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¡Eufórica despedida!
Abr 20
Osvaldo Burgos
Londres, 19 de abril de 2002.- Total euforia colectiva… Es la forma más cercana de poner en castellano lo que se vivió anoche en el Royal Festival Hall de Londres durante el último concierto ofrecido por la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar durante su semana de residencia en ese teatro.

Una noche de fiesta se vivió en el concierto de cierre de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar en el Royal Festival Hall de Londres. Foto: Osvaldo Burgos
Desde temprano, cientos de personas intentaron conseguir entradas, las cuales estaban completamente agotadas desde hace meses. Algunos, los que llegaron más temprano, tuvieron suerte porque el teatro abrió no más de 20 puestos adicionales a la venta para personas que quisieran estar de pie.
Otras personas hicieron una cola de hasta 6 horas esperando por alguna entrada devuelta. De esta forma consiguieron ingresar a la sala unas 20 personas más. Los demás, tuvieron que conformarse con la proyección en vivo del concierto en las pantallas instaladas en el vestíbulo del teatro, donde se estima que hubo unas mil personas.
Dentro de la sala, 2.800 almas tuvieron la oportunidad de llenarse con la música multicromática de los autores latinoamericanos: Melodía en el Llano de Antonio Estévez, el poema sinfónico Sensemayá del Mexicano Silvestre Revueltas y la Suite Santa Cruz de Pacairigua, de Evencio Castellanos. Dado que las tres piezas forman parte del CD de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Fiesta, sus notas no le fueron ajenas a buena parte del público asistente.
Durante el receso, la orquesta y el director tomaron fuerzas para ejecutar la que, según muchos músicos es una de las piezas más difíciles para interpretación orquestal: La Consagración de la Primavera, de Igor Stravinski. Un Ballet en dos partes cuya armonía, sustentada en múltiples tonalidades de forma simultánea, generó mucha polémica en los tiempos de su estreno a principios del siglo XX.
La ejecución fue precisa y perfectamente coordinada. Un verdadero caudal de energía que fue in crecendo a lo largo de toda la obra desde el primer soplo del fagot hasta la explosión final de los metales. El público se involucró con la pieza desde su inicio hasta el final, transportado al mítico rito del sacrificio de una jóven para consgrar la llegada de la nueva estación.
Tanto o más explosivos que los metales finales, fueron los aplausos con los que el público ovacionó a la orquesta, de pie y por más de cinco minutos continuos que habrían sido más de no ser porque dieron inicio a su sesión de encores.
Los venezolanos supieron agradecer la calidez del público británico, ofreciendo la novena de las variaciones enigma de Edward Elgar, Nimrod, la cual interpretaron de una manera particularmente profunda y sentimental. Al terminarla, el momento fue tan sensible, que el director no bajó la batuta por unos 20 segundos y el silencio fue absoluto. Al bajarla finalmente el aplauso fue ensordecedor. De pie, con silbidos y gritos, el público demostraba su conmoción por aquella interpretación.
Después se apagaron las luces para dar paso a uno de los momentos más esperados por la audiencia. Al encenderse nuevamente, estaba la orquesta vestida con sus chaquetas tricolor para comenzar con la interpretación del “Mambo” de Leonard Bernstein, En esta oportunidad, los percusionistas y algunos de los ejecutantes de los metales tenían también gorras con la bandera venezolana. El protocolo tácito que implica un concierto de música sinfónica en una sala como la del Royal Festival Hall, no debe tener historia de semejante ruptura. Los músicos bailaron, algunos se subieron a las sillas, otros simplemente caminaban por el escenario, sin dejar de tocar.
La noche cerró con el Malambo de Ginastera, donde sin haber terminado, comenzaron a tirar las gorras y tan pronto sonó el último acorde, un tropel de la audiencia corrió hacia el escenario para tratar de obtener un chaqueta.
Tras bastidores, Dudamel estaba pletórico de alegría por la función. Allí los músicos recibieron la visita del pianista Lang Lang, la escritora Candace Allen, el compositor chino Jiang Li, entre otra personalidades del mundo cultural y musical. Fue una noche memorable de muy buena música, pero sobre todo de infinito amor por ella. La humanidad vivida a través de la ejecución de los jóvenes venezolanos dejó a todo el que allí estuvo, agradecido con la vida.
La Bolimanía siguió en Londres
Abr 17
Osvaldo Burgos
Londres, 17 de abril de 2009.- La bolimanía es el término que ha acuñado la prensa británica para describir lo que ha estado ocurriendo por estos días en el Royal Festival Hall. La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar ha sido tema fundamental en los medios impresos de esta ciudad. El Daily Telegraph publicó ayer una foto en primera plana de los Venezolanos durante su presentación del martes, mientras que The Guardian habló de la electrica relación que mantiene Dudamel con la Orquesta.

Dos niñas inglesas exhiben orgullosamente sus medallas luego del concierto infantil ofrecido hoy en el Royal Festival Hall de Londres por la Orquesta Simón Bolívar - Foto: Osvaldo Burgos
El día de hoy transcurrió lleno de actividad. Al mediodía la orquesta ofreció un concierto familiar, donde Gustavo Dudamel presentó a los nóveles directores venezolanos: Christian Vásquez, Diego Matheuz y Manuel López, Quienes dirigieron obras de Revueltas, Tchaikovsky, Castellanos, Ginastera y Bernstein. El concierto fue presenciado por muchos niños. Algunos a la silida exhibían las medallas repartidas por la orquesta, con la cinta tricolor y la inscripción de “Tocar y Luchar”.
Desde las 6 de la tarde, el público del Clore Ballroom pudo disfrutar de la presentación gratuita del Ensamble de Metales de la Orquesta Simón Bolívar, bajo la dirección del Maestro Thomas Clamor. El espacio estaba completamente lleno. Interpretaron obras de Handel, Verdi, Giancarlo Castro, Félix Mendoza, Gershwin y la sorpresa llegó con el cierre cuando de la nada apareció Gustavo Dudamel para dirigir el Alma Llanera de Pedro Elías Gutiérrez.
Por último, a las 9:30 de la noche tuvo lugar el Concierto del violinista cubano Omar Puente junto con el Cuarteto de Trompetas Venezuela, el Cuarteto de Cuerdas Millenium, el Simón Bolívar Jazz Group y la compañía de algunos miembros más de la Sinfónica de la Juventud Venezolana. Interpretaron piezas compuestas por Puente, por algunos miembros de la orquesta y otros autores latinos y de Estados Unidos.
La gran fiesta llegó cuando el grupo en pleno interpretó Guantanamera, poniendo al público de pie. Muchos bailaron, otros hiceron su mejor esfuerzo, sin embargo todos se contagiaron del ritmo y el sabor de la música latina. Fue una excelente oportunidad para demostrar la calidad musical de los venezolanos y que no solo le meten a Brahms y a Tchaikovsky, sino que llevan el guaguacó en la sangre.
Londres siguió disfrutando de la Sinfónica Simón Bolívar
Abr 17
Osvaldo Burgos
Londres, 16-04-2009.- Con el Alma Llanera, ejecutada por la Sección de Metales de la orquesta Simón Bolívar, cerró el segundo día de residencia de los venezolanos en el Royal Festival Hall de Londres ante la euforia absoluta de los 2.400 asistentes en la sala, más unos 600 más que se encontraban en la parte exterior, siguiendo las incidencias del concierto en una pantalla gigante.
La velada estuvo protagonizada por el Trío Ávila, conformado por Ranierie Chacón, Víctor Mendoza y Carlos Escalona, todos Clarinetistas de la Orquesta, quienes interpretaron diversas arias de Mozart utilizando arreglos especiales para trío de clarinetes tenores, contando con el total entusiasmo de la audiencia, particularmente el “pa-pa-pa” de La Flauta Mágica.
Posteriormente el cuarteto de cuerdas Simón Bolívar, integrado por el concertino de la orquesta, Alejandro Carreño, el violinsta Eduardo Salazar, el violista Ismel Campos y el cellista Aimon Mata, quienes interpretaron el Cuarteto en La menor # 2 de Brhams. La ejecución arrancó aplausos desde el principio, entre los segmentos de la obra y al final obtuvo una gran ovación.
Posteriormente, el ensamble de flautas de la orquesta, integrado por Katherine Rivas, Yaritzy Cabrera, Etni Molletote, Engels Gómez, Emily Ojeda, Fernando Martínez, Diego Hernández y Aron García, ejecutó obras de Luis Laguna, Mendelssohn, Guiot Raymond, Heraclio Fernández y Zequinha de Abreu. Especial conmoción generaron las versiones de El Diablo Suelto y del “tico-tico” por la sicronización que tenían a pesar de la gran velocidad que llevaban.
Por último, el ensamble de metales de la orquesta, bajo la dirección del trompetista de la Filarmónica de Berlín Thomas Clamor, cerró con obras de Handel, Byrd, Wagner y Bernstein, así como las de los venezolanos miembros del sistema, Giancarlo Castro y Félix Mendoza. Ellos también fueron responsables del anímadísimo encore con “Who can ask for anything more” de Gershwin, pieza que bailaron mientras la iban ejecutando, contagiando a todos los presentes.
Los miembros de las distintas agrupaciones de cámara de la Orquesta Simón Bolívar brindaron una noche muy especial para los asistentes, llevando al público desde lo más íntimo de Brahms hasta la profusa alegría de Gershwin, contagiando a todos con el ritmo y la melodía.
Simon Bolivar Orchestra: review
Abr 17
The Simon Bolivar Orchestra start their five-day residency at the Southbank Centre. They are irresitable.
By Paul Gent
Publicado originalmente en telegraph.co.uk el 15-04-09
Expectations could hardly have been higher. The last time this remarkable orchestra came to Britain, for the Proms in 2007, they set the Albert Hall alight with their infectious joy, exuberant antics and unbridled enthusiasm for making music.
The orchestra is the product of a 34-year-old project run by the Venezuelan government called El Sistema, which gives every girl and boy, however poor, the chance to have free music tuition and an instrument. This evening’s young conductor, Gustavo Dudamel — one of the most sought-after in the world — was also a product of this widely hailed system, and there has been much talk of Britain copying it.
The programme for last night’s concert, the start of a five-day residency for the orchestra at the Southbank Centre, seemed designed to dampen any hopes of a fiesta atmosphere, however, consisting as it did of Bartok’s Concerto for Orchestra, written during the Second World War, and Tchaikovsky’s Fourth Symphony, famous for its gloomy obsession with Fate.
The Bartok turned out to suit the orchestra just fine, with its demands for both discipline and individualistic flair. The massed strings (I’ve rarely seen the Festival Hall stage so full) had a laser-like intensity and the woodwind a delightfully cocky jauntiness in the duets of the second movement.
The Tchaikovsky, too, turned into a showcase for the orchestra’s many virtues — a hypersensitivity to rhythm, an overwhelming sound in the climaxes and above all a ceaseless energy coming off the stage in waves.
I’ll find it hard to forget the clarinet and bassoon swaying in perfect unison in the first movement; or indeed Dudamel’s curly hair turning into a blur of frenetic excitement at the end.
But after an essentially sombre, if exciting, concert, I suspect we were all hoping for some colour in the encores, and boy did we get it. The hall suddenly went dark, the orchestra put on red, yellow and blue jackets and the place went wild. As the youngsters launched into the first of two encores, we were no longer in a damp, grey London but in a raucous Latin America of the spirit.
As they played the explosive rhythms first of Ginastera’s ‘Estancia’, then of Bernstein’s ‘West Side Story’, they stood up, danced around and threw their instruments in the air. They had clearly done it many times before, but the pleasure they took in it was palpable. Finally they threw their jackets into the audience, who were by then giving them a standing ovation.
Corny, but irresistible.
Ensayo de La “Consagración de la Primavera” en Londres
Abr 16
A continuación incluimos el material audiovisual que pudimos recoger en el ensayo del día de ayer de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar, en su preparación para el concierto de este sábado en Londres:
Con las uñas sobre el pizarrón
Abr 14
Osvaldo Burgos
Londres, 14 de Abril de 2009.-Así les decía esta mañana durante el ensayo Gustavo Dudamel a los músicos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, valiéndose de la metáfora para explicarles cómo quería que fuese el sonido de las cuerdas en uno de los movimientos del Concierto para Orquesta de Bela Bartok.

El ensayo de la Sinfónica de la Juventud Venezolana fue abierto al público. Foto: Osvaldo Burgos
“Quiero que me dé grima, como cuando alguien araña el pizarrón”. Desde los asientos del público, el director verificaba la acústica del Royal Festival Hall, consultando con los profesores del Sistema que estaban sentados allí. “Vamos a bajar las trompas un escalón”. Mientras volvía a subir al escenario, la orquesta seguía tocando ante lo que Dudamel se volteó al público y dijo jocosamente “they can play alone” lo cual hizo que afloraran las carcajadas de todo el que presenciaba el ensayo, tanto en la sala como en la pantalla gigante que estaba afuera.
Tocaron el primer movimiento de la 4ta Sinfonía de Tchaikovsky sin parar. Al terminar el aplauso tanto adentro como afuera fue apotósico. Luego fueron repasando la partitura compas por compas. “Tchaikosvky es Venezolano” le dijo el director al público, “lo tocamos mucho”. En efecto el ruso es uno de los compositores emblemáticos para el sistema. Dudamel lo maneja de memoria. Lo dirigió sin partitura.
En la noche, a la hora de la presentación, la orquesta ejecutó ante 2.500 personas un Concierto para Orquesta de Bela Bartok impecable, sin embargo esto representó sólo un abreboca, ya que el climax del concierto fue la 4ta Sinfonía de Tchaikosky, especialmente al final del segundo movimiento, momento en que hasta los “tosedores de oficio”, tardaron un rato en comenzar a toser. La audiencia se quedó por un instante absolutamente en trance. Poco después, el público no pudo aguantar y por pocos segundos dejó salir una pizca de los miles de aplausos que tenía contenidos.
Al terminar la sinfonía de Tchaikovsky, la ovación fue de pie y duró varios minutos. Habría seguido de no ser por la oscuridad momentánea que dio pie a que la orquesta apareciera luego con las chaquetas tricolor lista para el encoré. Sentados en la primera fila del coro, detrás de ellos, había un grupo de niños ingleses estudiantes de música, quienes no dudaron en pararse a bailar al ritmo del Malambo de Ginastera. Sin embargo, el acabose llegó cuando, como cierre, la orquesta interpretó el Mambo de Bernstein. Era una de las piezas más esperada de la noche ya que el vívido recuerdo de los proms del 2007 representa uno de los hitos de la música orquestal en la historia de esta ciudad.
Al terminar, la ovación fue descomunal y los jóvenes músicos supieron agradecer tanto al público del frente como al del coro, lanzando sus chaquetas tricolores, especialmente a los niños del auditorio.
Los asistentes salimos de la sala inyectados de energía, con muchas ganas de más. Tendremos toda la semana para seguir disfrutando de la Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en el Royal Festival Hall. Después del concierto, los músicos recibieron en el camerino la visita del Ministro de Educación Superior del Reino Unido, David Lammy, quien se mostró complacido y profundamente conmovido por la ejecución de los venezolanos.
Todo a tono en Londres
Abr 13
Por Osvaldo Burgos. Londres, 13 de Abril.- Terminándose de adaptar a la diferencia horaria, los músicos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana, junto con su director, Gustavo Dudamel y el fundador del Sistema, el Maestro José Antonio Abreu, recibieron hoy la bienvenida al South Bank Centre por parte de la directiva de ese espacio cultural que, para la ocasión, invitó a la pareja de vocalistas Shlomo & Gauri, quienes interpretaron el tema beatbox Kathak. Posteriormente, tanto a los músicos como al personal de la orquesta les fueron entregadas sus credenciales para poder tener libre acceso a las distintas dependencias del Royal Festival Hall, durante el período de residencia.
Para mañana está pautado el primer ensayo a las 10:00 am, el cual será abierto al público. Luego, a las 7:30 pm tendrá lugar el primer concierto de la semana, cuyo programa estará conformado por el Concierto para Orquesta de Bartok, la 4ta Sinfonía de Tchaikovsky y las acostumbradas obras de autores de América Latina, las cuales no han sido especificadas aún. Las entradas para ambos eventos están completamente agotadas. Sin embargo, el Southbank Centre transmitirá ambos eventos en vivo en las pantallas gigantes de The Clore Ballroom en la parte exterior del Royal Festival Hall.
A continuación un video de la tarde de hoy:
Más información sobre Shlomo & Gauri
Conductor Gustavo Dudamel brings El Sistema to the world
Abr 3

Gustavo Dudamel
Publicado originalmente por el London Times Online el 28/03/09
El Sistema is transforming the lives of young musicians; its poster boy is the 28-year-old Venezuelan Gustavo Dudamel
Ensayos abiertos en Londres el 14 y 15 de abril
Mar 27
La Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolivar, dirigida por Gustavo Dudamel, realizará dos ensayos abiertos al público los días 14 y 15 de abril a las 10:00 am, en el el Royal Festival Hall del Southbank Centre de la ciudad de Londres.
En dichos ensayos, los asistentes podrán disfrutar de la preparación de la orquesta para los tres conciertos que ofrecerá en esa ciudad y que incluirán obras de Bartok, Stravinsky, Tchaikovsky así como compositores de diversos países de América Latina.
Para poder asistir al ensayo es necesario hacer una reservación previa de la entrada, llamando a la taquilla del teatro. El número es +44-871 663 2500. Al momento de la redacción de esta nota aún quedaban asientos. Mas información en http://www.southbankcentre.co.uk/music/productions/sbyo-open-rehearsal-45876.
Concierto Familiar en Londres
Mar 27
Lugar: Royal Festival Hall del Southbank Centre
Gustavo Dudamel dirige la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en un concierto para toda la familia donde ejecutarán clásicos de siempre.
Fecha: 2009-04-17
Hora: 13:30
Concierto en Londres
Ene 6
Lugar: Southbank Centre
Más información: Southbank Centre
Programa:
Stravinski, Igor: La Consagración de la Primavera
Música Latinoamericana
Hora de Inicio: 19:30
Fecha: 18-04-2009
Concierto en Londres
Ene 6
Lugar: Southbank Centre
Más información: Southbank Centre
Programa
Bartok, Bela: Concierto para Orquesta
Tchaikovsky, Peter Ilyich: Symphony No.4
Hora de Inicio: 19:30
Fecha: 14-04-2009
Gustavo Dudamel: The Natural
Ago 23
Publicación original en la revista Time
By EBEN HARRELL/EDINBURGH Thursday, Aug. 23, 2007

MAESTRO: Dudamel has a gift for connecting with both orchestra and audience - RICARDO MUSACCHIO
It is a rain-battered August day in Edinburgh, and inside the city’s Usher Hall the conductor Gustavo Dudamel is having difficulty with the strings. It is the final rehearsal of Shostakovich’s Symphony No. 10, and Dudamel wants the violins to be more biting and caustic. Any successful performance of Shostakovich’s 10th must reflect its historical context: Stalin’s purges; some 20 million dead; a composer who lived in constant fear of the knock on the door. “Muchachos,” Dudamel says, searching for the right expression. “Pop pop pop!” he says, mimicking the sound of a firing squad.
It’s an unlikely image from a man as decidedly unmilitaristic as Dudamel. As a child growing up in the Venezuelan city of Barquisimeto, he was given a set of toy soldiers by his mother. Instead of waging war, he arranged the soldiers into an orchestra and began conducting them. The ascent of his career since then has been breathtakingly swift: the winner of a major conducting competition at 23, he was offered Sweden’s Gothenburg Symphony Orchestra at 25; then, in April, on the strength of only two guest appearances, the storied Los Angeles Philharmonic announced that the 26-year-old would succeed Esa-Pekka Salonen as music director in 2009.
Simon Rattle, one of Dudamel’s mentors, has called him “the most astonishingly gifted conductor I have ever come across.” Daniel Barenboim and Claudio Abbado lavish similar praise on him — a virtual anointing by the three giants of European conducting. Deutsche Grammophon has given Dudamel a record deal, and, between now and mid-October he is on a high-profile European tour that will take him to historic concert halls in Germany, Sweden, Italy and France.
So what makes Dudamel so special? The role of a conductor is at once comprehensible and untranslatable. The task is dauntingly clear: to mold about 100 anarchic artists into his own, singular vision. To do so, he must use only visible cues with musical players necessarily attuned to the aural — a sort of sign language not for the hearing impaired, but the hearing enhanced.
Ed Smith, managing director of the Gothenburg Symphony Orchestra, says that what makes Dudamel extraordinary is his ability to conduct in two directions, communicating with musicians and with the audience. This requires an athlete’s physicality. A fit young man, Dudamel has already begun to adopt the posture of his first conducting teacher, José Antonio Abreu, who at 68 is almost hunchbacked from years of pouring himself forward into the orchestra. During delicate passages for the winds, Dudamel reaches his hands into the orchestra as if picking low-hanging fruit; in more violent ones, he attempts to move whole walls of sound with his outstretched arms.
Talk to other conductors about Dudamel’s qualities and they speak of electricity, vibrancy and magic, and of a uniquely expressive stick technique. But at the Edinburgh rehearsal, it’s clear that sheer persistence and patience are also at work. It has been 20 minutes and Dudamel is still not happy with his violins. In more romantic Russian pieces, the strings can act as a swaying hammock between the spikes of the percussion and the brass. But in Shostakovich, they must be part of a shrill, totalitarian attack on the senses. The energy isn’t there — after a delayed charter flight from Caracas, everyone is on three hours’ sleep. Worse, these are teenagers on three hours’ sleep. Dudamel is conducting the Simon Bolivar Youth Orchestra, the showcase of a 200,000-strong Venezuelan youth system from which he emerged. Three-quarters of the musicians — aged 12 to 26 — live below the poverty line. He has been their music director since he was 17.
When the relationship works, the orchestra feels for its conductor an uncomplicated love, akin to a child’s love for a parent, that is the result of endless hours spent scrutinizing and absorbing every nuance of his body, face and soul. It is clear that Dudamel has this unusual power of contact with the orchestra. As the strings finally attack with a ferocity that matches Dudamel’s convulsions on the podium, the whole orchestra lifts into a flight of majestic fury; they have their Shostakovich at last.
Can Dudamel, still a raw talent, translate this magic to a major orchestra when he moves to L.A.? During transitional phrases, he can exhibit a young man’s impatience, as if waiting for, rather than earning, the exciting passages (he conducted portions of the Edinburgh rehearsal with one hand in his pocket). Will he maintain the orchestra’s respect? “Of course there are concerns,” Simon Rattle says, before evoking again the mysterious nonlinguistic rapport between musicians and their leader. “But with Gustavo the music is the answer to every question you could ask of him.”
It’s 8 p.m., and the orchestra is back at the Usher Hall. Dudamel takes the podium for the Shostakovich. He lifts the baton. The strings ready themselves. Dudamel meets the gaze of his orchestra, their upturned eyes glistening under the bright lights. The bond between them is unmistakable; their performance is breathtaking.
La orquesta milagrosa
Ago 21
LOURDES GÓMEZ – Londres – 21/08/2007
Publicado originalmente en el diario El País
Tienen entre 14 y 26 años. Salieron de la calle y se apartaron de la delincuencia gracias a la música. El domingo pusieron en pie al exigente público de los Proms de Londres en una actuación apoteósica
“Fantástico”. “Soberbio”. “Nada igual”. “Deben volver”. La audiencia del concierto Proms número 48 (cita obligada de la música clásica en los veranos londinenses) no daba crédito al espectáculo que acababa de presenciar en el Royal Albert Hall. La noche del domingo, jóvenes y mayores salían del auditorio intercambiándose elogios. Fuera arreciaba la lluvia, pero muchos aguardaron en cola para saludar a las estrellas de la velada, el director Gustavo Dudamel y los 150 músicos de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. Los artistas cautivaron al siempre difícil público del más longevo y reputado de los festivales musicales del Reino Unido con un torrente de emoción, pasión y buen humor.
“Fantástica interpretación. Tocan con increíble entusiasmo, emoción y sentimiento. Y cosa rara en las grandes orquestas, estos chicos disfrutan tocando”, exclamaba Martin Dell, asiduo de los Proms. Bob y Martha Hanrott nada hacían para disimular su entusiasmo por el pelotón de artistas, veteranos intérpretes pese a su corta edad: el más joven tiene 14 años, y los mayores, incluido el director, 26.
La pareja británica vestía sendas cazadoras con el estampado de la bandera venezolana que los miembros de la orquesta lanzaron al público. Lo hicieron en un arrebato de histeria colectiva, al final del tercer y definitivo bis del concierto. Hasta entonces, y durante unos 20 minutos, el público aplaudió hasta rabiar, se puso en pie, y taconeó con fuerza el suelo del Albert Hall. Es una costumbre que los promers -los más fieles seguidores del festival- sólo ejercitan en contadas ocasiones. “Nunca había presenciado una reacción semejante”, aseguraba la publicista de la BBC, organizadora del centenario evento. “He visto respuestas entusiastas, pero nunca a este nivel”, escribía ayer el crítico del diario The Telegraph David Fanning.
Fanning se refería en concreto a la interpretación de la Sinfonía número 10 de Shostakóvich, que abrió el concierto. Descrita por el compositor ruso como “un retrato musical de Stalin”, la pieza fluye como un río de encontradas emociones que Dudamel transmitió con delicadeza, paciencia y energía más propia de un rockero que de un director de música clásica. “La emoción y energía de los muchachos es especial. Aman la música. Es imposible no conectar con ellos”, reconocía Dudamel después de la actuación.
La Sinfónica Simón Bolívar lleva unos 10 años tocando con su actual composición. Es el fruto más jugoso de un extraordinario programa social (el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela) fundado por el visionario José Antonio Abreu y auspiciado por los distintos gobiernos venezolanos desde mediados de los setenta. Conocido por su abreviación, el Sistema recluta a sus miembros entre los niños de la calle y adolescentes sin recursos económicos. De una Orquesta Juvenil de 11 músicos, que debutó en febrero de 1975, ha crecido hasta reunir bajo su órbita a 250.000 menores, con unas 200 orquestas en todo el territorio venezolano.
“Utilizamos la música como herramienta de rescate de la niñez y la juventud, para apartarlos de la droga y el crimen. Dedican sus horas libres a hacer música y aprenden valores que no encuentran en casa, en la calle, en la televisión”, explica en Londres Valdemar Rodríguez, subdirector ejecutivo del Sistema. Entre los valores menciona el trabajo en equipo, la solidaridad, la meritocracia y el esfuerzo personal.
“Entré en el Sistema con cuatro años. Aprendí a tocar el violín y, con 13, me decidí por el clarinete”, cuenta Rebeca Ascanio tras su debú con la Simón Bolívar en los Proms. Tiene ya 24 años y da conciertos en el extranjero desde los 17. “Estos chavales se divierten tocando y el placer que sienten al interpretar una pieza les ayuda a superar los inevitables nervios y la tensión de una actuación frente a una nueva audiencia”, reconoce Rodríguez.
No sólo los aficionados valoran la iniciativa del maestro Abreu. Simon Rattle, director de la Filarmónica de Berlín, la considera “un milagro” y el horizonte hacia el que debe aspirar “la música de todo el mundo”. “No sólo se trata de una cuestión de arte, sino de una profunda iniciativa social. El Sistema ha salvado muchas vidas y continuará salvándolas”, ha comentado el maestro de la batuta y abanderado de Dudamel.
Dicen que Plácido Domingo lloró al escuchar a la Simón Bolívar. Pavarotti y Montserrat Caballé también apoyan el programa. Y, entre otros, Claudio Abbado es un asiduo director invitado a las sesiones del Sistema.
El programa exporta su metodología fuera de Venezuela, ayudando a montar experiencias similares en una veintena de países. Las redes del Sistema se sienten en prácticamente toda América Latina y algunas regiones europeas. Una localidad de Escocia acaba de solicitar ayuda a los veteranos venezolanos. No les faltan recursos humanos puesto que el Sistema se nutre de una red de profesores, maestros y ejecutivos que años atrás formaron parte de las orquestas infantiles y juveniles.
“Yo fui un niño del Sistema”, recuerda su actual vicedirector ejecutivo. Rodríguez tocó con la que el llama la “vieja” Simón Bolívar. “La nueva”, dice en referencia a la que dirige Dudamel, “tiene más nivel, trabaja más y suena mejor”. “Cada chaval ensaya unas tres o cuatro horas diarias con su orquesta y muchas más por su propia cuenta. Por otro lado, cada niño recibe al menos una hora de clase individual con un profesor”, explica.
Rodríguez asegura que todos los gobiernos invierten “cada vez más” en el Sistema. La subvención estatal ronda hoy en torno a los 75 millones de dólares pero, según admite su vicedirector, “siempre necesitamos más”. La ayuda debe cubrir el mantenimiento de los núcleos de las distintas barriadas, los instrumentos, las 200 orquestas y las becas que se reparten entre los más necesitados. Los frutos son obvios. Entre los más visibles, están el propio Dudamel y el contrabajista Edicson Ruiz, quien, con 20 años, fue el más joven intérprete fichado por la Filarmónica de Berlín.
En Londres, Dudamel no dejó pasar la ocasión de honrar la herencia musical americana. Tras la amenazante, melancólica y dura sinfonía de Shostakóvich, aligeró el ambiente con West Side Story, de Bernstein, y tres sensacionales piezas latinas: Huapango, del mexicano Moncayo, inspirada en un baile tradicional que algunos enlazan con el fandango; Danzón número 2, del joven compositor mexicano Arturo Márquez, y Estancia, del argentino Ginastera. “Es importante traer a Europa nuestra música”, advierte el apasionado director.
Con la danza final del himno pampero, Malambo, la Simón Bolívar se despidió del Albert Hall brindando un genuino espectáculo de ritmo y movimiento. Se libraron de sus chaquetas negras y, enfundados en cazadoras con los colores de la bandera venezolana, músicos y director demostraron cómo se mueve una orquesta vibrante. Cerraron con éxito el capítulo londinense y con la mirada puesta en la serie de conciertos que darán este mes en diversas ciudades de Alemania. Porque como señala su director, quien se estrena en septiembre como responsable principal de la Sinfónica de Gotemburgo, y, en 2009, dirigirá la Filarmónica de Los Ángeles, “cada concierto es un reto”.
La batuta más brillante del Sistema
Gustavo Dudamel es la nueva estrella internacional, un director de orquesta destinado a comerse el mundo entero. Lleva una carrera prodigiosa, además de vertiginosa, desde que se unió de niño al Sistema en Barquisimeto, donde nació hace 26 años. La afición por la música le viene de su padre, un trombonista enamorado de la salsa, y de su abuela, que le encaminó hacia la música clásica. Debutó con el violín antes de dirigir su primer concierto cuando tenía tan sólo 14 años.
Dudamel es actualmente el director artístico de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y, el mes próximo, se estrena en su nuevo cargo como responsable de la Sinfónica de Gotemburgo, orquesta con la que debutó en los Proms londinenses el año pasado. Su fuerte conexión con los músicos, su brío y pasión con la batuta, le han asegurado otro papel de relieve: en 2009 se hará cargo de la Filarmónica de Los Ángeles, considerada entre las mejores orquestas de Estados Unidos. El nombramiento se anunció a principios de año, cuando Esa-Pekka Salonen, su predecesor, hizo pública su decisión de dejar la orquesta californiana.
Simon Rattle considera a Dudamel “el más increíble talento” de los directores de orquesta que se han cruzado en la larga trayectoria del maestro británico. Razón de ello, en el último año el joven director ha trabajado con la élite mundial, entre ellas la Sinfónica de Boston, la Sinfónica de Chicago, la Filarmónica Checa y la Philarmonia de Londres. También ha dirigido Don Giovanni en la Scala de Milán. “Cada concierto es un reto”, aseguraba en el Royal Albert Hall.
Dudamel hace lo imposible por introducir el repertorio tradicional y contemporáneo de Latinoamérica en sus conciertos internacionales. El domingo contrapuso a Shostakovich con tres compositores hispanos. “Son casi de la misma época, de la misma generación y aunque vienen de mundos distintos, música sólo hay una”, sentenció.
Simón Bolívar YO of Venezuela/Dudamel
Ago 21
Prom 48 Royal Albert Hall, London
Andrew Clements
guardian.co.uk, Tuesday August 21 2007 23.54 BST
Publicado originalmente en el diario británico The Guardian
I am not sure anything quite like Gustavo Dudamel and his extraordinary group of young musicians have ever hit the Proms before. Whatever you have read about the Simón Bolívar Youth Orchestra – and the astonishing Venezuelan system of musical education that brought it into being – can’t convey the brilliance and disarming exuberance of their playing, or the importance of Dudamel’s role in channelling that energy. There are some great youth orchestras around today, but none of them is as exciting to behold as this.
What seemed a slightly odd programme on paper – they had also played it at the Edinburgh international festival, two nights earlier – turned out to be perfectly judged in performance. Starting with Shostakovich’s Tenth Symphony allowed Dudamel to lay down his and his orchestra’s musical credentials right from the start. The long first movement was traced in a single, continuous arc, with beautifully moulded solo playing from the woodwind, and the scherzo started at a speed that seemed scarcely sustainable, though Dudamel and the orchestra did so without any sign of stress. Perhaps the slow movement did not plumb all the emotional depths some older conductors lay bare in the Tenth, but any lack of profundity was more than compensated for by the tension and drama generated elsewhere by the huge orchestra – woodwinds and utterly secure brass in fives and sixes, and battalions of perfectly disciplined strings.
After the interval, the focus switched to the Americas, beginning in New York with the Symphonic Dances from West Side Story – how Leonard Bernstein would have loved to work with this orchestra! – and ending on the Argentinian pampas, with a suite from Alberto Ginastera’s ballet Estancia. In between, there were a couple of Mexican pieces, José Pablo Moncayo’s Huapango, and Arturo Márquez’s Danzon No 2, which made up in local colour and rhythmic excitement what they lacked in musical quality, and which gave the orchestra further chances to enjoy themselves. The emotional temperature rose steadily, and by the time of the encores, with conductor and orchestra now wearing jackets in the colours of the Venezuelan flag, waving their instruments in the air and promenading around the platform, everyone in the hall was on their feet.
Simon Bolivar YO/Dudamel
Ago 21
Geoff Brown at Usher Hall
The review’s fifth star is awarded for the orchestra’s encore party. They wore bright Venezuelan jackets, twirled their instruments in the air, danced the mambo, bowed to the audience seated behind them, and generally sounded as gobsmackingly bright at a quarter to eleven as they had been almost three hours earlier. No doubt the Simón BolÍvar Youth Orchestra of Venezuela threw the same shindig on Sunday at the Proms.
At the Usher Hall on Friday night this star product of the planet’s most enlightened musical education programme had shown their mettle from the beginning. In Shostakovich’s Tenth Symphony one could quibble as usual over aspects of Gustavo Dudamel’s conducting. The heavy foot on the accelerator, say (the Scherzo was just a blur); or the trivialised finale, with Shostakovich’s jollity taken too much at face value. But quirks and flashes of immaturity took nothing away from the clarion call of his orchestra’s brass, the unique bear-like growl of their lower strings, or the serious passion rolling in waves through the mighty first movement. Dudamel played to his strengths there.
The second half brought the high-octane high-jinks: Bernstein’s West Side Story dances, then an extended Latin American bombardment. Was that wise? In strict programming terms, no. Variety suffered, as did the quality of musical invention, at its lowest in Arturo Marquez’s Danzón No 2. But the primitivist grit of Ginastera’s Estancia ballet suite was a joy; and whatever they played, the Venezuelans themselves never lost their heart or sank into shallow brilliance.
Meanwhile, foot tapping of the connoisseur’s kind raced through Jordi Savall’s Friday morning concert with his group Hespèrion XXI at the Queen’s Hall. The night before, the volatile vocal timbre that Savall favours had muddied the impact of Monteverdi’s Vespers. But in this selection of Spanish ballads, folk and court dances from the time of Cervantes, the rapier stabs and fragile sighs of Savall’s wife and daughter, Montserrat Figueras and Arianna Savall, slotted exactly into place. Instrumentally, Hespèrion XXI never put a finger or bow wrong. Being scholarly and earthy at the same time isn’t easy; but Savall’s early music all-stars made it seem so.
Prom 48: Simon Bolivar NYO / Dudamel, Royal Albert Hall, London
Ago 21
Publicado originalmente en The Indepentent el 21 de agosto de 2007
By Edward Seckerson
It wasn’t just the promenaders who were on their feet at the climax of this sensational concert from Venezuela’s hottest and most inspiring export: the entire audience and orchestra were stomping to the furious beat of the Malambo from Ginastera’s Estancia.
By then, the Simon Bolivar Youth Orchestra had shucked their sober jackets, donned the sunny national colours, and were spinning their instruments, doing Mexican waves, and threatening to lead the audience in a conga around the Albert Hall.
It was a joyous and edifying spectacle – the more so since many of these youngsters could so easily have ended up toting weapons instead of instruments. The programme of social action involving 250,000 young musicians across Venezuela puts us to shame. But its example radiates hope.
Gustavo Dudamel, the young superstar conductor of the orchestra, is a shining example of opportunity unlocking gifts. He began with Shostakovich’s 10th Symphony, and it was probably the performance of the season so far. The energy that comes off these young players is astonishing. In the climax of the first movement, a tremolando up the octave in the first violins almost took my scalp off.
But it wasn’t just the all-out dynamism of the players that thrilled: it was their insight, too. Dudamel ensured that their collective quiet as much as their collective might spoke volumes for Shostakovich’s alienation in a time of terrible duress. The searching clarinet solos were almost autobiographical in their solitude.
And so it was again with the Symphonic Dances from West Side Story. One would have expected this orchestra to whack out the percussion and screaming mariachi trumpets of the Mambo, but what came as more of a revelation was the sweetness and tenderness of Bernstein’s ballads – and, in the carnival at the concert’s climax, the sheer sensuousness of the playing. Really, it was humbling.
Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela, Royal Albert Hall, London
Ago 20
Published: August 20 2007 18:05 | Last updated: August 20 2007 18:05
If anybody was uncertain about the colours of Venezuela’s flag before Sunday’s Prom, they certainly will not be now. To add a vibrant splash to the encores, the players of the Simón Bolívar Youth Orchestra donned multi-coloured jackets, resplendent in Venezuela’s yellow, blue and red.
This has been a memorable Proms season for youth orchestras from around the world. Young string players from Soweto in South Africa set the opening weekend off with bravado, and this vast, more-than- 100-strong youth orchestra was hardly less exhilarating. In each case the background story of music lifting young people out of deprivation is inspiring on its own account.
In terms of the rising standard for youth orchestras, the Venezuelans may not occupy the world’s number one spot – that surely belongs to the Gustav Mahler Jugendorchester, hotly pursued by Daniel Barenboim’s West-Eastern Divan Orchestra, made up of players from either side of the Middle Eastern divide – but they play extremely well and with vitality.
All the pent-up energy made the Royal Albert Hall’s foundations tremble. Unlike most other youth orchestras, the Simón Bolívar Youth Orchestra has a young music director in 26-year-old Gustavo Dudamel, guaranteed an international career as music director-designate of the Los Angeles Philharmonic Orchestra. The youthful combination was explosive.
Their performance of Shostakovich’s Symphony No 10 was conceived on a huge sonic scale. Dudamel made hard work of the long opening movement – the misery of the Russian masses weeps out of every note and performing it with such heavy accents and dogged tempos labours the message.
But as soon as dynamism was called for, the performance took off. The short scherzo was electric, like a bolt of lightning unleashed in the Stalinesque gloom.
The second half was a riot of colour, rhythm and dance. The symphonic dances from Bernstein’s West Side Story are perfect material for young players and went with infectious zest.
Dance and ballet numbers by Moncayo, Arturo Márquez and Ginastera gave us unbridled Latin American brilliance. Dudamel and his young Venezuelan band of musicians will be welcome back at the BBC Proms any time.
Tel +44 (0) 20 7589 8212
Copyright The Financial Times Limited 2008
Proms 46 – 48: Joyous music-making in a class of its own
Ago 20
Daily Telegraph
Publicado originalmente en el diario británico Daily Telegraph
Last Updated: 12:01am BST 20/08/2007
David Fanning reviews the CBSO, the LSO, The Venezuelan Brass Ensemble and the Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela conducted by Gustavo Dudamel
Share prices have been volatile of late, though if your portfolio includes Elgar, his performance has been rock-steady in the longer term, with a modest boost in this, his 150th anniversary year.
Sakari Oramo has played no small part in that, and his CBSO Prom was a welcome reminder of the sterling qualities of The Apostles, Elgar’s second oratorio. Here the dividends are admittedly undramatic and rather widely spaced, but patience is handsomely rewarded by the revelatory final pages.
The LSO is another classy and dependable performer, as its late-evening half-Prom, conducted by François-Xavier Roth, confirmed. The surprise here was the comparatively weak showing of Astor Piazzolla, especially as orchestrated by John Adams, where some fundamental musical limitations were laid bare.
His shares have been absurdly overpriced for years now, so the advice has to be: sell, sell, sell. The Venezuelan Brass Ensemble saved this Prom after Maxim Vengerov cried off with an injured shoulder. Those who stayed away missed a joyous display of panache and sensitivity in repertoire from Bach to Gershwin. It lasted nearly twice as long as scheduled, partly because of scene changes, but mainly because of prolonged ovations.
Speaking of which, I have witnessed some enthusiastic responses to Shostakovich’s Tenth Symphony, but nothing quite on the scale that greeted the Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela (of which the Brass Ensemble is a part) last night. And even that was over-topped by the reaction to their second half of (Latin) Americana.
Part of this rapture was directed at Gustavo Dudamel, the young superstar conductor who on this showing could hardly be priced too high. He is musical in every fibre of his body, and his Shostakovich was as profound and patient as his Mexican and Argentine second half was sparky and uninhibited.
Music-making this joyous is in a class of its own. If you hear of the orchestra coming within 500 miles of you, book straight away; they will probably sell out within minutes.
BBC London Proms
Ago 15
Gustavo Dudamel dirige a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en los “BBC London Proms”
Sala: Royal Albert Hall Londres
Programa:
Dimitri Shostakovich: Symphony No. 10 in E minor
Leonard Bernstein: West Side Story – Symphonic Dances
José Pablo Moncayo: Huapango
Arturo Marquez: Danzón Nº 2
Alberto Ginastera: Malambo para la suite Estancia
Fecha: 19/08/2007
