Carlos Cruz Diez desmaterializó el Mambo
Por Olivia Liendo. ElSistema.org
3 de abril de 2009 Houston.- Gustavo Dudamel dirigió esta mañana a la orquesta desde las butacas. Daba instrucciones técnicas y solfeaba mientras los músicos ensayaban en la sala del Jones Hall en Houston donde hoy se inicia la gira de Estados Unidos. Los condujo sin batuta, con gestos grandes y feroces. Caminaba como un gato, de una esquina a otra entre los asientos de terciopelo rojo vacíos.
La sala es inmensa, tiene capacidad para casi 3.000 personas, y se conoce que todas las entradas para esta noche están agotadas desde hace varios meses. El personal de relaciones públicas dice que se vendieron antes de que le hicieran publicidad, antes de pegar el primer afiche. Se agotaron de la pura expectativa que genera la llegada de la orquesta venezolana.
Durante la mañana ensayaron la Sinfonía Nº 4 de Tschaikowsky por secciones: las cuerdas en la sala de conciertos y los vientos en un pequeño salón que alberga también unas lavadoras. Dudamel alternaba entre un recinto y otro dando las últimas indicaciones. Entre otras cosas, el barquisimetano les dijo: “eso así está perfecto, suena como una orquesta fabulosa, como una orquesta de altísimo nivel, pero tenemos que ir más allá. Quiero que seamos consciente. Es lo que yo ayer les decía: dejar de ser músicos y convertirnos en artistas”.
Cuando Dudamel está con la Bolívar se vale de todas las metáforas que tiene a mano. Se refiere a la sinfonía comparándola con un banquete gastronómico en el que debe haber cabida para la entrada, los platos y el postre, en un orden de ideas inalterable. A su vez, para referirse a Daphnis & Chloe de Ravel describe a un valioso Monet que debe ser admirado por su indiscutible belleza y dignidad. “Es otro mundo, son otros colores, disfruten de ese principio”, dice casi susurrándoles.
Se trata de los colores
Al regresar a la tarde al Jones Hall todavía quedaba una sorpresa. A las 3:00 pm la luz del teatro estaba apagada y se proyectaban en la pared tramas de colores que se superponían. Ante el desconcierto de los músicos Dudamel invitó al podium al autor de la obra: el maestro Carlos Cruz-Diez. (Leer artículo completo en ElSistema.org)
