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Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008
Nov 30
El Sistema Nacional de Orquestas juveniles e infantiles de Venezuela fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en su edición del 2008 el pasado 24 de octubre.
Agradecemos a A. Jaimes y a D. Valero por facilitarnos este material audiovisual.
El Teatro Real también se lanza al cortejo de Gustavo Dudamel
Oct 24
El director venezolano, que mañana recibirá el Premio Príncipe de Asturias, aplaza a un futuro indeterminado su deseado desembarco en Madrid
ANTONIO LUCAS. Enviado especial
Publicado originalmente en el diario español El Mundo
OVIEDO. – Brinca, se incorpora, maneja la batuta como un finísimo bisturí con el que abrir la música hasta llegar a su centro, a su secreto. El director de orquesta Gustavo Dudamel, el más brillante de los centenares de miles de jóvenes que se han educado en el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, remataba el ensayo previo al concierto que ofreció ayer en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo como clausura de la XVII Semana de la Música de la capital asturiana. Todo era movimiento, espasmos, sonrisas, repeticiones, hallazgos.
Con las manos, ordenaba la Sinfonía nº 2 en Do menor de Mahler, conocida como Resurrección. Una pieza compleja y poderosa que interpretaban según sus pautas 180 músicos de entre 14 y 29 años, los que dan cuerpo a la joya del proyecto: la Orquesta Simón Bolívar, de donde salió Dudamel proyectado a la cima de la música clásica, que lo ha acogido como una de sus grandes revelaciones.
Esta iniciativa de orquestas jóvenes, creadas por el maestro José Antonio Abreu y que suma 30 años de aventura, ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Y, como ejemplo de su trayectoria, Dudamel, de 27 años, se puso una vez más al frente de la formación.
«Es un gran honor recibir el galardón. Pero, sobre todo, supone un enorme impulso a este proyecto de Venezuela, que ahora se exporta a todo el mundo», explicó. Y es que el objetivo de Abreu es crear una red mundial de orquestas de jóvenes, que va a empezar a confeccionarse tras la Cumbre Iberoamericana de El Salvador, que se celebrará entre los próximos días 29 y el 31.
Dudamel se ha convertido en referencia internacional de la nueva camada de directores de la premier league musical. Y se mueve por el mundo como un ciclón. Entre sus padrinos, destacan Claudio Abbado y Simon Rattle. Y, entre las orquestas, ha colaborado con la Filarmónica de Viena, la de Gotemburgo y ahora ha firmado como titular de la de Los Angeles, donde estará a partir de 2009. No le queda tiempo para mucho más, pero no da la espalda a los gestos de complicidad que desde el Teatro Real de Madrid ha recibido. «Ahora mismo no puedo asumir más compromisos, pero me encantaría estar un día en el Real. Es una referencia por su tradición y sus muchas posibilidades. De momento, habrá que esperar. Esas cosas hay que pensarlas bien. No puedo decir sí o no. Veremos qué dicta el tiempo», afirma con la cautela del que no quiere cerrar la puerta.
Y, por encima de todo, la música como herramienta pedagógica: «El pueblo necesita cultura. Es la forma de no perder sensibilidad ni el sentimiento de comunidad. Nosotros, desde El Sistema [como se conoce a la red de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela] creamos ciudadanos a través de la música, para la música».
La elección de la Resurrección de Mahler para el concierto de Oviedo es un mensaje de admiración al maestro Abreu, que asistía al ensayo sentado en primera fila. «La mejor versión de esta sinfonía se la he escuchado a él, por eso la elegí para una ocasión tan especial como la que aquí estamos viviendo. La obra tiene un mensaje de fe, de esperanza. Y la de esta noche [por ayer] no es una actuación más, sino que la entiendo como el nacimiento de un nuevo momento en el mundo; por eso se lo hemos dedicado al maestro», apuntó.
Y, unos minutos después, regresa al ensayo. Toma la batuta como lo hacía su admirado Leonard Bernstein, con la delicadeza con la que se toma un fino puñal. Brinca de nuevo, se incorpora sobre el estribo de la silla, agita la melena para dar paso a las tubas, con una mano a los violines, con un hombro a los metales… Y la música se va fundiendo en él como una experiencia física.
Gustavo Dudamel: “Me encantaría dirigir la orquesta del Teatro Real”
Oct 24
Publicado originalmente en el diario El País
El músico dedica una espectacular y sobrecogedora segunda sinfonía de Mahler a los premiados con el Príncipe de Asturias y bromea acerca de su futuro
JESÚS RUIZ MANTILLA – Oviedo – 24/10/2008

Gustavo Dudamel dirige un ensayo de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar - Paco Paredes
La música de la Sinfónica Simón Bolívar explotó ayer en Oviedo como homenaje a todos los premiados con el Príncipe de Asturias de este año. La que hoy por hoy puede ser la orquesta más dinámica, fresca y enérgica del mundo clásico iluminó con la Sinfonía número 2 de Gustav Mahler, dirigida por ese prodigio que es Gustavo Dudamel, el preludio de una fiesta que concluye esta tarde con la entrega de los galardones en el teatro Campoamor.
Casi todos ellos, presentes junto a don Felipe y doña Letizia en el Auditorio, agradecieron el gesto de ver a 180 jóvenes venezolanos, salidos del sistema de orquestas creado hace casi 40 años por José Antonio Abreu. Ante 2.000 personas, ataviados con la bandera de Venezuela, ofrecieron un concierto sobrecogedor y bordaron las notas de una sinfonía grandiosa. “Es nuestro regalo, sobre todo para el maestro Abreu, a quien una vez le oí la mejor versión que he escuchado nunca de esta pieza”, contaba Dudamel, de 27 años, antes de ponerse en mangas de camisa a dirigir un ensayo.
El concierto había creado una expectación enorme que fue recompensada con el público puesto en pie y el regalo final de la interpretación del himno de Asturias. Las entradas se agotaron hace meses y la poderosa magia musical que despiden estos jóvenes demostró por qué la organización de Abreu, que enseña hoy música a 265.000 venezolanos, merece como pocos el Premio de las Artes. La devoción que sienten los chicos por su figura es grande: “Además, esta sinfonía tiene un hondo significado, es la Resurrección, lleva un gran mensaje humanístico de fe y esperanza. El maestro se la merece, nos dio la vida”, comentó Dudamel.
Una vida, en su caso, de auténtica estrella de la música mundial y que le llevará de gira por España la próxima semana. A Dudamel se le ve hoy como auténtico resucitador de un género, el sinfónico sobre todo, que languidece en el mundo occidental y crece en otras latitudes. Tanto que resulta un nombre codiciado para dirigir orquestas y teatros de ópera en Estados Unidos y Europa.
De hecho, como el británico Daniel Harding, de 33 años, también ha sido tanteado por el Teatro Real de Madrid para sustituir a Jesús López Cobos en 2010. Fue algo a lo que Dudamel, ayer, en Oviedo, no cerró la puerta. “Por el momento, ando fuera de juego por tantos compromisos. En 2009 empiezo en la Filarmónica de Los Ángeles, sigo en la Simón Bolívar y también tengo la de Gotemburgo, en Suecia. Mi problema es el tiempo, veremos qué dice el tiempo, pero me encantaría ir a Madrid. Ahora no puedo decir sí o no, es un proceso que debemos estudiar”, anunció antes de subirse al podio.
La alegría del director era explosiva. Viajó a Oviedo para estar un solo día junto a los suyos, ofrecer el concierto y marcharse. Allí le esperaban sus compañeros de infancia y juventud en la música. También su padre y su hermano, y sobre todo Abreu, que le agradeció el regalo. El compromiso de este talento joven con las orquestas de su país es irrompible: “Ahora quiero ayudar al maestro en su sueño de crear un sistema de orquestas mundial con su método”. Un sueño que continuará en la próxima cumbre iberoamericana en la que será presentada la primera orquesta de ese ámbito impulsada por Abreu.
El germen se expande. El sueño crece y ya se ha copiado en 23 países iberoamericanos, además de otros europeos y asiáticos. No es una cuestión exclusivamente artística la que persiguen: “El sistema trata de formar ciudadanos conscientes de sus deberes con la sociedad. Para eso sirve la música. Sensibiliza la vida en comunidad”, afirma Dudamel.
Cierre de la Semana de la Música en Oviedo
Oct 24
Diego Matheuz dirige a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar como cierre de la Semana de la Música en Oviedo luego de la entrega de los Premios Príncipe de Asturias.
Sala:
Auditorio Príncipe Felipe. Oviedo, España
Programa:
Piotr Ilyitch Tchaikovsky: Sinfonía N° 5
Evencio Castellanos: Santa Cruz de Pacairigua
Arturo Márquez: Danzón N° 2 de
Leonard Bernstein: Mambo de la suite West Side Story
Alberto Ginastera: Malambo del ballet La Estancia
Fecha: 25/10/2008
Concierto de Gala de los Premios Príncipe de Asturias
Oct 22
Gustavo Dudamel dirije a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, y la Coro de la Fundación Príncipe de Asturias con la participación de las solistas Magda Nieves (soprano) y Hadar Halevy (mezzosoprano).
Sala: Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo.
Programa:
Sinfonía Nº2 de Gustav Mahler (Resurrección)
Fecha: 23/10/2008
Abreu y la música como tabla de salvación
Oct 22
ANTONIO LUCAS. Enviado especial
Publicado originalmente en el diario español El Mundo
OVIEDO. – El esqueleto breve y frágil de José Antonio Abreu (Valera, Venezuela, 1939) es una estructura que no advierte de la fuerza de su propietario. Aparece Abreu con maneras de galápago y, al minuto, desata un discurso firme, casi titánico, con la música y el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela como eje.
Abreu es economista (con master en rendimiento del petróleo), y organista, y compositor. Pero, sobre todo, es el creador e impulsor de la red pedagógica que estableció Venezuela hace 37 años para propiciar con la música la reinserción de los adolescentes socialmente más desfavorecidos. «Las orquestas han terminado siendo un orgullo para los barrios, las aldeas, los pueblos en los que están. Todo el entorno comunitario y vecinal se ha integrado en este fenómeno que tiene para nosotros un objetivo claro: potenciar la educación», afirmó ayer en uno de los salones del Hotel Reconquista de Oviedo.
El próximo viernes, Abreu recibirá el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Un galardón que se suma en este año al prestigioso Premio Yehudi Menuhin y que él entiende como estímulo necesario y generoso para seguir ensanchando el largo proyecto de las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. «La música rescata a todos esos muchachos con situaciones muy adversas en sus vidas. Los redime y los convierte en alguien necesario para todos», explica. «Además, la pedagogía también está a cargo de nuestros jóvenes, que muestran una muy profunda vocación… digamos apostólica».
Casi 300.000 niños y jóvenes, repartidos en 170 formaciones, dan cuerpo a este programa que se conoce en Venezuela como El Sistema. «Nuestro objetivo es crecer hasta el millón de alumnos y docentes». De entre todos ellos sobresale el violinista y director de orquesta Gustavo Dudamel, de 27 años, designado en 1999 como responsable de la Sinfónica Simón Bolívar. Una agrupación que cuenta entre sus filas con 240 músicos de entre 14 y 29 años. «Dudamel es un chico de un excepcional talento. Con gran capacidad de estudio. Y, a pesar de su vertiginosa trayectoria internacional, no ha perdido en absoluto el contacto con Venezuela. Su estela está generando una serie de nuevos directores y músicos que lo siguen y lo asisten. Es un ejemplo excelente». Y, de hecho, su presencia al frente de la Simón Bolívar -que mañana ofrecerá un concierto-, suena ya como uno de los actos más esperados de la XVII Semana de la Música de Oviedo.
Abreu no duda al hablar. Tiene una rotundidad de flaco que ha librado muchas batallas por hacer de la música un ingrediente social imprescindible, una estrategia de crecimiento. «Ante todo, están las prioridades sociales», dice al ser consultado sobre cómo la crisis global podría hacer flaquear el proyecto. «Estamos implantados en 10 provincias de nuestro país y terminaremos llegando a todas. Contamos con la complicidad de la sociedad civil y el decidido apoyo del gobierno».
En el esfuerzo de sacar adelante esta iniciativa, destaca la colaboración de España a través de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, que dirige Paloma O’Shea. El próximo objetivo del infatigable José Antonio Abreu es poner en marcha la Orquesta Juvenil Iberoamericana, arrancando un compromiso firme de los jefes de Estado.
Homenaje a la orquesta salvadora de niños
May 22
El Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela que creó José Antonio Abreu, galardonado en la categoría de Artes
DARIO PRIETO / SALUD HDEZ. MORA
Publicado originalmente en el diario español El Mundo
MADRID / BOGOTA.- La orquesta como símbolo de orden y concierto… social. Eso es lo que ha reconocido el jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Artes al conceder el galardón de este año al Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (FESNOJIV), creado por el economista y compositor venezolano José Antonio Abreu.
Conocido como El Sistema, el proyecto de Abreu ha ido creciendo durante tres décadas hasta convertirse en un enorme entramado por el que han pasado cerca de 600.000 niños y jóvenes, la mayoría de los cuales fueron rescatados de entornos pobres o problemáticos. Su éxito no sólo se mide en términos de cantidad: Gustavo Dudamel, jovencísimo (27 años) director de orquesta aclamado en todo el mundo (en abril de 2007 fue contratado como director musical de la Filarmónica de Los Angeles) es uno de los 600.000 hijos del Sistema.
Desde Venezuela, Abreu celebraba ayer la noticia con serenidad. En declaraciones a EL MUNDO, el creador de las Orquestas dijo que el premio reafirma «el compromiso profundo de seguir con el servicio de la infancia de Venezuela y de Iberoamérica».
Serenidad entreverada de convicciones sobre el poder salvador de la música. Y no importa si suena a idealismo. «Cuando creé este proyecto, estaba seguro de que iba a llegar a este punto. Me movía una vocación muy fuerte, el deseo de que todos los niños pudiesen acceder a la educación que, gracias a Dios, tuve yo».
Mencionando a Heidegger, entre otros pensadores, Abreu defiende la educación artística «como algo prioritario y no periférico», especialmente «en los países con elevados índices de pobreza». Para el creador de este proyecto, «la práctica orquestal multiplica las posibilidades de inclusión social; al recibir un insrumento y una educación musical de manos del maestro, el niño pasa a tener la gloriosa condición de artista. De este modo, la pobreza material se transforma en una riqueza espiritual y en una vida mejor».
También destacó la importancia de figuras como Dudamel, su alumno más aventajado, que sigue ligado al Sistema como director de su joya, la Orquesta Simón Bolívar. Pese a sus compromisos internacionales, Dudamel ha manifestado su deseo de permanecer en su país. «Lo importante es crear un modelo para la juventud y ver que es factible llegar lejos. Desde que conocí a Gustavo, de niño, supe que su destino era de amplios horizontes».
El músico Paquito D’Rivera, impresionado por la genialidad de Dudamel, les escribía a ambos hace dos años tras un concierto del joven director en Nueva York. «Además de talentoso, Dudamel es muy joven, generoso y carismático. Su juventud aún permite cometer errores políticos que por ella son todavía excusables. No así es el caso de usted, maestro Abreu… con su incomprensible parcialidad hacia un político tan torpe y grosero como Chávez, tanto ha herido y decepcionado a quienes admiramos su noble labor de educador».
Aunque la labor de José Antonio Abreu es reconocida y admirada en todo el mundo, algunos critican su cercanía a Hugo Chávez en un momento de clara división ideológica en Sudamérica. «Dejemos de lado la política y consideremos que el gran aporte de Abreu es que consiguió comprometer al Estado venezolano, por encima de las ideologías, con la cultura. No podemos seguir descalificando lo bueno por razones políticas», señala el crítico musical colombiano, Fernando Toledo. «Su aporte es enorme; consiguió que la cultura musical en Venezuela no sea algo lateral sino central. Hay 37 orquestas sinfónicas, una proeza en estos países».
A juzgar por la colaboración que le prestaron todos los gobiernos, fueran del signo que fueran, durante la larga trayectoria de sus orquestas para los más jóvenes, es evidente que su único interés fue seguir alimentando su sueño de robarle hijos al hambre y la miseria. Durante años hizo antesala a los diputados cada vez que discutían los Presupuestos, de izquierdas o de derechas, con infinita paciencia. También en sus primeros años ignoró el desprecio de la clase intelectual que no le aceptó fácilmente.
Para Abreu, las connotaciones políticas son futesas al lado de la vocación espiritual. «La orquesta», explicó el maestro, «es como una pequeña Venezuela. Pero, como artista, mi sueño es que no sólo Venezuela, sino cualquier país del mundo, fuese como una orquesta gigantesca, en la que todos estuviésemos trabajando en concierto y armonía».
El triunfo de la música como arma social
May 22
El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela ve recompensada su lucha
Publicado originalmente en el diario El País
JESÚS RUIZ MANTILLA – Madrid – 22/05/2008
Nadie podía pensar hace 40 años en Europa que el viento y la fuerza capaz de cambiar la música clásica vendría de Venezuela. Pero un hombre visionario, un idealista peleón llamado José Antonio Abreu estaba dispuesto a utilizar sus violas y violines, sus trombones y tambores en pos de la utopía. Aquel sueño que él junto a otros 11 pioneros fue forjando se ha convertido en el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Una realidad reconocida ahora con el Príncipe de Asturias de las Artes, fallado ayer en Oviedo.
No es sólo una orquesta. Tampoco es simplemente una escuela. Se trata de todo un complejo y efectivo sistema educativo que ha arrancado a muchos jóvenes y niños del arroyo en su país. Uno de sus más firmes defensores, Claudio Abbado, lo ha dicho alguna vez: “¡La cantidad de personas que ha salvado Abreu!”. También lo repiten otros como Simon Rattle, actual director de la Filarmónica de Berlín, Plácido Domingo o Daniel Barenboim, que han colaborado varias veces con Abreu acudiendo a dar clases y conciertos a los más de 600.000 niños que allí se han formado desde sus comienzos en 1975.
Y también Zubin Mehta, que ayer, desde Valencia, donde ensayaba Siegfried, la tercera entrega de El anillo del Nibelungo, celebraba el premio en conversación con EL PAÍS: “Ha trabajado toda su vida ejemplarmente y se lo merece. Yo dirigí con ellos en los años ochenta, mi padre también le ayudó. Ha buscado talento por todas las esquinas de su país y lo ha encontrado. Todos los Gobiernos le han apoyado, ojalá en Europa pudiéramos decir lo mismo de los nuestros, aquí todo lo que tiene que ver con la música va cada vez peor”, clamaba el director indio.
Es cierto que Abreu, que llegó a ser ministro de Cultura con Carlos Andrés Pérez, ha logrado siempre un consenso político continuado para su proyecto. Lo que han conseguido Abreu y sus fieles se encuentra por encima del bien y del mal, ajeno a las luchas de poder. Siempre han sido muy cuidadosos para no colgarse etiquetas. No se dejan llevar al huerto por nadie, pese a que en la Venezuela de Chávez mantener la independencia es algo . Todo el mundo les respeta como un símbolo nacional.
Hoy trabajan en completa libertad. Han ido sumando voluntades y tejiendo una red de 120 núcleos (escuelas) donde actualmente se forman 270.000 niños y jóvenes de todo el país.
Allí, generalmente en barrios oprimidos, en el campo y por la selva amazónica, aprenden un instrumento y, casi inmediatamente, pasan a formar parte de una de las 180 orquestas fundadas con sus métodos. La inmensa mayoría, el 85%, provienen de familias muy pobres y desetructuradas. Se agarran a la música como a una tabla de salvación. Entran de inmediato en las aulas. Son admitidos sencillamente por solicitarlo. No tienen que pasar ninguna prueba. Entonces, su vida adquiere un nuevo sentido. Tienen de qué presumir. Algunos pasan muchas horas al día ensayando: les resulta mucho más apetecible estar en los núcleos que salir a buscarse la vida en el infierno de la calle.
Enseguida pasan a formar parte de una de las orquestas. Las integradas por niños con menor edad desafinan. No importa. Al lado tienen otras que suenan mejor; saben que poco a poco irán perfilando su sonido. No hay miedo al ridículo, como ocurriría en otros sistemas más tradicionales. “No tienen sentido de culpa”, comentaba Simon Rattle.
Los mejores se dedican a la música. De ahí ha salido Gustavo Dudamel, el director que con 28 años ha asombrado ya a las mejores orquestas del mundo (a partir de 2009 será titular de la Filarmónica de Los Ángeles) y que es una auténtica estrella.
Está deseando regresar a España para celebrarlo con más música. La pasada semana dirigió en Madrid a la Orquesta Nacional de España y quedó encantado con el rabo de toro que le cocinaron los músicos. “En octubre, en Oviedo, haremos un gran concierto”, comentaba por teléfono desde Roma, donde actúa esta semana.
El caso de Dudamel es especial. Muchos otros acaban dando clases en las escuelas, muy implicados en una iniciativa que les hace comprometerse radicalmente, incluso para toda la vida.Son conscientes de pertenecer a una especie de casta a la que mira todo el planeta. Lo logrado por Abreu y los miembros del sistema es tan grande que expertos en educación musical de Italia, Alemania, España, Japón, Reino Unido, Estados Unidos, acuden regularmente a copiar sus métodos de trabajo, conscientes de que los tradicionales están caducos. Y en América Latina, no digamos. El tenor Juan Diego Flórez aseguraba ayer a EL PAÍS que está impulsando un sistema igual en Perú: “Es un proyecto fantástico, muy útil para países como los nuestros, donde los niños y los jóvenes corren más peligro que otros de caer en malos hábitos”. Flórez, que está en Madrid para interpretar en versión concierto Orfeo e Euridice, de Gluck, en el Teatro Real, asegura que ha hablado mucho con Abreu y con Dudamel para asesorarse. “Ya hemos empezado. Falta el apoyo del Estado, pero incluso se va a impulsar una ley para acometer todo el proyecto en serio”.
La dimensión de esta obra llevó ayer al jurado a premiarlo con el Príncipe de Asturias de las Artes, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró. “Su confianza audaz en el valor educativo de la música para la dignidad del ser humano y su máxima calidad artística”, convencieron a 19 de los 24 presentes que votaron a favor. El resto de los apoyos fueron a parar al músico Pierre Boulez y al arquitecto japonés Tadeo Ando.
En el acta se reflejaba, además, que el proyecto combina “la máxima calidad artística con una profunda convicción ética aplicada a la mejora de la realidad social”, informa Javier Cuartas.
