Lágrimas de alegría en D.C.
Publicado originalmente el 8-4-2009 en elsistema.org por Olivia Liendo
Gustavo Dudamel daba ayer una entrevista en un salón de la Organización de Estados Americanos. Hablaba de cómo la primera vez que vino a Washington D.C. fue en la primera gira de la Sinfónica Juventud Venezolana Simón Bolívar cuando tenía 13 años. Decía que en esa época corría de un lado a otro junto a sus amiguitos músicos, jugaban entre los ensayos en unos salones que se veían grandísimos y empezaban a tener “noviecitas”- hacía sólo un año desde la primera vez que había agarrado una batuta -. Afirmaba que no, que nunca se imaginó que volvería a la ciudad para dirigir a los mismos muchachos, algunos ya casados, algunos ya adultos.
Cuando terminó la entrevista su abuela, la señora Engracia, lloraba copiosamente sentada en un lateral de la sala. “ ¿Por qué llora, abuela?”, le preguntó Gustavo. “Porque me acuerdo”, contestó la señora, quien no sólo lo llevó a las clases de música desde que él tenía seis años, sino que fue una de las representantes que viajó a Washington en esa oportunidad, para cuidarlos. Pero la señora Engracia no lloraba sola, todos los presentes en el hermoso salón, trabajadores del sistema que los han acompañado por más de una década, también se estrujaban los ojos (Leer artículo completo en elsistema.org)
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El maestro contó la histora de 40 años de trabajo y logros: “El Sistema no puede ser impuesto, debe adaptarse a la realidad de cada país”. El simposio Take a Stand culminó ayer en Los Angeles con la intervención del fundador del modelo musical y social venezolano, eje central del evento. Mientras, la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela sigue siendo el mejor ejemplo de lo que es capaz de producir este programa, convertido en inspiración y bandera en más de 30 países.