Crónica

Desde Siana escuchando a Dudamel en L.A.

Transcribimos a continuación la nota del blog de uno de nuestros principales lectores, el consecuente amigo Pablo Alvarez Fernández. La dirección de su blog: http://pablosiana.blogspot.com/

Esta madrugada española y durante más de cinco horas (desde la 01:00 a las 06:00) pude asistir en directo por internet y a toda pantalla, con una calidad de imagen y sonido (con auriculares para no molestar a “mi sufridora”) que parece ciencia-ficción, incluso compartiendo emociones y butaca virtual con mi querido Osvaldo Burgos, el show “Bienvenido Gustavo” desde el Hollywood Bowlde la ciudad californiana de Los Ángeles.

La parrilla de emisión programa, con pausas entre cada actuación ¡aunque sin publicidad!, lo podemos comprobar a continuación, siempre con presentadores mediáticos como Sergio Mendes yQuincy Jones, sin olvidarme de Andy GarcíaHerbie Hancock -que también intervino con una Jazz Band- o incluso John Williamsque fue quien presentó oficialmente, junto a la presidenta de la orquesta Deborah Borda, a Dudamel:

Si Hollywood es la meca del espectáculo y Gustavo Dudamel una estrella mundial, el resultado mediático resultó como era de esperar, aunque musicalmente habría mucho que escribir (dejo aquí la crónica de BBC World en español y de la Agencia EFE). El Hollywood Bowl resultó un enorme plató con18.000 asistentes desde donde se emitió un show para millones en todo el mundo, siendo “solamente” un ensayo con público para el primer concierto oficial del día 8 de octubre. ¡Increíble!.
Lo más emotivo y destacable desde mi punto de vista, fue el debut primero con la YOLA (la Joven Orquesta de Los Ángeles), esos niños a los que imbuye el espíritu de El Sistema y que en apenas un año, logró que fuesen capaces de interpretar un arreglo instrumental de laOda a la Alegría de Beethoven. Me recordó una gran fiesta fin de curso donde los padres llenaban el patio de butacas jaleando a sus hijos…

El momento esperado llegó cuando Los Angeles Philharmonic y su concertino Martin Chalifour comenzó a afinar, el enorme coro de casi 200 voces de distintas agrupaciones esperaba sentado, y Dudamel apareció en el escenario junto a los solistas: la soprano canadiense Measha Brueggergosman, la mezzo de Michigan Michelle DeYoung, el tenor inglés Toby Spence y el barítono estadounidense Matthew Rose.
La algarabía, gritos, piropos, silbidos y demás “parafernalia” que elHuracán Dudamel provoca a su paso empiezan a preocuparme, pues está rompiendo mis esquemas sobre cómo comportarse en un concierto, o aún más, qué es un concierto de la llamada “música culta” en pleno siglo XXI. El populismo rayando comportamientos más típicos de conciertos rock o incluso de hooligans no me encaja mucho, ni siquiera en Hollywood, pero pienso que deberé amoldarme(aunque no esté de acuerdo) a lo que hay e intentar disfrutar como si fuera “mi primera vez” de la Novena de Beethoven. Así fue y me emocioné desde la pantalla del portátil (laptop) en la cercana distancia de las nuevas tecnologías.
Todo el párrafo anterior viene porque se aplaudió cada movimiento, incluso el último fue “roto” antes de la conclusión por una sala donde los “melómanos habituales” creo que hicieron como yo (verlo en casa), y el caracter gratuito del evento hacía suponer comportamientos como los vistos en Los Ángeles, sin entrar en cuestiones más profundas.

Aplaudir en medio de los tiempos de una obra depende mucho de la historia -antes así se hacía-, de la cultura de cada país o incluso del carácter del público (es inimaginable algo semejante en Europa, y no digamos en lugares como Salzburgo, Berlín, París, Barcelona…) más todo lo que queramos añadir, incluyendo aquí que los solistas “irrumpen” en escena antes del tercer movimiento, algo que se está haciendo demasiado habitual, por ¿evitarles? estar desde el principio de la obra (como sí lo está el coro). Lo que tengo claro es que se produce una ruptura innecesaria en la continuidad de una obra como la del sordo genial, y el director (se notaba en su rostro) así como parte del público no somos ajenos a ello.
Juzgar una interpretación desde internet (CD, DVD, TV…) evidentemente no es igual que en la sala ¡qué más quisiera!. No se puede hablar de planos sonoros cuando se escucha amplificado (y con un ingeniero de sonido controlando los niveles), incluso hubo subtítulos -con alguna que otra falta de ortografía- de La Oda deSchiller en inglés y español (para la mayoría de las intervenciones del coro) y la posibilidad de contemplar cada gesto de Gustavo. Fenomenal la elección de los tempi, realmente personales pero permitiendo escuchar todo lo escrito, con una visión en la línea de las ya grabadas QuintaSéptima e incluso del Triple Concierto de Bonn, aunque con momentos más reposados, con una orquesta “menos fresca” que sus venezolanos, pero totalmente rendidos y adaptados al barquisimetano y a la Novena, sin olvidarnos de unos solistas que cumplieron sobradamente, en especial la canadiense.

Y las emocionadas palabras de agradecimiento en inglés y español (“Todos juntos formamos un continente. Sin norte, ni sur, ni Centroamérica”) así como su “orgullo de ser latino”, dieron paso a la repetición del “Himno de Europa” con la “sorpresa anunciada” de los fuegos artificiales.

Pronto estará todo el concierto en YouTube© pero me queda la satisfacción y también emoción de haber asistido a un acontecimiento único e histórico. Espero haya muchos más aunque sea “desde Siana”.

Éxtasis musical

Por: Kapui Riestra, 28/04/09

Los músicos disfrutaron tanto como el público de esta particular forma de conducción y se reían en silencio e intercambiaban miradas con sus compañeros, este tipo de cosas son los que hacen a esta Orquesta indiscutiblemente especial - Foto: Osvaldo Burgos

Ver a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, en una ciudad tan mágica como Barcelona, dirigidos por el maestro Gustavo Dudamel fue sin duda una experiencia extraordinaria e inolvidable…

Al entrar a L´Auditori mi corazón comenzó a latir diferente producto de las grandes expectativas y de una maravillosa mezcla de emociones. Desde mi asiento, en la segunda fila, me estremecí cuando las luces de la sala comenzaron a atenuarse para dejar iluminado el escenario, cubierto de sillas, atriles y partituras… De ambos lados del escenario, instrumento o baquetas en mano, fueron entrando los integrantes de la orquesta con una luminosa sonrisa en sus rostros, bañados por los aplausos de una audiencia ansiosa de música con calor, sabor y color venezolano.

Luego de afinar el silencio se apoderó de la sala hasta que la ovación del público indicó la entrada del Maestro Dudamel, siempre sonriente y con una frescura especial.

La música impregnó todos los rincones de la sala con la interpretación de la pieza mexicana Sensemayá de Silvestre Revueltas, luego nos acariciaron el alma con su magistral ejecución de Mediodía en el Llano de Estévez, literalmente me quedé sin aliento y Dudamel tiene absoluta conciencia del efecto de esta pieza, de hecho al final mantuvo la batuta suspendida en el aire durante varios segundos para prolongar el suspiro colectivo. La primera parte del concierto finalizó con un recorrido por Venezuela con los diferentes matices que componen la pieza Santa Cruz de Pacairigua de Evencio Castellanos, la piel erizada, lágrimas en los ojos y una audiencia desbordada en aplausos y “bravos”.

Durante el intermedio pensaba “son lo máximo” y todas mis expectativas estaban más que satisfechas, me sentía conmovida, orgullosa… pero definitivamente lo que había visto y sentido hasta ese momento fue sólo un abreboca, un preludio…

La segunda parte del concierto fue una experiencia indescriptible, esos muchachos no sólo hacen música, ellos hacen magia, son propagadores de energía vital, moldeadores de emociones… Con la Sinfonía Nº 4 de Tchaikovski me hicieron volar, fue algo extrasensorial. Una conducción magistral de Dudamel, una ejecución celestial de los músicos… lloré, me reí, por momentos sentía que no podía respirar, estaba sobrecogida, desbordada por la emoción…

Ver a Dudamel al frente de una orquesta es sin duda un placer, la manera en que la música y su cuerpo se funden es alucinante. Él es música, sus movimientos, sus gestos… no hacen falta partituras, porque la música está dentro de él, forma parte de él… Dudamel no sólo prescindió de las partituras, sino que durante los pizzicatos del tercer movimiento también dejó descansar a su batuta, ya que las expresiones de su rostro y los movimientos de sus cejas fueron suficientes para dirigir a las cuerdas, con un toque de simpatía y complicidad únicos. Los músicos disfrutaron tanto como el público de esta particular forma de conducción y se reían en silencio e intercambiaban miradas con sus compañeros, este tipo de cosas son los que hacen a esta Orquesta indiscutiblemente especial.

Confieso que desde siempre he sentido profunda debilidad por los instrumentos de cuerda, quizás por ello gran parte de mi atención se centró en ellos… Contrabajos, violonchelos, violas, violines… fue alucinante la intensidad, la vehemencia y la pasión con la que los arcos acariciaban las cuerdas, además en perfecta sincronía. Mi más profundo respeto y admiración para sus ejecutantes… Entre todos ellos admito que Alejandro Carreño me cautivó, es un verdadero deleite verlo tocar el violín, su postura, la armonía entre el ritmo de su respiración y el vaivén de su arco sobre las cuerdas del violín… hermoso… sublime.

Una vez finalizado el estremecedor cuarto movimiento de la Sinfonía de Tchaikovski el público estalló en una ovación abrumadora, de pie, aplausos, gritos, silbidos por casi 10 minutos… aplaudí tanto que me dolían las manos, me dejé la garganta gritando “Bravo” y aún así tenía la sensación de que eso no era suficiente para retribuir el maravilloso regalo de vida que acababa de recibir… De verdad INFINITAS GRACIAS!!!!!

Se acercaba uno de los momentos más esperados de la noche… el famoso Mambo de Bernstein, los músicos no utilizaron las habituales chaquetas con el tricolor venezolano, pero eso no minimizó la descarga de adrenalina que invadió el auditorio cuando sonó el primer acorde de los metales… La orquesta y la audiencia gritamos “Mambo” a coro, los músicos en el escenario y el público desde nuestros asientos bailamos, reímos a carcajadas y disfrutamos el momento… hasta una viola salió volando hacia el público en medio de la euforia. El broche final de la noche fue la interpretación del Malambo de Ginastera, en la que también hubo baile y fiesta, se respiraba alegría, energía, ganas de vivir y ser felices…

Yo salí con ganas de llorar, reír y gritar a la vez… en estado de éxtasis y con una profunda sensación de gratitud.

Estos muchachos son sin duda una muestra de excelencia, de superación, de cohesión, de talento, de perseverancia, de voluntad… son una señal de esperanza… En medio de tanta oscuridad y tanto ruido, son un rayito de luz y armonía para la humanidad… espero que nunca nada ni nadie pueda apropiarse de su música, ni opacar su brillo.

GRACIAS MUCHACHOS! Sigan tocando y luchando!!!!