más temprano, tuvieron suerte porque el teatro abrió no más de 20 puestos adicionales a la venta para personas que quisieran estar de pie.

Otras personas hicieron una cola de hasta 6 horas esperando por alguna entrada devuelta. De esta forma consiguieron ingresar a la sala unas 20 personas más. Los demás, tuvieron que conformarse con la proyección en vivo del concierto en las pantallas instaladas en el vestíbulo del teatro, donde se estima que hubo unas mil personas.

Dentro de la sala, 2.800 almas tuvieron la oportunidad de llenarse con la música multicromática de los autores latinoamericanos: Melodía en el Llano de Antonio Estévez, el poema sinfónico Sensemayá del Mexicano Silvestre Revueltas y la Suite Santa Cruz de Pacairigua, de Evencio Castellanos. Dado que las tres piezas forman parte del CD de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Fiesta, sus notas no le fueron ajenas a buena parte del público asistente.

Durante el receso, la orquesta y el director tomaron fuerzas para ejecutar la que, según muchos músicos es una de las piezas más difíciles para interpretación orquestal: La Consagración de la Primavera, de Igor Stravinski. Un Ballet en dos partes cuya armonía, sustentada en múltiples tonalidades de forma simultánea, generó mucha polémica en los tiempos de su estreno a principios del siglo XX.

La ejecución fue precisa y perfectamente coordinada. Un verdadero caudal de energía que fue in crecendo a lo largo de toda la obra desde el primer soplo del fagot hasta la explosión final de los metales. El público se involucró con la pieza desde su inicio hasta el final, transportado al mítico rito del sacrificio de una jóven para consgrar la llegada de la nueva estación.

Tanto o más explosivos que los metales finales, fueron los aplausos con los que el público ovacionó a la orquesta, de pie y por más de cinco minutos continuos que habrían sido más de no ser porque dieron inicio a su sesión de encores.

Los venezolanos supieron agradecer la calidez del público británico, ofreciendo la novena de las variaciones enigma de Edward Elgar, Nimrod, la cual interpretaron de una manera particularmente profunda y sentimental. Al terminarla, el momento fue tan sensible, que el director no bajó la batuta por unos 20 segundos y el silencio fue absoluto. Al bajarla finalmente el aplauso fue ensordecedor. De pie, con silbidos y gritos, el público demostraba su conmoción por aquella interpretación.

Después se apagaron las luces para dar paso a uno de los momentos más esperados por la audiencia. Al encenderse nuevamente, estaba la orquesta vestida con sus chaquetas tricolor para comenzar con la interpretación del “Mambo” de Leonard Bernstein, En esta oportunidad, los percusionistas y algunos de los ejecutantes de los metales tenían también gorras con la bandera venezolana. El protocolo tácito que implica un concierto de música sinfónica en una sala como la del Royal Festival Hall, no debe tener historia de semejante ruptura. Los músicos bailaron, algunos se subieron a las sillas, otros simplemente caminaban por el escenario, sin dejar de tocar.

La noche cerró con el Malambo de Ginastera, donde sin haber terminado, comenzaron a tirar las gorras y tan pronto sonó el último acorde, un tropel de la audiencia corrió hacia el escenario para tratar de obtener un chaqueta.

Tras bastidores, Dudamel estaba pletórico de alegría por la función. Allí los músicos recibieron la visita del pianista Lang Lang, la escritora Candace Allen, el compositor chino Jiang Li, entre otra personalidades del mundo cultural y musical. Fue una noche memorable de muy buena música, pero sobre todo de infinito amor por ella. La humanidad vivida a través de la ejecución de los jóvenes venezolanos dejó a todo el que allí estuvo, agradecido con la vida.

La Bolimanía siguió en Londres

Osvaldo Burgos

Londres, 17 de abril de 2009.- La bolimanía es el término que ha acuñado la prensa británica para describir lo que ha estado ocurriendo por estos días en el Royal Festival Hall. La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar ha sido tema fundamental en los medios impresos de esta ciudad. El Daily Telegraph publicó ayer una foto en primera plana de los Venezolanos durante su presentación del martes, mientras que  The Guardian habló de la electrica relación que mantiene Dudamel con la Orquesta.

Dos niñas inglesas exhiben orgullosamente sus medallas luego del concierto infantil ofrecido hoy en el Royal Festival Hall de Londres por la Orquesta Simón Bolívar

Dos niñas inglesas exhiben orgullosamente sus medallas luego del concierto infantil ofrecido hoy en el Royal Festival Hall de Londres por la Orquesta Simón Bolívar - Foto: Osvaldo Burgos

 

El día de hoy transcurrió lleno de actividad. Al mediodía la orquesta ofreció un concierto familiar, donde Gustavo Dudamel presentó a los nóveles directores venezolanos: Christian Vásquez, Diego Matheuz y Manuel López, Quienes dirigieron obras de Revueltas, Tchaikovsky, Castellanos, Ginastera y Bernstein. El concierto fue presenciado por muchos niños. Algunos a la silida exhibían las medallas repartidas por la orquesta, con la cinta tricolor y la inscripción de “Tocar y Luchar”.

Desde las 6 de la tarde, el público del Clore Ballroom pudo disfrutar de la presentación gratuita del Ensamble de Metales de la Orquesta Simón Bolívar, bajo la dirección del Maestro Thomas Clamor. El espacio estaba completamente lleno. Interpretaron obras de Handel, Verdi, Giancarlo Castro, Félix Mendoza, Gershwin y la sorpresa llegó con el cierre cuando de la nada apareció Gustavo Dudamel para dirigir el Alma Llanera de Pedro Elías Gutiérrez.

Por último, a las 9:30 de la noche tuvo lugar el Concierto del violinista cubano Omar Puente junto con el Cuarteto de Trompetas Venezuela, el Cuarteto de Cuerdas Millenium, el Simón Bolívar Jazz Group y la compañía de algunos miembros más de la Sinfónica de la Juventud Venezolana. Interpretaron piezas compuestas por Puente, por algunos miembros de la orquesta y otros autores latinos y de Estados Unidos.

La gran fiesta llegó cuando el grupo en pleno interpretó Guantanamera, poniendo al público de pie. Muchos bailaron, otros hiceron su mejor esfuerzo, sin embargo todos se contagiaron del ritmo y el sabor de la música latina. Fue una excelente oportunidad para demostrar la calidad musical de los venezolanos y que no solo le meten a Brahms y a Tchaikovsky, sino que llevan el guaguacó en la sangre.

Londres siguió disfrutando de la Sinfónica Simón Bolívar

Osvaldo Burgos

Londres, 16-04-2009.- Con el Alma Llanera, ejecutada por la Sección de Metales de la orquesta Simón Bolívar, cerró el segundo día de residencia de los venezolanos en el Royal Festival Hall de Londres ante la euforia absoluta de los 2.400 asistentes en la sala, más unos 600 más que se encontraban en la parte exterior, siguiendo las incidencias del concierto en una pantalla gigante.

La velada estuvo protagonizada por el Trío Ávila, conformado por Ranierie Chacón, Víctor Mendoza y Carlos Escalona, todos Clarinetistas de la Orquesta, quienes interpretaron diversas arias de Mozart utilizando arreglos especiales para trío de clarinetes tenores, contando con el total entusiasmo de la audiencia, particularmente el “pa-pa-pa” de La Flauta Mágica.

Posteriormente el cuarteto de cuerdas Simón Bolívar, integrado por el concertino de la orquesta, Alejandro Carreño, el violinsta Eduardo Salazar, el violista Ismel Campos y el cellista Aimon Mata, quienes interpretaron el Cuarteto en La menor # 2 de Brhams. La ejecución arrancó aplausos desde el principio, entre los segmentos de la obra y al final obtuvo una gran ovación.

Posteriormente, el ensamble de flautas de la orquesta, integrado por Katherine Rivas, Yaritzy Cabrera, Etni Molletote, Engels Gómez, Emily Ojeda, Fernando Martínez, Diego Hernández y Aron García, ejecutó obras de Luis Laguna, Mendelssohn, Guiot Raymond, Heraclio Fernández y Zequinha de Abreu. Especial conmoción generaron las versiones de El Diablo Suelto y del “tico-tico” por la sicronización que tenían a pesar de la gran velocidad que llevaban.

Por último, el ensamble de metales de la orquesta, bajo la dirección del trompetista de la Filarmónica de Berlín Thomas Clamor, cerró con obras de Handel, Byrd, Wagner y Bernstein, así como las de los venezolanos miembros del sistema, Giancarlo Castro y Félix Mendoza. Ellos también fueron responsables del anímadísimo  encore con “Who can ask for anything more” de Gershwin, pieza que bailaron mientras la iban ejecutando, contagiando a todos los presentes.

Los miembros de las distintas agrupaciones de cámara de la Orquesta Simón Bolívar brindaron una noche muy especial para los asistentes, llevando al público desde lo más íntimo de Brahms hasta la profusa alegría de Gershwin, contagiando a todos con el ritmo y la melodía. 

Simon Bolivar Orchestra: review

The Simon Bolivar Orchestra start their five-day residency at the Southbank Centre. They are irresitable.
By Paul Gent 

Publicado originalmente en telegraph.co.uk el 15-04-09

Expectations could hardly have been higher. The last time this remarkable orchestra came to Britain, for the Proms in 2007, they set the Albert Hall alight with their infectious joy, exuberant antics and unbridled enthusiasm for making music.
The orchestra is the product of a 34-year-old project run by the Venezuelan government called El Sistema, which gives every girl and boy, however poor, the chance to have free music tuition and an instrument. This evening’s young conductor, Gustavo Dudamel — one of the most sought-after in the world — was also a product of this widely hailed system, and there has been much talk of Britain copying it.
The programme for last night’s concert, the start of a five-day residency for the orchestra at the Southbank Centre, seemed designed to dampen any hopes of a fiesta atmosphere, however, consisting as it did of Bartok’s Concerto for Orchestra, written during the Second World War, and Tchaikovsky’s Fourth Symphony, famous for its gloomy obsession with Fate.
The Bartok turned out to suit the orchestra just fine, with its demands for both discipline and individualistic flair. The massed strings (I’ve rarely seen the Festival Hall stage so full) had a laser-like intensity and the woodwind a delightfully cocky jauntiness in the duets of the second movement.
The Tchaikovsky, too, turned into a showcase for the orchestra’s many virtues — a hypersensitivity to rhythm, an overwhelming sound in the climaxes and above all a ceaseless energy coming off the stage in waves.
I’ll find it hard to forget the clarinet and bassoon swaying in perfect unison in the first movement; or indeed Dudamel’s curly hair turning into a blur of frenetic excitement at the end.
But after an essentially sombre, if exciting, concert, I suspect we were all hoping for some colour in the encores, and boy did we get it. The hall suddenly went dark, the orchestra put on red, yellow and blue jackets and the place went wild. As the youngsters launched into the first of two encores, we were no longer in a damp, grey London but in a raucous Latin America of the spirit.
As they played the explosive rhythms first of Ginastera’s ‘Estancia’, then of Bernstein’s ‘West Side Story’, they stood up, danced around and threw their instruments in the air. They had clearly done it many times before, but the pleasure they took in it was palpable. Finally they threw their jackets into the audience, who were by then giving them a standing ovation.
Corny, but irresistible.

Ensayo de La “Consagración de la Primavera” en Londres

A continuación incluimos el material audiovisual que pudimos recoger en el ensayo del día de ayer de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar, en su preparación para el concierto de este sábado en Londres:

Con las uñas sobre el pizarrón

Osvaldo Burgos

Londres, 14 de Abril de 2009.-Así les decía esta mañana durante el ensayo Gustavo Dudamel a los músicos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, valiéndose de la metáfora para explicarles cómo quería que fuese el sonido de las cuerdas en uno de los movimientos del Concierto para Orquesta de Bela Bartok.

El ensayo de la Sinfónica de la Juventud Venezolana fue abierto al público. Foto: Osvaldo Burgos

El ensayo de la Sinfónica de la Juventud Venezolana fue abierto al público. Foto: Osvaldo Burgos

“Quiero que me dé grima, como cuando alguien araña el pizarrón”. Desde los asientos del público, el director verificaba la acústica del Royal Festival Hall, consultando con los profesores del Sistema que estaban sentados allí. “Vamos a bajar las trompas un escalón”. Mientras volvía a subir al escenario, la orquesta seguía tocando ante lo que Dudamel se volteó al público y dijo jocosamente “they can play alone” lo cual hizo que afloraran las carcajadas de todo el que presenciaba el ensayo, tanto en la sala como en la pantalla gigante que estaba afuera.

Tocaron el primer movimiento de la 4ta Sinfonía de Tchaikovsky sin parar. Al terminar el aplauso tanto adentro como afuera fue apotósico. Luego fueron repasando la partitura compas por compas. “Tchaikosvky es Venezolano” le dijo el director al público, “lo tocamos mucho”. En efecto el ruso es uno de los compositores emblemáticos para el sistema. Dudamel lo maneja de memoria. Lo dirigió sin partitura.

En la noche, a la hora de la presentación, la orquesta ejecutó ante 2.500 personas un Concierto para Orquesta de Bela Bartok impecable, sin embargo esto representó sólo un abreboca, ya que el climax del concierto fue la 4ta Sinfonía de Tchaikosky, especialmente al final del segundo movimiento, momento en que hasta los “tosedores de oficio”,  tardaron un rato en comenzar a toser. La audiencia se quedó por un instante absolutamente en trance. Poco después, el público no pudo aguantar y por pocos segundos dejó salir una pizca de los miles de aplausos que tenía contenidos.

Al terminar la sinfonía de Tchaikovsky, la ovación fue de pie y duró varios minutos. Habría seguido de no ser por la oscuridad momentánea que dio pie a que la orquesta apareciera luego con las chaquetas tricolor lista para el encoré. Sentados en la primera fila del coro, detrás de ellos, había un grupo de niños ingleses estudiantes de música, quienes no dudaron en pararse a bailar al ritmo del Malambo de Ginastera. Sin embargo, el acabose llegó cuando, como cierre, la orquesta interpretó el Mambo de Bernstein. Era una de las piezas más esperada de la noche ya que el vívido recuerdo de los proms del 2007 representa uno de los hitos de la música orquestal en la historia de esta ciudad.

Al terminar, la ovación fue descomunal y los jóvenes músicos supieron agradecer tanto al público del frente como al del coro, lanzando sus chaquetas tricolores, especialmente a los niños del auditorio.

Los asistentes salimos de la sala inyectados de energía, con muchas ganas de más. Tendremos toda la semana para seguir disfrutando de la Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en el Royal Festival Hall. Después del concierto, los músicos recibieron en el camerino la  visita del Ministro de Educación Superior del Reino Unido, David Lammy, quien se mostró complacido y profundamente conmovido por la ejecución de los venezolanos.

 

Todo a tono en Londres

Por Osvaldo Burgos. Londres, 13 de Abril.- Terminándose de adaptar a la diferencia horaria, los músicos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana, junto con su director, Gustavo Dudamel y el fundador del Sistema, el Maestro José Antonio Abreu, recibieron hoy la bienvenida al South Bank Centre por parte de la directiva de ese espacio cultural que, para la ocasión, invitó a la pareja de vocalistas Shlomo & Gauri, quienes interpretaron el tema beatbox Kathak. Posteriormente, tanto a los músicos como al personal de la orquesta les fueron entregadas sus credenciales para poder tener libre acceso a las distintas dependencias del Royal Festival Hall, durante el período de residencia.

Para mañana está pautado el primer ensayo a las 10:00 am, el cual será abierto al público. Luego, a las 7:30 pm tendrá lugar el primer concierto de la semana, cuyo programa estará conformado por el Concierto para Orquesta de Bartok, la 4ta Sinfonía de Tchaikovsky y las acostumbradas obras de autores de América Latina, las cuales no han sido especificadas aún. Las entradas para ambos eventos están completamente agotadas. Sin embargo, el Southbank Centre transmitirá ambos eventos en vivo en las pantallas gigantes de The Clore Ballroom en la parte exterior del Royal Festival Hall.

A continuación un video de la tarde de hoy:

Más información sobre Shlomo & Gauri

Chicago se estremece

Publicado originalmente en el diario El Universal

Con Dudamel al frente, la Orquesta conmovió a más de 2.521 asistentes

CHICAGO. ENVIADO ESPECIAL.- Sofía Panigada viajó cuatro horas desde Bloomington hasta Chicago. Ella, con su esposo y sus dos hijas, formaba parte del aforo de 2.521 personas que la noche del viernes se conmovieron en el Symphony Hall de Chicago frente al concierto de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. 

Si los asistentes habían esperado meses para disfrutar del concierto -las entradas se agotaron hace casi un año-, Panigada había esperado toda la vida por un momento así: ver a quien fuera su alumno a los nueve años, Gustavo Dudamel, dirigir y estremecer a una audiencia que aplaudió incluso en los silencios entre movimientos. 

Para la primera maestra de solfeo de Dudamel, la emoción no cabe en palabras: “Le dio sentido al esfuerzo que hice por estudiar, por hacer de la educación musical mi profesión. Poca gente tiene la suerte de decir que alguien tan talentoso pasó por sus clases”. 

Durante el último ensayo, dos horas antes del concierto, Dudamel dejó la batuta al joven director y violinista de la Orquesta Christian Vásquez, y desde el patio de butacas pedía mas vibrato en las cuerdas, aprobaba el balance y quería que los metales no forzaran el sonido. 

Los frutos quedaron a la vista de todos. Y es que la interpretación de este repertorio -siendo la primera parte el mismo que en Houston y Washington- fue distinta y también mas emotiva: una orquesta tan bien acoplada que podía darse el lujo de continuar aún cuando Dudamel quedara inmóvil, como lo mostró en el tercer movimiento de la SINFONÍA NO.4 de Tchaikovsky, cuando apenas dirigía con su mirada. 

Y es que aunque se repita el repertorio, (el ballet DAPHNIS Y CHLOE de Maurice Ravel y SANTA CRUZ DE PACAIRIGUA de Evencio Castellanos) siempre es distinto. “Ensayo cada vez como si fuera la primera vez”, dijo Dudamel en Washington. “A medida que pasa la gira esa conexión con los músicos va creciendo: saben lo que quiere decir cada gesto. Cada vez nos respetamos más”. Eso explica que pueda corregir imperfecciones al instante con apenas un gesto. 

Panigada recuerda que Dudamel siendo dos años menor que el resto de la clase tenía probablemente el doble de interés de aprender. Y así como Gustavo Dudamel aún recuerda clases de su maestra, ella no olvida los expresivos ojos de su alumno: muy abiertos, atentos a cada explicación. Los mismos ahora son capaces de dirigir aún sin ayuda de todo su cuerpo. 

Valió la pena viajar cuatro horas para escuchar el concierto, pero también para oír la ovación de 10 minutos interrumpida para interpretar los bises: el MAMBO de Leonard Bernstein y MALAMBO del argentino Alberto Ginastera. 

No son usuales las pasiones que despiertan el joven director y sus músicos, pero tampoco es obra del azar que la radio transmita sus conciertos o que un estante entero de la tienda de la Sinfónica de Chicago esté llena de los discos que ha dirigido Dudamel. 

Si cada día estos jóvenes se superan a sí mismos, y este es apenas el segundo de los doce conciertos de la gira, es difícil imaginar lo que sucederá a partir de la semana próxima en Londres.

Maria Gabriela Méndez
EL UNIVERSAL

Banderas y ovaciones para Dudamel y la orquesta sinfónica juvenil de Venezuela en EE.UU.

Originalmente publicado en telecinco.es el 7 de abril de 2009

Agencia EFE

La orquesta sinfónica de la Juventud Venezolana Simon Bolivar, dirigida por el celebre músico Gustavo Dudamel, fue ovacionada anoche por mas de 2.400 personas en el Kennedy Center, en un concierto en el que el publico ondeó la bandera tricolor de Venezuela.

Dudamel, de 28 anos, y los jóvenes músicos también guardaban otro secreto para el final de la actuación en la solemne sala de conciertos del Kennedy Center: tras unos segundos de completa tiniebla, todos aparecieron enfundados con chaquetas con la bandera venezolana. EFE/Archivo

Dudamel, de 28 anos, y los jóvenes músicos también guardaban otro secreto para el final de la actuación en la solemne sala de conciertos del Kennedy Center: tras unos segundos de completa tiniebla, todos aparecieron enfundados con chaquetas con la bandera venezolana. EFE/Archivo

 

 

 

La orquesta, de gira por EE.UU., pronto agotó las entradas para los conciertos del pasado viernes en Houston, la noche del lunes en Washington, y el programado para Chicago, según indicó la embajada venezolana.

En el escenario, los 180 jóvenes de la orquesta ofrecieron un repertorio que incluyo “Daphnis & Chloe”, de Maurice Ravel, “Santa Cruz de Pacairigua”, una colorista composición de Evencio Castellanos, y “Rite of Spring”, de Igor Stravinsky, además de guardarse una sorpresa de “West Side Story”, de Leonard Bernstein, ante el publico que gritaba “otra! otra!

Dudamel, de 28 anos, y los jóvenes músicos también guardaban otro secreto para el final de la actuación en la solemne sala de conciertos del Kennedy Center: tras unos segundos de completa tiniebla, todos aparecieron enfundados con chaquetas con la bandera venezolana.

Cual estrellas de rock y repitiendo un popular gesto de amistad que realizaran en Los Ángeles en 2007, los músicos procedieron a lanzar las chaquetas por todos los rincones del salón.

Al menos una decenas de personas de entre el publico, también rompiendo el protocolo, comenzó a ondear la bandera venezolana y mas de alguno gritaba “Venezuela!”.

“Estoy muy contento de encontrarme de nuevo aquí con mis compañeros, desde hace 14 años que estuvimos en un lugar tan importante como éste. Es muy emocionante, es una verdadera ilusión poder representar a mi país por todo el mundo”, dijo a Efe el violinista Eduardo Salazar a la salida del concierto.

El grupo, que provino de Houston, se presentara hoy en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) y tiene previsto una parada en Chicago el próximo 10 de abril.

La sinfónica juvenil también realizará una gira por Europa la próxima semana.

Los jóvenes están acompañados por José Antonio Abreu, fundador del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela que ganó el premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008.

Abreu, de 69 años y aclamado por la critica como un visionario de la música, tiene previsto ofrecer talleres y conferencias durante la gira.

Fuentes de la embajada explicaron que parte de la gira tiene el objetivo de promover la exquisita labor de la sinfonica juvenil, que es la máxima expresión del sistema creado en 1975 por Abreu y que instruye de forma gratuita a unos 250.000 niños y jóvenes pobres en Venezuela.

Chicago de pie

El concierto de anoche de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en el Symphony Center de Chicago arrancó largas ovaciones de pie al público. A casa llena los músicos interpretaron la obra Santa Cruz de Pacairigua del venezolano Evencio Castellanos, Daphnis & Chloe de Maurice Ravel y La Sinfonía Nº 4 de Piotr Ilyitch Thaikovsky, bajo la batuta que Dudamel sostiene prácticamente con la llema de los dedos (seguir leyendo en elsistema.org)

El Ensamble de Metales de la Sinfónica Simón Bolívar tocó en la OEA

Como parte de la sesión especial de la Organización de los Estados Americanos con motivo del homenaje al Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, el Ensamble de Metales de la Sinfónica de la Juventud, brindó un concierto de 45 minutos, el cual quedó registrado en el video que ofrecemos a continuación, cortesía de la oficina de prensa de la OEA.

 

Programa: 

  • Overture Music for the Royal Fireworks
    00:27 (Georg F Haendel 1685-1759),
  • Gran Fanfare
    07:53 (Giancarlo Castro D`Addona 1980),
  • The Arrival of the Queen of Sheba
    17:31 (Georg F Haendel),
  • Grand March from Aida
    22:08 (Giuseppe Verdi 1813-1901),
  • Guerra de Secciones
    33:14 (Félix R. Mendoza),
  • I Got Rhythm
    40:46 (George Gershwin 1898-1937),
  • Alma Llanera
    45:24 (Pedro E. Gutierrez 1870-1954).

Gustavo Dudamel y los músicos venezolanos suscitaron fervor en el público de Washington

Publicado originalmente el 8-4-2009 en el diario La Jornada de México

Washington, 7 de abril.- La Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar de Venezuela cautivó al público de Washington, con electrizantes conciertos en el Kennedy Center y en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), así como en sus visitas efectuadas a escuelas de la ciudad.

En un recorrido que comenzó en la ciudad de Houston, continuó en Washington y concluirá en Chicago el domingo 12 de abril, la batuta del joven director Gustavo Dudamel, de 28 años, suscitó fervor en el público la noche del lunes en el Kennedy Center.

El repertorio de la famosa orquesta, compuesta por 180 jóvenes, incluyó obras como Daphnis & Chloe, de Maurice Ravel; Santa Cruz de Pacairigua, de Evencio Castellanos, y La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky.

El concierto en el Kennedy Center concluyó con ritmos de mambo ante la interminable ovación del público, mientras los músicos –quienes vestían chamarras con los colores de la bandera venezolana– se levantaban de sus asientos y hacían coregrafías con los instrumentos.

El maestro José Antonio Abreu impartió talleres y ofreció conferencias para compartir la labor musical del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, del cual es artífice.

Hoy, en la OEA, donde también se presentó la orquesta venezolana, se rindió un homenaje a la labor pedagógica, social y artística del maestro Abreu.

El secretario general del organismo continental, José Miguel Insulza, expresó que la semilla sembrada por Abreu hace más de 30 años, “se convirtió en el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, que cuenta ahora con más de un cuarto de millón de jóvenes músicos y con más de 200 agrupaciones”.

Insulza anunció la creación del Programa de Orquestas Juveniles para Jóvenes en Riesgo en el Caribe, nueva iniciativa promovida por el Departamento de Asuntos Culturales de la OEA y apoyada por el gobierno de China y por el Fondo Especial Multilateral del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral.

Mucho más que estructura artística

José Antonio Abreu, quien en 1975 empezó a trabajar para formar un ensamble que permitiera a los estudiantes de música llevar a cabo prácticas en conjunto, afirmó que “la orquesta es, en efecto, mucho más que estructura artística.

“En grado sumo las orquestas juveniles e infantiles son modelo y escuela insuperable de vida social. Para jóvenes y niños hacer música juntos implica convivir entrañablemente en ánimo de perfección y afán de excelencia, en rigurosa disciplina de concertación, sincronía y armonía, interdependencia entre secciones, goces e instrumentos”, puntualizó.

Desde 1982, con el apoyo de la OEA y de los gobiernos de los países receptores, se han creado y desarrollado sistemas de orquestas juveniles e infantiles en más de 20 naciones que siguen el modelo venezolano.

Entre ellas figuran Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Trinidad y Tobago y Uruguay.

El Sistema venezolano también inspiró a la OEA para promover la creación de la Orquesta Juvenil de las Américas, que debutó en Nueva York, en 2000, bajo la dirección del tenor hispano-mexicano Plácido Domingo, el joven director venezolano Gustavo Dudamel y Christopher Wilkinson.

Lágrimas de alegría en D.C.

Publicado originalmente el 8-4-2009 en elsistema.org por Olivia Liendo

Gustavo Dudamel daba ayer una entrevista en un salón de la Organización de Estados Americanos. Hablaba de cómo la primera vez que vino a Washington D.C. fue en la primera gira de la Sinfónica Juventud Venezolana Simón Bolívar cuando tenía 13 años. Decía que en esa época corría de un lado a otro junto a sus amiguitos músicos, jugaban entre los ensayos en unos salones que se veían grandísimos y empezaban a tener “noviecitas”- hacía sólo un año desde la primera vez que había agarrado una batuta -. Afirmaba que no, que nunca se imaginó que volvería a la ciudad para dirigir a los mismos muchachos, algunos ya casados, algunos ya adultos. 

Cuando terminó la entrevista su abuela, la señora Engracia, lloraba copiosamente sentada en un lateral de la sala. “ ¿Por qué llora, abuela?”, le preguntó Gustavo. “Porque me acuerdo”, contestó la señora, quien no sólo lo llevó a las clases de música desde que él tenía seis años, sino que fue una de las representantes que viajó a Washington en esa oportunidad, para cuidarlos. Pero la señora Engracia no lloraba sola, todos los presentes en el hermoso salón, trabajadores del sistema que los han acompañado por más de una década, también se estrujaban los ojos (Leer artículo completo en elsistema.org)