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Éxtasis musical

Por: Kapui Riestra, 28/04/09

Los músicos disfrutaron tanto como el público de esta particular forma de conducción y se reían en silencio e intercambiaban miradas con sus compañeros, este tipo de cosas son los que hacen a esta Orquesta indiscutiblemente especial - Foto: Osvaldo Burgos

Ver a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, en una ciudad tan mágica como Barcelona, dirigidos por el maestro Gustavo Dudamel fue sin duda una experiencia extraordinaria e inolvidable…

Al entrar a L´Auditori mi corazón comenzó a latir diferente producto de las grandes expectativas y de una maravillosa mezcla de emociones. Desde mi asiento, en la segunda fila, me estremecí cuando las luces de la sala comenzaron a atenuarse para dejar iluminado el escenario, cubierto de sillas, atriles y partituras… De ambos lados del escenario, instrumento o baquetas en mano, fueron entrando los integrantes de la orquesta con una luminosa sonrisa en sus rostros, bañados por los aplausos de una audiencia ansiosa de música con calor, sabor y color venezolano.

Luego de afinar el silencio se apoderó de la sala hasta que la ovación del público indicó la entrada del Maestro Dudamel, siempre sonriente y con una frescura especial.

La música impregnó todos los rincones de la sala con la interpretación de la pieza mexicana Sensemayá de Silvestre Revueltas, luego nos acariciaron el alma con su magistral ejecución de Mediodía en el Llano de Estévez, literalmente me quedé sin aliento y Dudamel tiene absoluta conciencia del efecto de esta pieza, de hecho al final mantuvo la batuta suspendida en el aire durante varios segundos para prolongar el suspiro colectivo. La primera parte del concierto finalizó con un recorrido por Venezuela con los diferentes matices que componen la pieza Santa Cruz de Pacairigua de Evencio Castellanos, la piel erizada, lágrimas en los ojos y una audiencia desbordada en aplausos y “bravos”.

Durante el intermedio pensaba “son lo máximo” y todas mis expectativas estaban más que satisfechas, me sentía conmovida, orgullosa… pero definitivamente lo que había visto y sentido hasta ese momento fue sólo un abreboca, un preludio…

La segunda parte del concierto fue una experiencia indescriptible, esos muchachos no sólo hacen música, ellos hacen magia, son propagadores de energía vital, moldeadores de emociones… Con la Sinfonía Nº 4 de Tchaikovski me hicieron volar, fue algo extrasensorial. Una conducción magistral de Dudamel, una ejecución celestial de los músicos… lloré, me reí, por momentos sentía que no podía respirar, estaba sobrecogida, desbordada por la emoción…

Ver a Dudamel al frente de una orquesta es sin duda un placer, la manera en que la música y su cuerpo se funden es alucinante. Él es música, sus movimientos, sus gestos… no hacen falta partituras, porque la música está dentro de él, forma parte de él… Dudamel no sólo prescindió de las partituras, sino que durante los pizzicatos del tercer movimiento también dejó descansar a su batuta, ya que las expresiones de su rostro y los movimientos de sus cejas fueron suficientes para dirigir a las cuerdas, con un toque de simpatía y complicidad únicos. Los músicos disfrutaron tanto como el público de esta particular forma de conducción y se reían en silencio e intercambiaban miradas con sus compañeros, este tipo de cosas son los que hacen a esta Orquesta indiscutiblemente especial.

Confieso que desde siempre he sentido profunda debilidad por los instrumentos de cuerda, quizás por ello gran parte de mi atención se centró en ellos… Contrabajos, violonchelos, violas, violines… fue alucinante la intensidad, la vehemencia y la pasión con la que los arcos acariciaban las cuerdas, además en perfecta sincronía. Mi más profundo respeto y admiración para sus ejecutantes… Entre todos ellos admito que Alejandro Carreño me cautivó, es un verdadero deleite verlo tocar el violín, su postura, la armonía entre el ritmo de su respiración y el vaivén de su arco sobre las cuerdas del violín… hermoso… sublime.

Una vez finalizado el estremecedor cuarto movimiento de la Sinfonía de Tchaikovski el público estalló en una ovación abrumadora, de pie, aplausos, gritos, silbidos por casi 10 minutos… aplaudí tanto que me dolían las manos, me dejé la garganta gritando “Bravo” y aún así tenía la sensación de que eso no era suficiente para retribuir el maravilloso regalo de vida que acababa de recibir… De verdad INFINITAS GRACIAS!!!!!

Se acercaba uno de los momentos más esperados de la noche… el famoso Mambo de Bernstein, los músicos no utilizaron las habituales chaquetas con el tricolor venezolano, pero eso no minimizó la descarga de adrenalina que invadió el auditorio cuando sonó el primer acorde de los metales… La orquesta y la audiencia gritamos “Mambo” a coro, los músicos en el escenario y el público desde nuestros asientos bailamos, reímos a carcajadas y disfrutamos el momento… hasta una viola salió volando hacia el público en medio de la euforia. El broche final de la noche fue la interpretación del Malambo de Ginastera, en la que también hubo baile y fiesta, se respiraba alegría, energía, ganas de vivir y ser felices…

Yo salí con ganas de llorar, reír y gritar a la vez… en estado de éxtasis y con una profunda sensación de gratitud.

Estos muchachos son sin duda una muestra de excelencia, de superación, de cohesión, de talento, de perseverancia, de voluntad… son una señal de esperanza… En medio de tanta oscuridad y tanto ruido, son un rayito de luz y armonía para la humanidad… espero que nunca nada ni nadie pueda apropiarse de su música, ni opacar su brillo.

GRACIAS MUCHACHOS! Sigan tocando y luchando!!!!

Pura locura, puro disfrute

Publicado originalmente en el diariovasco.com el 23-04-09

María José Cano

Dudamel quiso ceder el protagonismo a sus músicos

Dudamel quiso ceder el protagonismo a sus músicos

Fue una locura de principio a fin, un absoluto disfrute. La visita de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar a Donostia se convirtió en una firme demostración de que la música está hecha para comunicarse, para vibrar, para soñar, y es casi imposible imaginar un tándem mejor que el formado por Gustavo Dudamel y su conjunto para conseguirlo. Por eso, el encuentro de ayer fue un torbellino que atrapó y embriagó a todo el auditorio en una deliciosa locura. El cocktail que lo hizo posible fue claro y evidente. Un maestro con grandes ideas, generoso y volcado en una agrupación capaz, dúctil y entregada unidos por la energía de la juventud y el amor por la música.
El programa que permitió percibir todas estas sensaciones fue casi lo de menos. Habrá quizá también quien se permita decir que la lectura que realizaron del Daphnis et Chloé que abrió el concierto no resultó totalmente adecuada. Probablemente no fue perfecta, sobre todo en su Amanecer inicial. Pero no importó. La orquesta se mostró todo lo seductora que Ravel impone en su partitura y fue a más hasta llegar a una Danza final apoteósica en la que Dudamel dejó muy claro su dominio de los reguladores con unos crescendo de cortar la respiración y una flexibilización del tempo absolutamente arrolladora.
Como era de esperar, la agrupación venezolana brilló de forma especial en Santa Cruz de Pacairigua de Castellanos, una obra llena de la misma energía que sus intérpretes. Todo el ritmo, el color, el mosaico de temas, las superposiciones de éstos y en definitiva, todo el sentido de la obra, llegó sin ninguna fisura. El director, muy distinto a su anterior concierto en octubre con la Orquesta de Gotemburgo -esta vez quiso dar todo el protagonismo a sus chicos- les dejó tocar a placer y les brindó los aplausos del público que ya se había rendido al ciclón.
Es fácil suponer cómo sonó la Cuarta de Tchaikovksy, una sinfonía que habla del destino, pero que finaliza con el cuadro de una fiesta popular. Dudamel buscó los silencios, estrujó los tutti y unos pianissimos impensables para una orquesta de más de 130 músicos creando un inimaginable clímax que sólo se rompió con un fuerte ¡bravo! lanzado por el público del Kursaal al unísono.
La mayoría de los asistentes se dejó las manos en una fuerte ovación, ya en pie, hasta arrancar la propina que circula por Youtube, un mambo tocado y bailado en una pura locura.

Gustavo Dudamel y la Simón Bolívar cautivan al Auditori con obras latinoamericanas y Chaikovski

Publicado originalmente en elperiodico.com de Barcelona el 25 de abril de 2009
CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

Exaltación de la música desde el sentimiento. Proyección del espíritu del sistema creado por José Antonio Abreu en Venezuela. Intérpretes que desarrollan con energía juvenil toda la creatividad forjada desde un trabajo de base, del que la Orquesta Simón Bolívar es la punta del iceberg. La formación, magistralmente dirigida por el carismático Gustavo Dudamel surgido de la misma cantera, exhibió el jueves en el Auditori todo un despliegue de garra, talento y fuerza sonora.
Una fiesta, un delirio, una clamorosa celebración compartida por el público más entusiasmado que hemos visto en los últimos años. Y también una reflexión sobre cómo renovar los conciertos de la clásica para atraer nuevos adeptos, ya que Dudamel y los suyos dieron una lección de cómo comunicar la música.
El director fue recibido casi como una estrella del pop. Banderas venezolanas y la presencia de jóvenes espectadores, que no dudaban en romper el ritual de la clásica aplaudiendo durante las pausas de los movimientos, crearon una atmósfera diferente. Pero el silencio emocionante con el que se siguió el repertorio no deja lugar a dudas sobre el impacto que provocó la interpretación de las obras ofrecidas.
La primera parte tuvo color latino. Piezas cortas, pero de gran intensidad. Sensemayá (Canto para matar una culebra) del mexicano Silvestre Revueltas, inspirada en el poema de Nicolás Guillén sobre los ritos de los negros en Cuba, nos trasladó como en un bolero raveliano a los ritmos de los rituales afroamericanos. 
Siguió la paisajística Mediodía en el llano, suite de Antonio Estévez con la soledad de fondo, ySanta Cruz de Pacaraigua, de Evencio Castellanos
–ambos venezolanos–, un poema sinfónico repleto de resonancias folclóricas que consiguió poner de pie al público, antes de llegar a la Cuarta de Chaikovski. Esta sinfonía sobre los imperativos del destino que acaba, como el concierto, con una fiesta popular fue interpretada con gran fuerza y delicada sutileza en el pizzicato.
Música popular con dos bises de locura. Especialmente el dedicado al mambo, con los músicos bailando sobre el escenario y jugando con los instrumentos. Delirio total en una platea que casi se viene abajo.

Tchaikovsky con sabor a Gaudí

Por: Osvaldo Burgos

Barcelona, 23-04.09.-Luego de 3 semanas de gira, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar se entregó hoy al público catalán, dejando un dulce sabor en la boca de los asistentes a L’Auditori de Barcelona.

La Melodía en el Llano, de Antonio Estevez representó el momento más sublime de la noche. Foto: Osvaldo Burgos

La Melodía en el Llano, de Antonio Estevez representó el momento más sublime de la noche. Foto: Osvaldo Burgos

La primera obra ejecutada por los venezolanos fue Sensemayá de Silvestre Revueltas. Esta fue suficiente para que el público se animara. Luego interpretaron la Melodía en el Llano de Antonio Estevez, creando en la sala un delicado ambiente que generó una gran ovación ya que su ejecución fue simplemente sublime. Finalmente, para cerrar la primera parte del concierto, las notas de la suite sinfónica Santa Cruz de Pacairigua llenaron la Sala Pau Casals de L’Auditori, evocando imágenes de la múltiple y diversa cultura venezolana.

En la Segunda mitad del concierto, la orquesta interpretó la 4ta Sinfonía de Tchaikosvski. Llamó la atención la manera particular con la que Gustavo Dudamel dirigió los pizzicatos del tercer movimiento, usando sólo las expresiones de sus cejas. Las cuerdas en pleno disfrutaron esta noche mientras reían en silencio por la forma de conducir de su director.

El allegro del último movimiento, definitivamente fue con fuoco. Una explosión de percusión con la orquesta en pleno electrizó a la audiencia desde el principio hasta el final. La ovación posterior fue de pie y bastante larga. El público se mantuvo aplaudiendo por casi 10 minutos, hasta que la orquesta tocó el Mambo de Bernstein y el Malambo de Ginastera, con los acostumbrados bailes de los músicos.

En el medio del mambo, una viola rodó por el suelo por la efusividad con que su ejecutante le daba vueltas mientras ejecutaban la coreografía. Inmediatamente un miembro de la audiencia que se encontraba en primera fila, la recogió y se la devolvió a su dueña.

Al terminar el concierto el público salió del teatro muy satisfecho. Algunos venezolanos presentes se quedaron con las ganas de escuchar el Alma llanera.

Terminó de esta manera la etapa española de la gira. A la orquesta le queda sólo una presentación por hacer para volver a Caracas, en Lisboa, el 25 de abril.

Todos con Dudamel

Publicado originalmente en diariovasco.com el 22-04-09
El director venezolano Gustavo Dudamel vuelve hoy al Kursaal en el concierto del año con la orquesta que le ha encumbrado, la Simón Bolívar 
Las entradas se agotaron en horas, algo sólo comparable a otros fenómenos como el de la mezzosoprano Cecilia Bartoli, o a conciertos de otros géneros como el pop o el rock. No es habitual que la música clásica levante la expectación de espectáculos como los que ofrecieron en Donostia U2 o Bruce Springteen, o el más reciente de AC/DC en Bilbao. Pero Gustavo Dudamel se ha convertido en uno de los nombres más rentables de un mundo, el clásico, que al igual que otros, necesita de estrellas. De hecho, hoy llega a San Sebastián tras pasar como un ciclón por el Auditorio Nacional de Madrid y por Valencia.
Y credenciales no le faltan. Gustavo Dudamel reúne todos los ingredientes necesarios para conquistar a melómanos y recién iniciados. Basta buscar su nombre en youtube y ver cualquiera de sus conciertos para constatar su valía como maestro, su técnica y musicalidad y, sobre todo, su capacidad de comunicación. Las mostró en su primera y anterior visita a Donostia en octubre, con una magnífica orquesta sueca, la de Gotemburgo, que aunó pulcritud y disciplina nórdicas con un espíritu latino que surgió de las manos del director y embrujó al público. Esta tarde llega con la esperada Joven Orquesta Simón Bolívar, referencia principal del programa de la Fundación del Estado para el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Con los mejores
Nacido en 1981 en Barquisimeto (Venezuela), Gustavo Dudamel se dio a conocer tras ganar el concurso Gustav Mahler en 2004. Empezó estudiando violín y en 1996 comenzó sus estudios de dirección, siendo nombrado director musical de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar tres años después. Pero fue a raíz de ganar el citado concurso hace cinco años, cuando su carrera despegó de una forma increíble. Encontró el apoyo de los más grandes. Claudio Abbado, Daniel Barenboim y Simon Rattle se rindieron a sus pies y le animaron a dirigir con ellos. Enseguida llegó un contrato exclusivo con Deutsche Grammophon, e invitaciones para actuar en los mejores escenarios. Los BBC Proms de Londres desataron la locura. Hoy en día es director musical de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo, desde otoño de este año será titular de la Filarmónica de Los Angeles y cumplirá una década como líder de la Simón Bolívar. Es, en la actualidad, uno de los mejores del mundo.
Detrás de este maestro, dotado de una energía única, hay un joven que afirma preocuparse por la gente, que valora la lealtad o la perseverancia y que declara que su ocupación favorita es hacer amigos. Gabriel García Márquez o Gustavo Adolfo Becker se encuentran entre sus escritores preferidos, sin olvidar a Pablo Neruda, y destaca a Dalí como pintor. Su lema es el que aparece en El Principito de Antoine de Saint Exupery, «lo esencial es invisible a los ojos».
En su página web cita la salsa, el merengue, los boleros, los danzones, el folclore suramericano, el jazz y el rock and roll como la música que más le gusta. Prueba de su ecléctico gusto es la inclusión en sus programas de obras poco habituales en los escenarios, con una importante presencia de autores latinoamericanos. Hoy hará una demostración de esta variedad con la Suite nº 2de Daphnis et Chloé de Ravel, Santa Cruz de Pacairigua de Evencio Castellanos y la Sinfonía nº 4 en fa menor, op. 36 de Tchaikovsky.
Un sistema eficaz
José Antonio Abreu es un nombre que no puede olvidarse si se habla de la Orquesta Sinfónica de la Juvntud Venezolana Simón Bolívar. Él fue el fundador de un proyecto que le ha valido el último Premio Príncipe de Asturias. Este programa pedagógico involucra a unos 250.000 miembros a través de todo el país y cuenta con agrupaciones pre-escolares, para niños entre 4 y 6 años de edad, casi un centenar de orquestas de niños de 7 a 16 años y más de 130 juveniles formadas por instrumentistas de 16 a 20 años. A todos ellos hay que añadir una treintena de orquestas sinfónicas profesionales de adultos.
El conjunto que hoy visita el Kursaal está formado por más de 200 jóvenes con edades entre 12 y 26 años. Dentro del programa académico desarrollado por Abreu participan instituciones como la Filarmónica de Berlín o la Academia Sibelius de Finlandia y directores como Rattle o Abbado. Gustavo Dudamel dedica seis meses al año a trabajar con ellos.A día de hoy, la Simón Bolívar ha tocado en las mejores salas y festivales del mundo, desde los BBC Proms de Londres a Los Ángeles o el Carnegie Hall, además de realizar giras por toda Europa, China, Corea o Japón. Hoy por primera vez actuará en San Sebastián.
«Es un referente»
Otro director guipuzcoano que rige una orquesta de jóvenes, Juan José Ocón, comparte la opinión de Iker. «Aparte de que es grandísimo, Dudamel ha hecho un trabajo único en Venezuela. Es un talento lleno de energía y todos sus conciertos terminan con algo gigante o gracioso, como las danzas del West Side Story que circulan por youtube y que están llenas de color en todos los sentidos». Para Ocón, la fama de Dudamel y su orquesta se debe principalmente «a la unión de la emotividad propia de un conjunto de jóvenes con el nivel de la mejor orquesta profesional. Además hay un tándem genial formado por esos músicos con talento y Dudamel, que es comparable sólo a grandes maestros como Lorin Maazel. Estoy seguro de que si hubieran tocado toda la semana habrían llenado».
La donostiarra Maite Garciandía, gran aficionada a la música, también comparte su admiración por Dudamel. «Es todo pasión. Vive la música, la transmite. Para mí merece la fama que tiene precisamente por esto». Garciandía es abonada de Cultura Musical y gracias a eso ha tenido acceso a las entradas sin problemas. «Lo escuché con la Orquesta de Gotemburgo y no había visto nunca nada igual, a nórdicos tocando con tanta emoción. Por eso ahora estoy segura de que me van a contagiar su pasión».

En Madrid no se rompió el protocolo

Osvaldo Burgos

Madrid, 21 de abril de 2009.- La presencia de la Reina Sofía, la Princesa Letizia y la Princesa Irene de Grecia, requirió de un protocolo particular en el concierto de anoche en Madrid. Las chaquetas tricolor tuvieron que esperar guardadas para el concierto de esta noche en Valencia.

La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar recibe el aplauso de los asistentes en la Sala Sinfónica de Auditorio Nacional en Madrid

La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar recibe el aplauso de los asistentes en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional en Madrid - Foto: Osvaldo Burgos

La orquesta estuvo a la altura. Comenzaron su presentación con la Suite Nº 2 Dafnis y Cloe de Maurice Ravel. Luego llenaron la sala de sonidos venezolanos, con su indudable mezcla negra, india y española, ejecutando la suite sinfónica Santa Cruz de Pacairigua de Evencio Castellanos. El público fue muy efusivo aunque estuvo un poco contenido, quizas por la presencia real en el auditorio.

Luego del receso, los músicos venezolanos regresaron con la 4ta Sinfonía de Tchaikovsky. Es una obra que la orquesta prácticamente la ejecuta de memoria. Días antes, en una rueda de prensa en Londres, Dudamel recordaba cómo muchos de los que hoy están en la orquesta juvenil la tocaron completa cuando tenían apenas entre 10 y 12 años siendo miembros de la Orquesta Infantil de Venezuela. La han tocado muchas veces y cuando lo hacen, la sienten. Forma parte de su vida musical.

Esta vez no fue diferente, la llevan debajo de la piel. Al terminar el primer movimiento, muchas personas no pudieron contener sus aplausos, aunque los acallaron de inmediato. No obstante, la nota discordante la pusieron algunos asistentes que a pesar de su tos incontenible no abandonaron la sala. Entre el segundo y el tercer movimiento, el ataque de tos fue colectivo y el director tuvo que esperar para comenzar a tocar. Problemas del polen y la primavera.

Al terminar la sinfonía, la explosión de aplausos fue enorme. El público quedó muy complacido. Después de 6 minutos de aplausos, comenzaron el encore con el ya clásico Mambo de Bernstein y luego interpretaron el Malambo de Ginastera. Ninguno se subió a las sillas aunque sí bailaron y movieron sus instrumentos.

Concierto en Barcelona, España

Lugar: Sala Pau Cassals de L’Auditori. Barcelona, Cataluña.
Más información: L’Auditori

Programa:
Dimitri Shostakóvich:Sinfonía No. 5
Música sinfónica de América Latina
Hora de Inicio: 21:00
Fecha: 23-04-2009

Concierto en San Sebastian, España

Lugar: Sala Kursaal. San Sebastián, País Vasco.
Más información: Sala Kursaal

Programa:
Por definir
Hora de Inicio: 20:00
Fecha: 22-04-2009

Concierto en Valencia, España

Lugar: Palau de la Música
Más información: Palau de la Música de Valencia

Programa:

Dimitri Shostakóvich: Sinfonía nº 5 en re menor, op. 47.
Repertorio latinoamericano

Hora de Inicio: 20:15
Fecha: 21-04-2009

Concierto en Madrid

Lugar: Sala Sinfónica del Auditorio Nacional
Más información: Auditorio Nacional de la Música

Programa:
Piotr Ilich Tchaikovsky: Sinfonía No. 4
Maurice Ravel: Daphnis et Chloé
Hora de Inicio: 19:30
Fecha: 20-04-2009

Venezuela ‘exporta’ a EE UU su sistema de orquestas juveniles

El modelo de José Antonio Abreu se implantará en zonas como el Bronx

Publicado originalmente en el diario El País

JESÚS RUIZ MANTILLA (ENVIADO ESPECIAL) – Nueva York – 03/12/2008

El Maestro José Antonio Abreu - AP

El Maestro José Antonio Abreu - AP

El maestro José Antonio Abreu y su Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela constituyen el símbolo hacia el que todos los intérpretes, compositores, gestores culturales y educadores del mundo miran para hacer sobrevivir un género que hace años languidecía peligrosamente. El éxito de su modelo venezolano -que enseña ahora mismo a 265.000 niños y jóvenes, en su mayoría procedentes de familias sumidas en la pobreza- ha sido rotundo. Pero Abreu no se conforma con implantarlo en su país: quiere exportarlo fuera de sus fronteras. Por eso ha aprovechado el final de su gira por España y Estados Unidos para bautizar un ambicioso proyecto que se materializará a lo largo de los próximos dos años.

La máquina del idealismo encarnada en este hombre imparable comienza a recoger sus frutos a escala internacional en lo que supone toda una exportación del fenómeno a Estados Unidos. Si Europa -con la vista de directores como Claudio Abbado y Simon Rattle- miró ya hace tiempo a Venezuela como el lugar desde donde se daría nuevo vigor al legado de Bach, Mozart, Beethoven o Mahler, EE UU también ha visto en el sistema de José Antonio Abreu una piedra angular sobre la que girar. No es casual que Gustavo Dudamel, la estrella más prometedora del milagro venezolano, esté a punto de tomar, a sus 27 años, el mando de la Filarmónica de Los Ángeles.

Jóvenes del Sistema Nacional de Orquestas - AP

Jóvenes Músicos del Sistema Nacional de Orquestas - Alfredo Cáliz

Desde allí, este brillante músico liderará los postulados del sistema Abreu en California, con la implantación en barrios marginales latinos de la enseñanza musical que él mamó. Pero no es el único foco donde el modelo se va a imponer. El conservatorio de New England ha pedido su asesoramiento. Omar Guerra se ha trasladado a vivir a Florida para impulsarlo allí y trabar proyectos con la New World Symphony de ese otro agitador que es Michael Wilson Thomas. En Nueva York, junto a los responsables del Carnegie Hall, Abreu empieza a poner sus semillas en Harlem y el Bronx. Ya existe toda una estrategia coordinada por Susan Siman, una de las ideólogas académicas del sistema y directora del núcleo de Montalbán (Caracas).

“Han ido surgiendo cosas por libre en Estados Unidos, pero todo ha dado lugar a una dinámica y a unos frutos crecientes. En Estados Unidos, parece que el sistema se va a extender ampliamente”, comentaba el propio Abreu el lunes por la noche en el Carnegie Hall. “Nuestra metodología en el fondo es la de todo el mundo, con una excepción importante: impulsamos la práctica orquestal desde el principio, porque crea una dinámica de superación individual y de grupo fundamental”, añade el compositor venezolano.

El creador del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela -último Príncipe de Asturias de las Artes- ha conquistado Nueva York de la mano de 100 músicos clásicos jóvenes iberoamericanos, los soldados mejor preparados para abrir esa profunda brecha idealista. El martes triunfaron en el Carnegie Hall con la Quinta de Chaikovski y el Primer concierto para piano y orquesta de Brahms. Hoy se preparan para tomar Miami.

Lo cierto es que Abreu ha encontrado en Nueva York padrinos de lujo. La hija de Leonard Bernstein, Jamie Bernstein, les introdujo ante un público entre el que había críticos neoyorquinos de referencia, músicos de la New York Philarmonic y agentes internacionales de peso. Después tuvieron tiempo de celebrarlo en casa del creador de West Side Story, donde su hija montó una fiesta por todo lo alto para agasajar a Abreu. “Cuando vi a aquellos jóvenes en un vídeo de YouTube interpretar el mambo de mi padre, sentí que él no estuviera en mis direcciones de correo electrónico para podérselo enviar”, comentaba la hija de Bernstein antes del concierto en el Carnegie Hall. “Así es como él quería que se viviera su música”, añadía.

El de Abreu y su proyecto es un camino sin retorno, una aventura que no tiene vuelta atrás. Una aventura puesta en práctica sobre el escenario por músicos entusiastas que creen sin fisuras en la filosofía de este hombre visionario e impulsor de la música como arma de transformación social. Entre ellos sobresale una amplia mayoría de jóvenes músicos procedentes sobre todo de la Joven Orquesta Nacional de España (Jonde), que ha dado un giro en sus planteamientos, según reconoce su director artístico José Luis Turina, y ha unido a su objetivo de perfeccionamiento musical las labores de compromiso.

Pablo Mielgo, de 32 años, la dirige estos días con una elegancia y un vigor admirables y Javier Perianes, nuevo talento del piano ya más que prometedor, sobresalen entre una cantera muy preparada e ilusionada con el nuevo proyecto. En el Carnegie Hall, los dos tomaron entusiasmados posesión de unos camerinos no aptos para mitómanos. “En esta habitación han calentado Gigels o Horowitz, alucinante”, comentaba Perianes. “Eso es justo lo que no debemos pensar”, le rebatía Mielgo, aunque, de pronto, recordaba: “Chaikovski estrenó aquí su Quinta sinfonía y certificó que su música gustaba más en Estados Unidos que en Rusia”.

Ambos se han colocado al frente de un grupo tan heterogéneo como vibrante que culmina hoy una gira agotadora por España -actuaron en Madrid, Huelva, Valladolid y la cárcel de Soto del Real, coordinados con el Teatro Real- y Estados Unidos. El gran núcleo lo forman músicos de entre 17 y 25 años de la Jonde, junto a intérpretes de la Simón Bolívar de Venezuela o de la New World Orchestra.

El milagro Abreu continúa tomando cuerpo. Nadie duda ya de que este hombre que comenzó su apostolado hace más de 30 años en un garaje de Caracas es hoy el gran profeta de la música clásica actual en el mundo.Los venezolanos, junto a la Jonde española, actuaron en el Carnegie Hall Gustavo Dudamel impulsará el ‘modelo Abreu’ desde Los Ángeles

Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008

El Sistema Nacional de Orquestas juveniles e infantiles de Venezuela fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en su edición del 2008 el pasado 24 de octubre.

Agradecemos a A. Jaimes y a D. Valero por facilitarnos este material audiovisual.

Gustavo Dudamel: “Me encantaría dirigir la orquesta del Teatro Real”

Publicado originalmente en el diario El País

El músico dedica una espectacular y sobrecogedora segunda sinfonía de Mahler a los premiados con el Príncipe de Asturias y bromea acerca de su futuro

JESÚS RUIZ MANTILLA – Oviedo – 24/10/2008

Gustavo Dudamel dirige un ensayo de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar - Paco Paredes

 

La música de la Sinfónica Simón Bolívar explotó ayer en Oviedo como homenaje a todos los premiados con el Príncipe de Asturias de este año. La que hoy por hoy puede ser la orquesta más dinámica, fresca y enérgica del mundo clásico iluminó con la Sinfonía número 2 de Gustav Mahler, dirigida por ese prodigio que es Gustavo Dudamel, el preludio de una fiesta que concluye esta tarde con la entrega de los galardones en el teatro Campoamor.

Casi todos ellos, presentes junto a don Felipe y doña Letizia en el Auditorio, agradecieron el gesto de ver a 180 jóvenes venezolanos, salidos del sistema de orquestas creado hace casi 40 años por José Antonio Abreu. Ante 2.000 personas, ataviados con la bandera de Venezuela, ofrecieron un concierto sobrecogedor y bordaron las notas de una sinfonía grandiosa. “Es nuestro regalo, sobre todo para el maestro Abreu, a quien una vez le oí la mejor versión que he escuchado nunca de esta pieza”, contaba Dudamel, de 27 años, antes de ponerse en mangas de camisa a dirigir un ensayo.

El concierto había creado una expectación enorme que fue recompensada con el público puesto en pie y el regalo final de la interpretación del himno de Asturias. Las entradas se agotaron hace meses y la poderosa magia musical que despiden estos jóvenes demostró por qué la organización de Abreu, que enseña hoy música a 265.000 venezolanos, merece como pocos el Premio de las Artes. La devoción que sienten los chicos por su figura es grande: “Además, esta sinfonía tiene un hondo significado, es la Resurrección, lleva un gran mensaje humanístico de fe y esperanza. El maestro se la merece, nos dio la vida”, comentó Dudamel.

Una vida, en su caso, de auténtica estrella de la música mundial y que le llevará de gira por España la próxima semana. A Dudamel se le ve hoy como auténtico resucitador de un género, el sinfónico sobre todo, que languidece en el mundo occidental y crece en otras latitudes. Tanto que resulta un nombre codiciado para dirigir orquestas y teatros de ópera en Estados Unidos y Europa.

De hecho, como el británico Daniel Harding, de 33 años, también ha sido tanteado por el Teatro Real de Madrid para sustituir a Jesús López Cobos en 2010. Fue algo a lo que Dudamel, ayer, en Oviedo, no cerró la puerta. “Por el momento, ando fuera de juego por tantos compromisos. En 2009 empiezo en la Filarmónica de Los Ángeles, sigo en la Simón Bolívar y también tengo la de Gotemburgo, en Suecia. Mi problema es el tiempo, veremos qué dice el tiempo, pero me encantaría ir a Madrid. Ahora no puedo decir sí o no, es un proceso que debemos estudiar”, anunció antes de subirse al podio.

La alegría del director era explosiva. Viajó a Oviedo para estar un solo día junto a los suyos, ofrecer el concierto y marcharse. Allí le esperaban sus compañeros de infancia y juventud en la música. También su padre y su hermano, y sobre todo Abreu, que le agradeció el regalo. El compromiso de este talento joven con las orquestas de su país es irrompible: “Ahora quiero ayudar al maestro en su sueño de crear un sistema de orquestas mundial con su método”. Un sueño que continuará en la próxima cumbre iberoamericana en la que será presentada la primera orquesta de ese ámbito impulsada por Abreu.

El germen se expande. El sueño crece y ya se ha copiado en 23 países iberoamericanos, además de otros europeos y asiáticos. No es una cuestión exclusivamente artística la que persiguen: “El sistema trata de formar ciudadanos conscientes de sus deberes con la sociedad. Para eso sirve la música. Sensibiliza la vida en comunidad”, afirma Dudamel.

Cierre de la Semana de la Música en Oviedo

Diego Matheuz dirige a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar como cierre de la Semana de la Música en Oviedo luego de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias.

Sala:
Auditorio Príncipe Felipe. Oviedo, España

Programa:
Piotr Ilyitch Tchaikovsky: Sinfonía N° 5
Evencio Castellanos: Santa Cruz de Pacairigua
Arturo Márquez: Danzón N° 2 de
Leonard Bernstein: Mambo de la suite West Side Story
Alberto Ginastera: Malambo del ballet La Estancia

Fecha: 25/10/2008

Concierto de Gala de los Premios Príncipe de Asturias

Gustavo Dudamel dirije a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, y la Coro de la Fundación Príncipe de Asturias con la participación de las solistas Magda Nieves (soprano) y Hadar Halevy (mezzosoprano).

Sala: Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo.

Programa:
Sinfonía Nº2 de Gustav Mahler (Resurrección)
Fecha: 23/10/2008

Abreu y la música como tabla de salvación

ANTONIO LUCAS. Enviado especial

Publicado originalmente en el diario español El Mundo

OVIEDO. – El esqueleto breve y frágil de José Antonio Abreu (Valera, Venezuela, 1939) es una estructura que no advierte de la fuerza de su propietario. Aparece Abreu con maneras de galápago y, al minuto, desata un discurso firme, casi titánico, con la música y el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela como eje.

Abreu es economista (con master en rendimiento del petróleo), y organista, y compositor. Pero, sobre todo, es el creador e impulsor de la red pedagógica que estableció Venezuela hace 37 años para propiciar con la música la reinserción de los adolescentes socialmente más desfavorecidos. «Las orquestas han terminado siendo un orgullo para los barrios, las aldeas, los pueblos en los que están. Todo el entorno comunitario y vecinal se ha integrado en este fenómeno que tiene para nosotros un objetivo claro: potenciar la educación», afirmó ayer en uno de los salones del Hotel Reconquista de Oviedo.

El próximo viernes, Abreu recibirá el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Un galardón que se suma en este año al prestigioso Premio Yehudi Menuhin y que él entiende como estímulo necesario y generoso para seguir ensanchando el largo proyecto de las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. «La música rescata a todos esos muchachos con situaciones muy adversas en sus vidas. Los redime y los convierte en alguien necesario para todos», explica. «Además, la pedagogía también está a cargo de nuestros jóvenes, que muestran una muy profunda vocación… digamos apostólica».

Casi 300.000 niños y jóvenes, repartidos en 170 formaciones, dan cuerpo a este programa que se conoce en Venezuela como El Sistema. «Nuestro objetivo es crecer hasta el millón de alumnos y docentes». De entre todos ellos sobresale el violinista y director de orquesta Gustavo Dudamel, de 27 años, designado en 1999 como responsable de la Sinfónica Simón Bolívar. Una agrupación que cuenta entre sus filas con 240 músicos de entre 14 y 29 años. «Dudamel es un chico de un excepcional talento. Con gran capacidad de estudio. Y, a pesar de su vertiginosa trayectoria internacional, no ha perdido en absoluto el contacto con Venezuela. Su estela está generando una serie de nuevos directores y músicos que lo siguen y lo asisten. Es un ejemplo excelente». Y, de hecho, su presencia al frente de la Simón Bolívar -que mañana ofrecerá un concierto-, suena ya como uno de los actos más esperados de la XVII Semana de la Música de Oviedo.

Abreu no duda al hablar. Tiene una rotundidad de flaco que ha librado muchas batallas por hacer de la música un ingrediente social imprescindible, una estrategia de crecimiento. «Ante todo, están las prioridades sociales», dice al ser consultado sobre cómo la crisis global podría hacer flaquear el proyecto. «Estamos implantados en 10 provincias de nuestro país y terminaremos llegando a todas. Contamos con la complicidad de la sociedad civil y el decidido apoyo del gobierno».

En el esfuerzo de sacar adelante esta iniciativa, destaca la colaboración de España a través de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, que dirige Paloma O’Shea. El próximo objetivo del infatigable José Antonio Abreu es poner en marcha la Orquesta Juvenil Iberoamericana, arrancando un compromiso firme de los jefes de Estado.

Noche mágica

CARLOS GALLEGO BRIZUELA – Valladolid – 29/01/2008

Publicado originalmente en el diario El País

Lo que vimos el viernes en Valladolid fue mucho más que un concierto. Los jovencísimos intérpretes de la venezolana Orquesta Simón Bolívar tocaban casi de memoria, sin apenas consultar sus partituras, con una perfección asombrosa. Fue una noche mágica que terminó con una explosión de entusiasmo y de alegría en la que participamos todos cuando nos regalaron las danzas de Bernstein y se levantaban coreando el mambo, izando sus instrumentos y bailando entre ellos.

Pero, por encima de todo, fue la celebración de la fe en la condición humana, la misma que demostró a través de esos muchachos su capacidad para modificar la trayectoria de unas vidas condenadas a la ignominia de la pobreza, de la delincuencia y del hambre, llevándolos hasta los territorios de la dignidad y de la esperanza. Y fue también el desenmascaramiento de la mentira de la razón económica vigente, cuyas brumas de fatalidad tras la que progresan la barbarie y la injusticia fue disolviendo Gustavo Dudamel con los mágicos movimientos de su maravillosa batuta.

Divino tesoro

CARLOS GOMEZ AMAT

Publicado originalmente en el diario español El Mundo

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar./ Director: Gustavo Dudamel./ Obras de Stravinski y Chaikovski./ Escenario: Auditorio Nacional./ Fecha: 27 de enero.

Calificación: ***

MADRID.- Una voz que venía, desde el otro lado del Atlántico, a renovar la poesía en lengua española, nos habló de la juventud como un divino tesoro. Y lo es, efectivamente, cuando va acompañada del impulso vital y de la alegría. No cuando sus guardianes son la miseria y la sombra. Estos jóvenes venezolanos -algunos niños- nos confirman ese resplandor juvenil que ilumina lo que se plantea con inteligencia y visión de futuro. Un ejemplo de esas virtudes es el ejemplar Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que puede servir de guía para todo el mundo. Se debe al esfuerzo del benemérito José Antonio Abreu, compositor, clavicembalista, director y economista.

La Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar es una espléndida realidad que, en esta ocasión, ha obtenido un éxito ruidoso, desbordado y sincerísimo. El nutrido conjunto, un verdadero ejército sonoro conducido por el entusiasmo, nos muestra lo que se puede hacer cuando la música, como primerísimo elemento cultural, se pone al servicio de una acción social. Los jóvenes venezolanos, redimidos de todo mal, se entregan a su labor y nos convencen. Una gran parte de su triunfo se debe al también joven director -fruto del mismo movimiento- llamado Gustavo Dudamel, que está haciendo una gran carrera internacional, gracias a su técnica impecable, su gesto preciso y su amor apasionado al arte que llena su vida.

Quizá por buscar el deslumbramiento inicial, se falta el respeto al orden cronológico y se comienza con La consagración de la primavera, para ofrecer luego la Quinta de Chaikovski. Arrollador Stravinski. Qué joven se conserva Stravinski ante unos vanguardistas que llegaron después y que se han hecho viejecitos. Luego, la emocionada corriente romántica de Chaikovski, transmitida con fidelidad y convicción. Solamente, como pequeña solicitud, le pediría al estupendo trompa solista que no diga su parte como silabeando, que deje fluir la melodía. Ya lo he dicho: un sonoro triunfo y, como luminoso regalo, la breve fiesta de todos con bulliciosa participación visual.

Deseamos que vuelvan Dudamel y los suyos. Que sigan con su eficaz lección de lo que se puede hacer con la música, no sólo en lo artístico, sino en el beneficio de la sociedad. Dominan el repertorio y lo demuestran. Sólo falta que se empeñen en difundir la música de su hermoso país y todo su mágico continente. Es un deber sagrado. Que no sigan el ejemplo de un excelente pianista español que lo que quiere es ir a Varsovia a tocar Chopin. Debemos cuidar los grandes campos del arte universal, pero también nuestros huertos, aunque a algunos intérpretes equivocados les parezcan modestos. No lo son.

Volved pronto, compañeros

J. Á. VELA DEL CAMPO 28/01/2008

Publicado originalmente en el diario El País

En clima de apoteosis culminó ayer en el Auditorio Nacional de Madrid la gira por España de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar dirigida por Gustavo Dudamel. Asistieron al concierto la hermana del Rey, doña Pilar de Borbón, y su hija, Simoneta Gómez Acebo, un gesto que va a tener sin duda una gran resonancia popular en Venezuela.

Venían los músicos de Zaragoza, donde pusieron en pie una primorosa versión de la Séptima, de Beethoven. En Madrid comenzaron con La consagración de la primavera, de Straviski. De cortar la respiración. Fue una versión de una fuerza rítmica escalofriante, empastada al límite y con un sentido estructural sin fisuras. Dudamel controló hasta el más mínimo detalle de las matizaciones y contrastes, pero además infundió una energía salvaje al conjunto. La orquesta respondió con una concentración, unidad y técnica admirables. Después revalidaron su maestría en Chaikovski. Es hasta justificable que se rompiera el protocolo de silencio tras el segundo movimiento de la Quinta, dada la hermosura de su realización. El mambo de propina encendió a la sala.

La gira por Oviedo, Valladolid, Zaragoza y Madrid de Dudamel y sus músicos ha sido un acontecimiento. La música recupera con ellos una alegría de vivir irresistible. Que tanta belleza salga de un proyecto social es algo para pensar muy seriamente. José Antonio Abreu, fundador del Sistema de orquestas infantiles y juveniles, nos ha dado una lección impagable. Por favor, volved pronto, compañeros.

Concierto en Madrid

Gustavo Dudamel dirige la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar

Sala: Auditorio Nacional de Madrid. España.

Programa:
Igor Stravinski: La Consagración de la Primavera
Piotr Ilich Tchaikovsky: Sinfonía Nº 5
Encore:
Leonard Bernstein: West Side Story – Mambo

Fecha: 27/01/2008