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El Ensamble de Metales de la Sinfónica Simón Bolívar tocó en la OEA

Como parte de la sesión especial de la Organización de los Estados Americanos con motivo del homenaje al Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, el Ensamble de Metales de la Sinfónica de la Juventud, brindó un concierto de 45 minutos, el cual quedó registrado en el video que ofrecemos a continuación, cortesía de la oficina de prensa de la OEA.

 

Programa: 

  • Overture Music for the Royal Fireworks
    00:27 (Georg F Haendel 1685-1759),
  • Gran Fanfare
    07:53 (Giancarlo Castro D`Addona 1980),
  • The Arrival of the Queen of Sheba
    17:31 (Georg F Haendel),
  • Grand March from Aida
    22:08 (Giuseppe Verdi 1813-1901),
  • Guerra de Secciones
    33:14 (Félix R. Mendoza),
  • I Got Rhythm
    40:46 (George Gershwin 1898-1937),
  • Alma Llanera
    45:24 (Pedro E. Gutierrez 1870-1954).

Lágrimas de alegría en D.C.

Publicado originalmente el 8-4-2009 en elsistema.org por Olivia Liendo

Gustavo Dudamel daba ayer una entrevista en un salón de la Organización de Estados Americanos. Hablaba de cómo la primera vez que vino a Washington D.C. fue en la primera gira de la Sinfónica Juventud Venezolana Simón Bolívar cuando tenía 13 años. Decía que en esa época corría de un lado a otro junto a sus amiguitos músicos, jugaban entre los ensayos en unos salones que se veían grandísimos y empezaban a tener “noviecitas”- hacía sólo un año desde la primera vez que había agarrado una batuta -. Afirmaba que no, que nunca se imaginó que volvería a la ciudad para dirigir a los mismos muchachos, algunos ya casados, algunos ya adultos. 

Cuando terminó la entrevista su abuela, la señora Engracia, lloraba copiosamente sentada en un lateral de la sala. “ ¿Por qué llora, abuela?”, le preguntó Gustavo. “Porque me acuerdo”, contestó la señora, quien no sólo lo llevó a las clases de música desde que él tenía seis años, sino que fue una de las representantes que viajó a Washington en esa oportunidad, para cuidarlos. Pero la señora Engracia no lloraba sola, todos los presentes en el hermoso salón, trabajadores del sistema que los han acompañado por más de una década, también se estrujaban los ojos (Leer artículo completo en elsistema.org)