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Gustavo Dudamel: “Me encantaría dirigir la orquesta del Teatro Real”
Oct 24
Publicado originalmente en el diario El País
El músico dedica una espectacular y sobrecogedora segunda sinfonía de Mahler a los premiados con el Príncipe de Asturias y bromea acerca de su futuro
JESÚS RUIZ MANTILLA – Oviedo – 24/10/2008

Gustavo Dudamel dirige un ensayo de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar - Paco Paredes
La música de la Sinfónica Simón Bolívar explotó ayer en Oviedo como homenaje a todos los premiados con el Príncipe de Asturias de este año. La que hoy por hoy puede ser la orquesta más dinámica, fresca y enérgica del mundo clásico iluminó con la Sinfonía número 2 de Gustav Mahler, dirigida por ese prodigio que es Gustavo Dudamel, el preludio de una fiesta que concluye esta tarde con la entrega de los galardones en el teatro Campoamor.
Casi todos ellos, presentes junto a don Felipe y doña Letizia en el Auditorio, agradecieron el gesto de ver a 180 jóvenes venezolanos, salidos del sistema de orquestas creado hace casi 40 años por José Antonio Abreu. Ante 2.000 personas, ataviados con la bandera de Venezuela, ofrecieron un concierto sobrecogedor y bordaron las notas de una sinfonía grandiosa. “Es nuestro regalo, sobre todo para el maestro Abreu, a quien una vez le oí la mejor versión que he escuchado nunca de esta pieza”, contaba Dudamel, de 27 años, antes de ponerse en mangas de camisa a dirigir un ensayo.
El concierto había creado una expectación enorme que fue recompensada con el público puesto en pie y el regalo final de la interpretación del himno de Asturias. Las entradas se agotaron hace meses y la poderosa magia musical que despiden estos jóvenes demostró por qué la organización de Abreu, que enseña hoy música a 265.000 venezolanos, merece como pocos el Premio de las Artes. La devoción que sienten los chicos por su figura es grande: “Además, esta sinfonía tiene un hondo significado, es la Resurrección, lleva un gran mensaje humanístico de fe y esperanza. El maestro se la merece, nos dio la vida”, comentó Dudamel.
Una vida, en su caso, de auténtica estrella de la música mundial y que le llevará de gira por España la próxima semana. A Dudamel se le ve hoy como auténtico resucitador de un género, el sinfónico sobre todo, que languidece en el mundo occidental y crece en otras latitudes. Tanto que resulta un nombre codiciado para dirigir orquestas y teatros de ópera en Estados Unidos y Europa.
De hecho, como el británico Daniel Harding, de 33 años, también ha sido tanteado por el Teatro Real de Madrid para sustituir a Jesús López Cobos en 2010. Fue algo a lo que Dudamel, ayer, en Oviedo, no cerró la puerta. “Por el momento, ando fuera de juego por tantos compromisos. En 2009 empiezo en la Filarmónica de Los Ángeles, sigo en la Simón Bolívar y también tengo la de Gotemburgo, en Suecia. Mi problema es el tiempo, veremos qué dice el tiempo, pero me encantaría ir a Madrid. Ahora no puedo decir sí o no, es un proceso que debemos estudiar”, anunció antes de subirse al podio.
La alegría del director era explosiva. Viajó a Oviedo para estar un solo día junto a los suyos, ofrecer el concierto y marcharse. Allí le esperaban sus compañeros de infancia y juventud en la música. También su padre y su hermano, y sobre todo Abreu, que le agradeció el regalo. El compromiso de este talento joven con las orquestas de su país es irrompible: “Ahora quiero ayudar al maestro en su sueño de crear un sistema de orquestas mundial con su método”. Un sueño que continuará en la próxima cumbre iberoamericana en la que será presentada la primera orquesta de ese ámbito impulsada por Abreu.
El germen se expande. El sueño crece y ya se ha copiado en 23 países iberoamericanos, además de otros europeos y asiáticos. No es una cuestión exclusivamente artística la que persiguen: “El sistema trata de formar ciudadanos conscientes de sus deberes con la sociedad. Para eso sirve la música. Sensibiliza la vida en comunidad”, afirma Dudamel.
Venezuelas Jugendorchester überwältigt
Sep 15
Publicado originalmente en STIMME.de el 15 de septiembre de 2008
Von Martin Betulius
Baden-Baden – Dass seriöse Hörer im Festspielhaus nicht nur stehend rhythmisch klatschen und pfeifen, sondern wie Sportfans exaltiert toben, bringt wohl nur das „Simón Bolívar National Youth Orchestra of Venezuela“ fertig. Man glaubte, das beste, motivierteste Orchester der Welt gehört zu haben, was Sir Simon Rattles Urteil, „dies ist das zurzeit wichtigste Ereignis in der Welt der klassischen Musik überhaupt“ bestätigt. Wer am Samstag nicht in Baden-Baden war, kann sich die Leistung der 160 Musiker von zwölf bis 26 Jahren nicht vorstellen.
Wunder Dass diese Heerschar von Streichern so durchsichtig und im Pianissimo so zart spielt, und dass die Blechbläser aus Venezuela ein US-Spitzenorchester, das man zwei Tage zuvor im selben Saal hörte, weit in Schatten stellen, ist so überwältigend wie das Faktum, dass in Venezuela 15 000 Pädagogen 250 000 junge Menschen in 90 Kinder-, 130 Jugendorchestern und in 30 Orchestern mit Erwachsenen unter 26 Jahren schulen.
José A. Abreu, der anwesende Initiator dieses Wunders, das Kindern, von denen 75 Prozent unter der Armutsgrenze leben, ein würdevolles Dasein verschafft, wurde stehend geehrt. Ist es für die übrige Welt nicht blamabel, dass Venezuela uns zeigt, wie es um die Musikkultur stehen könnte?
Entfesselt Strawinskys grausames „Frühlingsopfer, Bilder aus dem heidnischen Russland“ (Le Sacre du Printemps), wurde 1913 als „Massacre“ zum Uraufführungsskandal mit 27 Verletzten, bei dem sich Frankreichs durch die Dreyfus-Affäre geschwächte konservative Elite letztmalig aufbäumte.
Jetzt wirkte die rhythmische Prägnanz, entfesselt von Gustavo Dudamel, dem 27-jährigen Senkrechtstarter unter den Dirigenten, plausibel und geradezu genussreich. Mussorgskys von Ravel instrumentierte „Bilder einer Ausstellung“ erklangen in ebenso unüberbietbarer Vollendung.
Nach humorvoller, pantomimisch untermalter Zugabe und endlosen Ovationen der Radetzkymarsch als Rausschmeißer.
Traducción rápida de Google Translate:
Orquesta Juvenil de Venezuela abrumado
Por Martin Betulius
Baden-Baden – El oyente grave en la sala de conciertos, no sólo como rítmicamente palmas y silbidos, pero como los fanáticos de los deportes exaltado rabia, probablemente sólo trae el “Simón Bolívar Joven Orquesta Nacional de Venezuela” listo. Se creía que las mejores orquestas del mundo más motivados para lo que han oído hablar de Sir Simon Rattle veredicto, “este es actualmente el más importante evento en el mundo de la música clásica nunca” confirmó. Que el sábado en Baden-Baden, ¿puede el ejercicio de los 160 músicos de doce a 26 años no se imagina.
Que este milagro ejército de cuerdas, tan clara y tan delicada Pianissimo jugar, y que los jugadores de bronce de Venezuela, Estados Unidos y un líder de orquesta, el hombre dos días antes en la misma sala de escucha en la medida que la sombra es tan abrumadora como el hecho de que en Venezuela 15 000 educadores de 250 000 jóvenes en 90 niños, 130 orquestas juveniles y 30 orquestas en los adultos menores de 26 años de formación.
José A. Abreu, presente el promotor de este milagro, los niños, de los cuales el 75 por ciento vive por debajo del umbral de la pobreza, da una vida digna, fue honrado en lo sucesivo. Es para el resto del mundo no vergonzoso que Venezuela nos muestra cómo lo que se refiere a la cultura musical puede ser?
Stravinsky desatado crueles “Fotos de la primavera de Víctimas Rusia pagana” (Le Sacre du Printemps), 1913 fue como “masacre” con el escándalo de estreno de 27 heridos, en la que Francia por el caso Dreyfus debilitado élite conservadora última aufbäumte.
Ahora parece la rítmica concisión, desatada por Gustavo Dudamel, los 27 años de edad whiz niño entre los conductores, absolutamente plausible y agradable.Instrumentos de Ravel de Mussorgsky “Cuadros de una Exposición” resonó en el mismo sin la perfección.
Después de buen humor, la pantomima y la adición de menores de Radetzkymarsch interminables ovaciones como guardias.
Junges Orchester aus Venezuela begeistert
Sep 14
Publicado originalmente en el Badische Zeitung el 14 de septiembre de 2008
KLASSIK: DIE LUST AN DER MUSIK
Am Ende tanzten sie und lagen sich in den Armen: 160 junge Musikerinnen und Musiker aus Venezuela haben am Wochenende unter ihrem Dirigenten Gustavo Dudamel ein umjubeltes Konzert im Festspielhaus Baden-Baden gegeben.
Was geht da ab? Was passiert da eigentlich? Gut 160 Musiker auf der Bühne, rund 2500 im Zuschauerraum – aber am Ende ist man sich dieser Trennung gar nicht mehr bewusst. Das, was aus dem Munde des Bundesvorsitzenden der Jeunesses musicales Deutschland, Hans-Herwig Geyer, vor dem Baden-Badener Auftritt des Simón Bolívar National Youth Orchestra (SBNYO) of Venezuela unter seinem Chef Gustavo Dudamel noch ein bisschen zu sehr nach oft strapaziertem Klischee klang, ist jetzt Normalität: Der Abend ist mit der ersten Zugabe, dem vom Orchester ebenso getanzten wie gespielten Mambo aus Bernsteins “West Side Story” endgültig zur Fiesta geworden – so wie schon längst zuvor der Hüftschwung des Dirigenten beim Dirigieren zur Keimzelle ihrer ganzen Musik.
Ob er ein guter Dirigent sei, fragten nicht selten jene Skeptiker, denen die “Fiesta”, die viele Medien um den gerade mal 27-jährigen Pultstar Dudamel, suspekt ist. Er ist es, und noch mehr. Er ist auch ein sehr guter Orchestererzieher – ein Prädikat, das bei Dirigenten nicht allzu häufig vergeben werden kann. Dafür bekommt er in Baden-Baden an diesem Abend auch den mit 10 000 Euro dotierten Würth-Preis der Jeunesses musicales Deutschland verliehen. Denn selbst wenn man berücksichtigt, dass heute etwa 70 Prozent der Musiker des SBNYO Festengagements in Orchestern haben, so ist es doch maßgeblich Dudamels Persönlichkeit, seine Ausstrahlung und seine Autorität, die Begeisterungsstürme auf und vor dem Podium auslösen kann. Und gleichzeitig höchste Konzentration.
Der Beginn des Baden-Badener Konzerts ist dafür das beste Beispiel. Nach den etwas zu lang geratenen Laudationes zur Preisverleihung noch vor dem Konzert ist die Unruhe im Orchester, das längst auf der Bühne Platz genommen hat, spürbar. Es soll nicht mit irgendeinem Stück losgehen, sondern mit einem Meilenstein der frühen Moderne, das der Kategorie des Rhythmus in der abendländischen Musik einen ganz neuen Stellenwert einbrachte: “Le sacre du printemps”. Und da steht Dudamel vor diesem Orchester wie ein Schamane und lädt es in wenigen Sekunden mit der verloren geglaubten Spannung auf. Wie Hypnose ist das – zumal vor einer Musik, deren Suggestionskraft selbst etwas Hypnotisches an sich hat. Dass der Solofagottist dann in seinen ersten Takten doch ein bisschen Nerven zeigt – menschlich. Strawinskys Frühlingsmorgen bricht mit allem Ausdruck an, der in diese Musik hineingelegt ist.
Dudamel ist ein Beschwörer. Bei ihm kommt Musik aus dem ganzen Körper, doch hat sein obligatorischer Hüftschwung nichts gemein mit Partyfeeling. Es ist, als verberge sich dahinter eine musikalische Geheimsprache – auch das passend zu Strawinskys kultischem Opus. Die rhythmische Dominanz dieser Musik stößt bei den Südamerikanern ohnedies auf fruchtbarsten Boden; so kraftvoll, so eindringlich und so selbstverständlich erlebt man selten einen “Sacre”.
Aber da ist auch noch etwas anderes, was die Paarung Dudamel-SBNYO so hinreißend macht. Es ist diese unbedingte Gemeinsamkeit bis hin zum miteinander Atmen. Dudamel dirigiert mit seiner klaren, keineswegs überfrachteten Technik auch das Verklingen von Musik, die Spannung zwischen den Pausen. Und die Musiker tragen sie weiter. Freilich funktioniert das nur dank der exzellenten technischen Möglichkeiten – von den brillanten Violinen über die hochsensiblen Holzbläser, die faszinierend-fetzige Perkussiongruppe bis zu jenen beiden Trompetern, die in der Einleitung zum zweiten Teil des “Sacre” ein so unglaublich leises piano zu spielen vermögen, wie man es rein physikalisch nicht für möglich hält. Mit der gleichen Suggestionskraft erklingen im zweiten Teil übrigens Mussorgski/Ravels “Bilder einer Ausstellung” – noch so ein Powerstück der Konzertliteratur und aus dramaturgischer Perspektive sicher des Guten zu viel für einen Abend. Doch wenn man die hohe Emotionalität spürt, sieht, wie sie sich am Ende reihenweise vor Musizierglück in den Armen liegen, ist das sekundär. Dann wünscht man sich eigentlich nur noch, dass eine solche Begeisterung für gute Musik bei jungen Menschen auch in Deutschland eines Tages wieder zu einem Massenphänomen wird. Wie in Venezuela geschehen.
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Orquesta de jóvenes entusiastas de Venezuela
CLÁSICA: EL DISFRUTE DE LA MÚSICA
Al final se bailó y se encontraban en los pobres: 160 jóvenes músicos de Venezuela, en el fin de semana en virtud de su director Gustavo Dudamel un aclamado concierto en el Festspielhaus en Baden-Baden.
¿Qué va a? ¿Qué es lo que sucede allí? Así 160 músicos en el escenario, alrededor de 2500 en el auditorio – pero al final no hay esta separación ya no es consciente. Que de las bocas de los federales el presidente de Juventudes Musicales de Alemania, Hans-Herwig Geyer, en el Baden-Baden apariencia de la Simón Bolívar Joven Orquesta Nacional (SBNYO) de Venezuela en virtud de su jefe Gustavo Dudamel todavía un poco demasiado a menudo como cliché destacó klang , ahora es la normalidad: La noche es el primer bis, la orquesta que desempeñan así como baila Mambo de Bernstein “West Side Story” se ha convertido en final en favor de la Fiesta – como mucho antes de la Hüftschwung del conductor para la realización de germen de todos su música.
Si es un buen conductor se le pidió que no poca frecuencia los escépticos, la “Fiesta”, que muchos medios de comunicación de todo el apenas 27 años de edad Pultstar Dudamel, es sospechoso. Él es, y mucho más. También es una muy buena orquesta educadores – un predicado, que es con demasiada frecuencia los conductores no puede ser concedida. Pero él se pone en Baden-Baden, esta tarde con los 10 000 euros enriquecida Würth Premio de Juventudes Musicales de Alemania. Incluso si se tiene en cuenta que en la actualidad cerca del 70 por ciento de los músicos del festival SBNYO compromisos en orquestas, así que es crucial Dudamel personalidad, su carisma y su autoridad, y el entusiasmo frente a la tribuna o no. Y aunque la mayor concentración.
El comienzo del concierto de Baden-Baden es el mejor ejemplo. Después de la precaria Laudationes algo demasiado largo para la ceremonia de entrega de premios antes del concierto es el malestar en la orquesta, la etapa más larga en la Plaza se ha convertido en notable. No debería ir con cualquier pieza, pero con un hito de la primera modernidad, la categoría del ritmo de la música occidental en una nueva importancia en los ingresos: “Le Sacre du printemps”. Y se encuentra ante esta Orquesta Dudamel como un chamán y de carga en unos segundos con la pérdida de tensión. ¿Qué es la hipnosis – especialmente frente a una música cuyo poder hipnótico que sugieren algo de él. El hecho de que el solo fagotista entonces en su primer bares, pero muestra un poco nervioso – menschlich. Por la mañana de primavera de Stravinsky rompe con todas las expresiones, que en esta música es hineingelegt.
Dudamel es un convocar. Cuando se trata de música de todo el cuerpo, pero su obligatoria Hüftschwung no tiene nada en común con el sentimiento de partido. Es como esconder detrás de un lenguaje secreto musicales – incluso el partido Opus Strawinsky culto. La música rítmica de este dominio se encuentra entre los latinoamericanos de todos modos en un suelo fértil, tan poderoso, tan insistente y tan pocas veces, por supuesto, una experiencia “Sagrado”.
Pero también hay otra cosa, lo que la vinculación Dudamel SBNYO-hace tan entrancing.Es esta incondicional común el uno al otro respirar. Dudamel lleva a cabo con su claro, no sobrecargado y la tecnología fuera de la música, la tensión entre las pausas. Y los músicos llevan. Ciertamente, sólo puede ocurrir gracias a la excelente técnica de las posibilidades – a partir de la brillante violines en la gran madera, el fascinante, Groovy grupo de percusión a los dos trompeteros, en la introducción de la segunda parte de la “Sagrado”, de manera increíblemente tranquilo piano activos, ya que es puramente física no puede mantener. Con el mismo tono sugestivo poder en la segunda parte de la forma, Mussorgsky / Ravel “Cuadros de una Exposición” – ni siquiera como una potencia pieza del concierto la literatura y dramatúrgicos perspectiva segura de una cosa demasiado buena para una noche. Pero cuando la alta emotividad sienten, parece que están al final de una serie de Musizierglück delante del cuello, es la secundaria. Entonces usted realmente desea sólo que esa pasión por la buena música entre los jóvenes en Alemania un día volvería a convertirse en un fenómeno de masas. ¿Qué pasó en Venezuela?
Mahler-Sinfonie mit Enthusiasmus
Sep 11
Publicado originalmente en gea.de el 11-09-2008
Musik – Simón-Bolívar-Orchester unter Gustavo Dudamel als Gipfel einer einzigartigen Jugend-Kultur-Förderung
VON MONIQUE CANTRÉ
LUDWIGSHAFEN. Die Halle war nicht optimal, aber sie fasste die 1 700 Besucher bequem, die sich das Konzert des Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela unter seinem zum Medien-Liebling avancierten Chefdirigenten Gustavo Dudamel nicht entgehen lassen wollten. In der multifunktionellen Friedrich-Ebert-Halle, wo Handball weit besser Raum findet als klassische Musik, erklang am Dienstagabend Gustav Mahlers »Auferstehungs-Sinfonie« (Sinfonie Nr. 2 c-Moll) in monumentaler Besetzung mit 350 Mitwirkenden. Die Wirkung war enorm.
Von den über 200 südamerikanischen Instrumentalisten im Durchschnittsalter von knapp 20 Jahren ging ein Enthusiasmus aus, der ansteckend war. Der oft in die Weltschmerz-Ecke gesteckte Mahler wurde unter ihrem technisch tadellosen Spiel unverkrampft in all seinen vielfältigen Klangfarben und melodischen Überraschungen zum Leuchten gebracht. Ohne Scheu genossen sie die Süße seiner sentimentalen Passagen oder das Wiegen des Ländlers im zweiten Satz; und genauso intensiv gaben sie den tragischen, aufbäumenden und beängstigenden Stellen Ausdruck oder den militärischen Signalen den Rhythmus.
Zur Interpretation des Chorsatzes im fünften Satz hatten sich der Chor der Musikhochschule Mannheim und der Landesjugendchor Rheinland-Pfalz zusammengeschlossen. Berührend sangen sie in extremem Pianissimo, ganz der Vorgabe »misterioso« verpflichtet, die achtteilige Kantate mit dem Klopstocktext: »Auferstehn, ja auferstehn wirst du«, mit der das Werk verheißungsvoll endet. Als Solistinnen waren Janice Watson (Sopran) und Jane Henschel (Alt) zu hören, zwei gestandene Sängerinnen, denen indes am ehesten die schlechte Akustik der Halle zu schaffen machte.
Ein Mahler-Experte
Mit Gustavo Dudamel, der selbst aus dem Simón-Bolívar-Orchester hervorgegangen ist, agierte ein Mahler-Experte am Pult. Seinen ersten großen Preis hatte der damals 24-Jährige 2004 mit dem Gustav-Mahler-Dirigierwettbewerb der Bamberger Symphoniker gewonnen. Bevor er mit dem Orchester auf Einladung der BASF in Zuge von deren Kultur- und Jugendförderung nach Ludwigshafen kam, um Mahlers Zweite zu proben und aufzuführen, waren sie »in Residence« bei den Salzburger Festspielen, wo unter anderem Mahlers Sinfonie Nr. 1 auf dem Programm stand.
Der charmante, jungenhafte Gustavo Dudamel, Sohn eines Caféhaus-Posaunisten, hat eine sensationelle Karriere hingelegt. Sein erstes Jugendorchester leitete er mit zwölf Jahren. Jetzt, mit 27 ist er bereits Chefdirigent in Göteborg und Caracas, und ab 2009 wird er auch Musikdirektor des Los Angeles Philharmonic Orchestra sein.
Der Stardirigent ist wie die jungen Musiker, die das Ludwigshafener Publikum am Ende mit Standing Ovations feierte, Produkt eines musikalischen Förderungssystems, das weltweit einzigartig ist. Das Simón Bolívar Youth Orchestra (SBYO) wurde vor mehr als 30 Jahren von dem Juristen und Musiker José Antonio Abreu (68) gegründet. Er hatte die Idee, die Kinder der armen Venezolaner mithilfe der Musik von der Straße zu holen und damit vor dem fast unvermeidlichen Abgleiten in die Kriminalität zu bewahren. Was Abreu, der für sein Projekt mit dem Alternativen Friedensnobelpreis 2001 ausgezeichnet wurde, zunächst in einer Garage mit elf Musikern begann, ist bis heute zu einem Vorzeigeprojekt höchster Güte geworden. Am Dienstag wurde ihm auch die Hochachtung des deutschen Publikums in der Friedrich-Ebert-Halle zuteil, als er vor dem Konzert den Scheck der BASF für seine Institution entgegennahm.
Kostenloser Musikunterricht
Mehr als 250 000 Kinder werden inzwischen von 15 000 Musiklehrern in ganz Venezuela ausgebildet. Die Kinder erhalten aus einem speziellen Fonds und über Spenden die Instrumente, der Unterricht selbst ist kostenlos. Der Staat fördert das Projekt mit jährlich umgerechnet 36 Millionen Dollar.
»Die Musik bringt Hoffnung in die Wüste eines unerträglichen Lebens«, sagte Abreu. 220 Jugend- und 60 Kinderorchester sowie 30 Sinfonieorchester hat das »Sistema«, die von ihm ins Leben gerufene Organisation, inzwischen gegründet.
Anders als in der herkömmlichen Musikerziehung sollen die Kinder im »Sistema« nicht stundenlang für sich allein üben müssen. Sie werden so früh wie möglich in die zahlreichen Orchester integriert, in denen sie auch das Leben und Arbeiten in einer Gemeinschaft lernen sollen. Zwei bis drei Stunden Orchesterproben stehen täglich nach der Schule an. Mehrere junge Musiker haben auch den Sprung in die besten Orchester der Welt geschafft. So etwa Edison Ruiz, der im Alter von 17 Jahren von den Berliner Philharmonikern engagiert wurde.
Gustavo Dudamel und sein Orchester treten noch in Baden-Baden auf: Am Samstag, 13. September, 19 Uhr, führen sie im Festspielhaus Strawinskys »Le Sacre du Printemps« und Mussorgskys »Bilder einer Ausstellung« auf. (GEA)
Traducción rápida de Google:
Sinfonía de Mahler con entusiasmo
Música – Orquesta Simón Bolívar en virtud de Gustavo Dudamel como el pico de una cultura de promoción de jóvenes -
Por Monique Cantre
Ludwigshafen. La sala no era la ideal, pero resumió el 1 700 visitantes cómodo, que es el concierto de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela bajo el favorito de los medios de comunicación avanzados jefe de orquesta Gustavo Dudamel no querrá perderse. En el carácter multifuncional de Friedrich-Ebert-Halle, donde balonmano espacio mucho mejor que la música clásica, escuchó el martes por la noche, Gustav Mahler la “Sinfonía Resurrección” (Sinfonía N º 2 en Do menor de edad) en el monumental emitidos, con 350 participantes. El impacto fue enorme.
De los más de 200 músicos de América del Sur en la edad media de casi 20 años estuvo precedida por un entusiasmo, que es contagiosa. El dolor a menudo en el mundo-desafiante esquina Mahler es su juego técnicamente impecable establecido en todos sus variados timbres sorpresas melódicas y sacado a la luz. Scheubeck sin disfrutar de la dulzura de sus pasajes sentimentales o la ponderación del país en la segunda serie, y así como intensamente dieron la trágica y aterradora posiciones rebeldes refleja las señales de los militares o el ritmo.
Para la interpretación del coro en la quinta oración la frase había coro de Música de Mannheim y el estado Renania-Palatinado Youthchoir juntos. Cantó conmovedoramente en Pianissimo extrema, no la norma “Misterioso” comprometido con los ocho Klopstock cantata con el texto: “Auferstehn, auferstehn si usted”, con la labor de prometedores extremos. Como solistas se Janice Watson (soprano) y Jane Henschel (alto) para escuchar, realizada dos cantantes, que, sin embargo, más probable es que la pobre acústica de la sala para crear realizados.
Un experto Mahler
Por Gustavo Dudamel, el propio Simón Bolívar de la Orquesta surgido, actuó de una comida de expertos en el podio. Su primer Gran Premio fue el de 24 años de edad en 2004 Gustav Mahler con la realización de la competencia en la Orquesta Sinfónica de Bamberg ganado. Antes de unirse a la orquesta en la invitación de BASF en el curso de su cultura y la juventud de Mahler Ludwigshafen llegó a la segunda para ensayar y llevar a cabo, eran “en residencia” en el Festival de Salzburgo, donde entre otras cosas, la Mahler Symphony N º 1 sobre los programa.
El encantador, muchacho, Gustavo Dudamel, hijo de un café-trombonista, también ha realizado una sensacional carrera. Su primera orquesta juvenil que dirigió con doce años. Ahora, ya con 27, es director de Gotemburgo y Caracas, y desde 2009 también es director musical de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles’s.
La estrella es como el conductor de jóvenes músicos, el público Ludwigshafener al final se celebró con grandes ovaciones, el producto de un sistema de apoyo musical, el mundo es única. La Orquesta Juvenil Simón Bolívar (SBYO) fue hace más de 30 años por el abogado y músico José Antonio Abreu (68) fue fundada. Él tuvo la idea a los niños pobres de los venezolanos mediante el uso de la música de la calle para ir a buscar y, por tanto, ante la casi inevitable deriva hacia la cobertura de la delincuencia. ¿Qué Abreu, por su proyecto con el Premio Nobel de la Paz Alternativo en 2001, inicialmente en un garaje con once músicos comenzó, es llegar a ser un buque insignia del proyecto se ha convertido en la más alta calidad. El martes, fue también el más alto respeto por la audiencia en el alemán Friedrich-Ebert-Halle atención cuando él antes del concierto, para comprobar la BASF institución para su recepción.
Free Music Lecciones
Más de 250 000 niños son utilizados por 15 000 profesores de música formados a través de Venezuela. Los niños obtienen de un fondo especial y donó los instrumentos, la enseñanza es gratuita. El Estado promueve el proyecto con un año convertidos 36 millones de dólares EE.UU..
“La música trae esperanza en el desierto, una vida insoportable”, dijo Abreu. 220 orquestas juveniles, 60 niños y 30 orquestas sinfónicas, el “Sistema”, que lanzó la organización, fundada en el ínterin.
A diferencia de la música tradicional en la educación a los niños en el “Sistema” no es de horas y horas practicando solo ellos. Usted tan pronto como sea posible en los numerosos orquesta integrada en la que viven y trabajan en una comunidad debe aprender. De dos a tres horas diarias orquesta son ensayos después de la escuela. Varios jóvenes músicos también han hecho de la mejor orquesta en el mundo hace. Por ejemplo, Edison Ruiz, a la edad de 17 años por la Filarmónica de Berlín se ha cometido.
Gustavo Dudamel y su orquesta se encuentran aún en Baden-Baden el: Sábado, 13 Septiembre, 19 de reloj, el plomo en el Stravinski Hall del Festival “Le Sacre du Printemps” y de Mussorgsky “Cuadros de una exposición” en la. (GEA)
Nichtakademische Session in der Berliner Philharmonie
Sep 5
Publicado originalmente en Weltexpress.info
Jedes Kind darf ein Instrument lernen« in Venezuela und die Spitze musiziert im Simon Bolivar Jugendorchester
Berlin (Weltexpress) - Begeisterung ist ansteckend. Die Standing Ovations des Publikums beantworteten die jugendlichen Musiker des Simon Bolivar Jugendorchesters Venezuela und ihr gleichaltriger Dirigent Gustavo Dudamel nicht nur mit einigen Zugaben schlechthin, sondern mit der Vorführung südamerikanischen Temperaments: sie wiegten sich im Rhythmus ihrer Melodien, schwenkten die Instrumente in La-O-la-Wellen und bewegten sich mit tänzerischen Schritten übers Podium. Das Orchester gastierte auf Einladung der Berliner Philharmoniker in Berlin. Damit demonstrierten die Gastgeber einmal mehr ihr weltoffenes, multikulturelles und populäres Engagement, das sich in der Arbeit mit Kindern und Jugendlichen, in der Zusammenarbeit mit türkischen Ensembles in Kreuzberg und im alljährlichen Schulorchestertreffen (das nächste am 27. September) zeigt.
Die Musiker spielten »Le Sacre du Printemps« von Igor Strawinsky und die 5. Sinfonie e-moll von Peter Tschaikowsky, musikhistorisch gesehen – nach Auffassung von Volker Tarnow in seiner Einführung – die beiden bedeutendsten Werke des russischen Orchesterrepertoires. Das Programm mag in der Überzeugung gewählt worden sein, dass Tschaikowsky und Strawinsky sich ähnlicher sind, als man gemeinhin glaubt. Der gebürtige Venezolaner Gustavo Dudamel, ganze 27 Jahre alt, leitet das Simon Bolivar Orchester seit 1999. Er zählt heute zu den gefragtesten Dirigenten der internationalen Musikwelt. Auch die Berliner Philharmoniker spielten im Juni unter seiner Leitung. Am Dienstag nun präsentierte er ein Riesenorchester von 160 Musikern, mit denen er die doppelte Besetzung wie im gewöhnlichen Konzertbetrieb bestreiten konnte. Wo Tschaikowsky beispielsweise 2 Oboen, 4 Hörner, 2 Trompeten und 3 Posaunen vorgeschrieben hatte, waren hier 4 Oboen, 8 Hörner und so weiter aufgeboten, von den 100 Streichern ganz zu schweigen. Was beim professionellen und hingebungsvollen Spiel der jungen Musiker auch durch Klangfülle beeindruckte. Die Berliner Philharmoniker, mit 128 etatmässigen Mitgliedern auch keine »Waisenknaben«, befanden dem Vernehmen nach: »So haben wir noch nicht gespielt«. Was immer das bedeuten mag.
Zweifellos erfreut sich das Simon Bolivar Jugendorchester großer Förderung durch die venezolanische Regierung. Es wird aber keine Elite aufgepopt, was sich in Deutschland bei den Spitzenorchestern eingebürgert hat, sondern wie nach bewährter DDR-Methode durch die Fundierung der hohen Musik- und Theaterkultur in der Volkskulturbewegung (oder wie auch des Spitzensports im Breitensport) Höchstniveau erreicht. Das staatliche musikalische Bildungsprogramm Venezuelas: »Jedes Kind darf ein Instrument lernen«, stieß auf enorme Begeisterung und bot insbesondere den in Armut lebenden Kindern Freude, Beglückung und Hoffnung auf ein besseres Leben, auch mit klassischer Musik. Im Umfeld der venezolanischen Musikschulen musizieren heute 240 000 Kinder und Jugendliche in 200 Orchestern und anderen Ensembles. Im Staatlichen Venezolanischen Jugendorchestersystem ist das Simon Bolivar Jugendorchester die Spitze. Die Frage nach dem Zusammenhang von Revolution und Volkskultur ist da nicht weit hergeholt.
Waren die Musiker im programmmäßigen Konzert professionell und akademisch wie jedes normale Konzertorchester, so wackelten bei den Zugaben die Wände. Beim lateinamerikanischen Mambo, begleitet von Volksinstrumenten, blieb die von Volker Tarnow ausgegebene Parole von der Anschnallpflicht ohne Wirkung. Aber es wäre kein deutsches Publikum, gäbe es sich nicht erst bei dem alten Militaristenmarsch (Radetzky) zufrieden.
Viermal waren die Venezolaner bisher in Berlin. Es gibt noch viele, die sie hören und sehen wollen.
- Autor: Sigurd Schulze
E-Mail: redaktion@weltexpress.info
Abfassungsdatum: 05.09. 2008
Foto: © Berliner Philharmoniker
Verwertung: Weltexpress
Quelle: www.weltexpress.info
Update: Berlin, 05.09. 2008
No período de sesiones, en la Philharmonie de Berlín
Los músicos que desempeñan “Le Sacre du Printemps” de Igor Stravinsky y la 5 ª Sinfonía en E menor de Peter Tchaikovsky, música históricamente visto – según Volker Tarnow en su introducción – las dos obras más importantes del repertorio orquestal ruso. El programa puede ser la condena ha sido elegido, Tchaikovsky y Stravinsky que son similares, como se cree comúnmente. El nativo de Venezuela Gustavo Dudamel, un 27 años, lleva a la Orquesta Simón Bolívar desde 1999. En la actualidad, es uno de los más buscados después de los conductores internacionales del mundo de la música. Incluso la Filarmónica de Berlín en junio jugó bajo su dirección. El martes, se presenta ahora una gran orquesta de 160 músicos con los que emitirán en el doble estándar en el concierto puede negar. Cuando Tchaikovsky, por ejemplo, 2 oboes, 4 trompas, 2 trompetas y 3 trombones requisito había sido aquí 4 oboes, 8 de cuernos, etc poseen, de las 100 cadenas, para no mencionar. Lo que el profesional y dedicado jóvenes músicos que tocan el volumen del sonido también impresionado. La Filarmónica de Berlín, con 128 miembros etatmässigen no “niños huérfanos”, fue el rumor: “Eso no hemos jugado”. Independientemente de que esto pueda significar.
No cabe duda de que goza la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de un gran apoyo de el gobierno venezolano. Pero no habrá élite aufgepopt lo que está sucediendo en Alemania, en la parte superior orquestas, pero de acuerdo con lo bueno método RDA por la fundación de la alta cultura musical y teatral en el movimiento popular (o ambos de este deporte en el deporte), nivel máximo. El Estado de Venezuela un programa de educación musical: “Todo niño puede aprender un instrumento,” fue acogida con enorme entusiasmo, y en particular los que ofrecen los niños que viven en la pobreza, la felicidad, la felicidad y esperanza de una vida mejor, incluso con la música clásica. En el contexto de la música hoy en día la música venezolana 240 000 niños, niñas y adolescentes en 200 orquestas y otros conjuntos. En la Joven Orquesta Nacional de Venezuela del sistema es la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de la punta. La cuestión de la conexión entre la revolución y la cultura popular no es tan exagerada.
Fueron los músicos en concierto programmmäßigen académicamente y profesionalmente que cualquier concierto de la orquesta normal, por lo que con los bises estaba temblando las paredes. Cuando América Latina Mambo, acompañados por instrumentos tradicionales, se mantuvo por Volker Tarnow expedido por la Libertad Condicional de los cinturones sin efecto. Pero no habría público alemán, no sería hasta la edad Militaristenmarsch (Radetzky) satisfechos.
Cuatro venezolanos fueron hasta ahora en Berlín. Hay muchos, que quieren oír y ver.
Autor: Sigurd Schulze
E-mail: redaktion@weltexpress.info
Redacción Fecha de inicio: 05.09. 2008
Foto: Berliner Philharmoniker
Explotación: Mundo Express
Fuente: www.weltexpress.info
Actualizado: Berlín, 05-09. 2008
Ein irrer Taumel
Sep 4
Publicado originalmente en el Berliner Zitung el 04-09-2008
Das venezolanische Jugendorchester rockt die Philharmonie
Peter UehlingHurra, wir leben noch! Die Ohren summen, der Körper wehrt sich und geht zugleich ekstatisch mit, wenn wir klatschen, johlen und uns freuen. Schmerz und Lust, Angst und gesteigerte Existenz, und das alles am Ort des ansonsten kontemplativ stillgestellten und rebellisch hustenden Leibes, der Berliner Philharmonie. Ein Sturm, ein Starkstromgewitter ging durch den Saal, der größte Elektrifizierer unter den lebenden Dirigenten war zu Gast und hatte etwa 160 seiner Gesellen mitgebracht, die das Berliner Publikum in besinnungslose Begeisterung trommelten, tröteten, teufelsgeigten: Gustavo Dudamel und das Simon Bolivar Jugendorchester aus Venezuela waren zu Gast.
Dass es dem venezolanischen Staat mit diesem Orchester als Spitze eines gewaltigen Netzes musikalischer Organisationen gelungen ist, Kinder von der Straße zu holen und eine Perspektive zu geben, ist oft genug beschrieben und gerühmt worden. Der großartige Gustavo Dudamel, Chefdirigent des Orchesters seit seiner Volljährigkeit, ist Zögling dieses Systems. Hört man das Orchester, so meint man den Zorn der Kollektive zu vernehmen und ist zugleich froh, dass er sich akustisch kanalisieren lässt. Hier und da trägt er sogar ein tänzerisches Antlitz, dessen Lebenslust allerdings auch tendenziell bedrohlich wirkt. In Deutschland hat man’s ja mit der Lebenslust nicht so unbedingt und schielt neidisch auf tanzbegabtere Nationen, von denen man sich jene Stromschläge erhofft, die die Mundwinkel aufwärts zucken lassen, damit das Gesicht zum Wohlstand passt. Gustavo Dudamel und seinem Orchester ist das gelungen. Nicht ohne künstlerische Kollateralschäden, aber entscheidend ist das im Falle dieses speziellen Konzerts nicht.
Tschaikowskys Fünfte wurde mal wieder als pyrotechnischer Steinbruch missbraucht, in dem man die gleißenden Schalltorpedos für vier Trompeten, sechs Posaunen und acht Hörnern abbaute. Daniel Barenboim nimmt man das übel, hier sei es mild tadelnd angemerkt. Musikalisch dubioser als das pubertäre Geballer sind interpretatorische Kunstgriffe wie das brüsk abgebremste Seitenthema im ersten Satz, grimmig tobende Tempi im Finale und insgesamt ein gar zu geringer Ehrgeiz, gleiche Phrasen in der Wiederholung anders zu spielen. Gewiss zieht die riesige Streicherbesetzung feinen Differenzierungen in Klang und Lautstärke eine Grenze – nur scheint es Dudamels Sache noch nicht zu sein, zwischen den Formteilen Verbindung und Fluss herzustellen.
Was in Strawinskys “Sacre du printemps”, dem Hauptwerk zerschnittener Großrhythmik, nicht auffällt. Hier ist schon erstaunlich, wie Dudamel dieses nicht übermäßig transparent spielende Orchester mal durchsichtig, mal geräuschhaft spielen lässt. Man hört das Stück heutzutage schon mit geradezu eleganten Schwüngen – bei Dudamel wird die ursprüngliche Dialektik aus barbarischem Ausdruck und präzisester Formung wieder sehr stark erlebbar. In den Zugaben dann ein irrer Taumel: Die Musiker lassen die Instrumente wirbeln und schunkeln, sie stampfen, klatschen, rufen, laufen umher. Am Ende, beim Radetzky-Marsch, darf auch das Publikum mitklatschen, und Dudamel gab ihm Einsätze und spieltechnische Hinweise zu laut und leise: nur mit den Fingerspitzen klatschen! Danach durfte wieder gejohlt werden. Zu recht.
Traducción rápida en google:
Un tambalearse irrer
La Orquesta Juvenil de Venezuela de la Filarmónica de rockt
Peter UehlingerHurra, todavía vivo! El zumbido de oídos, el organismo se defiende y es extático, al mismo tiempo, si aplaudir, gritar y alegrarnos. El dolor y el placer, el miedo y la mejora de los medios de subsistencia, y que todo en el lugar de la contemplación silenciosa de otro modo por la tos rebelde y el cuerpo, la Filarmónica de Berlín. Una tormenta, una fuerte tormenta eléctrica pasa a través de la sala, electrificar el mayor entre los que viven los conductores fueron invitados y había cerca de 160 de sus compañeros que la audiencia de Berlín en bidones entusiasmo inconsciente, tröteten, teufelsgeigten: Gustavo Dudamel y la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela fueron visitados.
Que el Estado venezolano, con esta orquesta como una punta de una enorme red de organizaciones musicales de éxito en los niños de la calle para tener una perspectiva que a menudo se ha descrito y alabado. El gran Gustavo Dudamel, director de orquesta de la orquesta, ya su edad es alumno de este sistema. Si usted escucha a la orquesta, por lo que pensar en la ira de los colectivos para conocer y se congratula de que él es la canalización que acústicamente. Aquí y allá, él tiene incluso un baile similar a la cara, cuyo amor a la vida, sin embargo, también tienden a efecto amenazante. En Alemania, es que sí a la alegría de la vida no es necesariamente tan celoso y squints en tanzbegabtere Naciones, de la que espera que una descarga eléctrica a la boca tic ángulo hacia arriba, de modo que se ajuste a la cara a la prosperidad. Gustavo Dudamel y su orquesta se gestiona. No sin garantías artístico, pero es crucial en el caso de este concierto no lo es.
Quinta de Tchaikovsky fue nuevamente abusada pirotécnicos como cantera, donde la brillante torpedos acústicos durante cuatro trompetas, trombones seis y ocho cuernos degrada. Daniel Barenboim, que toma lo malo, aquí es suave tadelnd señaló. Musicalmente dudoso que la pubertad Geballer interpretativas son dispositivos tales como la brusca desaceleración cuestión secundaria en la primera frase, furioso furioso tiempos en la final en su conjunto y mucho menos la ambición, la misma frase repetida en el otro para jugar. Ciertamente, la enorme cadena de multa emitidos distinciones en sonido y en volumen, un límite – sólo parece Dudamel cosa a no ser, entre las partes y conectar el flujo de los productos.
Lo que en Stravinsky “Sacre du printemps’, la labor principal rhythmics gran corte, no cuenta. Es sorprendente cómo esta Dudamel no es demasiado transparente para orquesta tocando veces clara, a veces ruidosa plazo puede jugar. Se oye la canción ya casi ni siquiera con el elegante columpios – cuando la bárbara Dudamel Dialektik de expresión y de nuevo la configuración precisa experiencia muy fuerte. En los bises, un tambalearse irrer: Los músicos, los instrumentos de turbulencia y la danza, el sello que, clap, llamada, correr por ahí. Al final, el Radetzky de marzo, el público también puede mitklatschen Dudamel y le dio las misiones y las notas técnicas para jugar en voz alta y suave, con sólo la yema de los dedos clap! Por otra parte podría ser gejohlt.Demasiado bien.
Dudamel als Vortänzer am Dirigentenpult
Sep 4
Dudamel dirigió como bailarín principal
Die wilden Jungen
Sep 4
Publicado originalmente en DERTAGGESPIEGEL.de el 4 de septiembre de 2008
Eigentlich ist es völlig müßig, einen Auftritt des Simón Bolívar Jugendorchesters mit den Maßstäben einer klassischen Musikkritik messen zu wollen. In der restlos ausverkauften Philharmonie haben sich die Fans des Nachwuchsensembles versammelt, im festen Willen, eine Fiesta zu feiern.
Das ganze Projekt ist aber auch herzerwärmend: Seit 1975 sorgt in Venezuela „el sistema“ dafür, dass alle Kinder des Landes kostenlos Musik lernen können. 240 000 Jugendliche spielen dort in 200 Ensembles, die besten von ihnen touren als Botschafter des einmaligen Education-Programms um den Globus und lösen überall Begeisterungsstürme aus, so auch in der Philharmonie 2000, 2002, 2005 – und am Dienstag: Bei der ersten Gelegenheit springen die Zuhörer auf, jubeln, schwenken Fahnen. Am Schluss dann ein Aufschrei aus Dutzenden Kehlen, der Saal wird zum Hexenkessel, vokale La-Olas fegen über die Ränge hinweg, wenn die Bläsersolisten aufstehen, euphorische Pfiffe gellen dazwischen.
Und die Fans bekommen ihre Zugaben, Südamerikanisches natürlich. Die fast 140 Musikerinnen und Musiker rufen „Mambo!“, lassen ihre Instrumente kreiseln, tanzen auf der Bühne. Leider spielen sie allerdings auch die „seriösen“ Werke des Programms mit derselben naiven Lebensfreude und der Lautstärke einer Sambakapelle. Und das macht den Abend – rein musikalisch-interpretatorisch betrachtet – dann doch zum Ärgernis.
Technisch präsentieren sich die Musiker auf beachtlichem Niveau, bei einem Jugendorchestertreffen wie „Young Euro Classic“ wären sie gut aufgehoben. Doch die Venezolaner lassen sich als Stars feiern, vor allem auch dank ihres Dirigenten Gustavo Dudamel, dem aktuellen Darling des Klassikbusiness, der mit seinen 27 Jahren schon Chef der Göteborger Symphoniker sowie designierter musical director in Los Angeles ist. Zweifellos ist Dudamel hochbegabt, er dirigiert auswendig, seine Bewegungen sind geschmeidig und organisch, die agogischen Akzentsetzungen nachvollziehbar. Doch es gelingt ihm nicht, die explosive Energie der orchestralen Massen zu kanalisieren, für seine Zwecke zu nutzen. Strawinskys „Sacre du Printemps“ verliert sofort die Spannung, wenn die Musiker nicht loskrachen können. Tschaikowskys 5. Sinfonie hat schöne Stellen, ein anrührendes Thema im Eröffnungssatz, ein beseeltes Hornsolo im Andante, doch über weite Strecken braust die Partitur im Fortissimo dahin, ohne Geheimnis, ohne Wärme. Die zur Schau gestellte Emotion wirkt in ihrem ganzen Bühnendonner oberflächlich, aufgesetzt und darum, pardon, so ehrlich wie ein vorgetäuschter Orgasmus. Frederik Hanssen
(Erschienen im gedruckten Tagesspiegel vom 04.09.2008)
Traducción rápida de Google:
Los niños salvajes
En realidad, es completamente inútil, la actuación de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar con las normas de la música clásica críticos desea medir. En la Filarmónica han agotado totalmente a los aficionados del conjunto de jóvenes reunidos en la sólida voluntad, una fiesta para celebrar.
Todo el proyecto es también el corazón de calentamiento: Desde 1975, en Venezuela como “el sistema” garantizar que todos los niños en el país libre de la música puede aprender.240 000 jóvenes en 200 conjuntos de juego, el mejor de ellos en una gira como embajador ante la singular programa de educación en todo el mundo y resolver los entusiasmos de todas partes, incluida la Filarmónica de Hall 2000, 2002, 2005 – y el martes: En la primera oportunidad para saltar para animar a la audiencia, ola banderas. Al final luego de un clamor de decenas de gargantas, la habitación es pandemonio, vocal La Olas barrido a través de las filas, si el viento hasta solistas, eufórico gellens silbidos en el medio.
Y los fans obtener su bises, por supuesto, de América del Sur. Los cerca de 140 músicos llaman “Mambo”, el hilado Deje sus instrumentos, bailar en el escenario. Por desgracia, que desempeñan, sino también la “grave” en el programa de obras con la misma alegría ingenua de la vida y el volumen de una banda de samba. Y que hace de la noche – puramente musical, la interpretación de vista – pero entonces la ofensa.
Técnicamente, los músicos presentes en niveles considerables, en una reunión de la juventud como “Young Euro Classic” si estuvieran en buenas manos. Pero los venezolanos se consideran las principales estrellas celebrar, sobre todo gracias a su director Gustavo Dudamel, el cariño de la empresa clásica, con sus 27 años, jefe de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo y director musical de Los Angeles designar. No cabe duda de que Dudamel dotados, dirigió de memoria, sus movimientos son suaves y orgánicos, se hace hincapié agogischen comprensible. Pero él no tiene éxito, la explosiva energía de la masa orquestal canal, para sus propósitos. Stravinsky “Sacre du Printemps” inmediatamente pierde la tensión cuando los músicos no pueden loskrachen. Tchaikovsky la 5 ªSinfonía ha de gran belleza, un sujeto en movimiento en la primera frase, un sentimental solo cuerno en el Andante, pero a través de largas distancias rustled Fortissimo en la puntuación de entonces, sin secretos, sin calor. El examen solicitado emoción afecta a toda la etapa trueno superficiales, por lo creó, el indulto, como honesta como un falso orgasmo. Frederik Hanssen
(Publicado en el impreso de Tagesspiegel 04.09.2008)
Noche mágica
Ene 29
CARLOS GALLEGO BRIZUELA – Valladolid – 29/01/2008
Publicado originalmente en el diario El País
Lo que vimos el viernes en Valladolid fue mucho más que un concierto. Los jovencísimos intérpretes de la venezolana Orquesta Simón Bolívar tocaban casi de memoria, sin apenas consultar sus partituras, con una perfección asombrosa. Fue una noche mágica que terminó con una explosión de entusiasmo y de alegría en la que participamos todos cuando nos regalaron las danzas de Bernstein y se levantaban coreando el mambo, izando sus instrumentos y bailando entre ellos.
Pero, por encima de todo, fue la celebración de la fe en la condición humana, la misma que demostró a través de esos muchachos su capacidad para modificar la trayectoria de unas vidas condenadas a la ignominia de la pobreza, de la delincuencia y del hambre, llevándolos hasta los territorios de la dignidad y de la esperanza. Y fue también el desenmascaramiento de la mentira de la razón económica vigente, cuyas brumas de fatalidad tras la que progresan la barbarie y la injusticia fue disolviendo Gustavo Dudamel con los mágicos movimientos de su maravillosa batuta.
Divino tesoro
Ene 29
CARLOS GOMEZ AMAT
Publicado originalmente en el diario español El Mundo
Intérpretes: Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar./ Director: Gustavo Dudamel./ Obras de Stravinski y Chaikovski./ Escenario: Auditorio Nacional./ Fecha: 27 de enero.
Calificación: ***
MADRID.- Una voz que venía, desde el otro lado del Atlántico, a renovar la poesía en lengua española, nos habló de la juventud como un divino tesoro. Y lo es, efectivamente, cuando va acompañada del impulso vital y de la alegría. No cuando sus guardianes son la miseria y la sombra. Estos jóvenes venezolanos -algunos niños- nos confirman ese resplandor juvenil que ilumina lo que se plantea con inteligencia y visión de futuro. Un ejemplo de esas virtudes es el ejemplar Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que puede servir de guía para todo el mundo. Se debe al esfuerzo del benemérito José Antonio Abreu, compositor, clavicembalista, director y economista.
La Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar es una espléndida realidad que, en esta ocasión, ha obtenido un éxito ruidoso, desbordado y sincerísimo. El nutrido conjunto, un verdadero ejército sonoro conducido por el entusiasmo, nos muestra lo que se puede hacer cuando la música, como primerísimo elemento cultural, se pone al servicio de una acción social. Los jóvenes venezolanos, redimidos de todo mal, se entregan a su labor y nos convencen. Una gran parte de su triunfo se debe al también joven director -fruto del mismo movimiento- llamado Gustavo Dudamel, que está haciendo una gran carrera internacional, gracias a su técnica impecable, su gesto preciso y su amor apasionado al arte que llena su vida.
Quizá por buscar el deslumbramiento inicial, se falta el respeto al orden cronológico y se comienza con La consagración de la primavera, para ofrecer luego la Quinta de Chaikovski. Arrollador Stravinski. Qué joven se conserva Stravinski ante unos vanguardistas que llegaron después y que se han hecho viejecitos. Luego, la emocionada corriente romántica de Chaikovski, transmitida con fidelidad y convicción. Solamente, como pequeña solicitud, le pediría al estupendo trompa solista que no diga su parte como silabeando, que deje fluir la melodía. Ya lo he dicho: un sonoro triunfo y, como luminoso regalo, la breve fiesta de todos con bulliciosa participación visual.
Deseamos que vuelvan Dudamel y los suyos. Que sigan con su eficaz lección de lo que se puede hacer con la música, no sólo en lo artístico, sino en el beneficio de la sociedad. Dominan el repertorio y lo demuestran. Sólo falta que se empeñen en difundir la música de su hermoso país y todo su mágico continente. Es un deber sagrado. Que no sigan el ejemplo de un excelente pianista español que lo que quiere es ir a Varsovia a tocar Chopin. Debemos cuidar los grandes campos del arte universal, pero también nuestros huertos, aunque a algunos intérpretes equivocados les parezcan modestos. No lo son.
Volved pronto, compañeros
Ene 28
J. Á. VELA DEL CAMPO 28/01/2008
Publicado originalmente en el diario El País
En clima de apoteosis culminó ayer en el Auditorio Nacional de Madrid la gira por España de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar dirigida por Gustavo Dudamel. Asistieron al concierto la hermana del Rey, doña Pilar de Borbón, y su hija, Simoneta Gómez Acebo, un gesto que va a tener sin duda una gran resonancia popular en Venezuela.
Venían los músicos de Zaragoza, donde pusieron en pie una primorosa versión de la Séptima, de Beethoven. En Madrid comenzaron con La consagración de la primavera, de Straviski. De cortar la respiración. Fue una versión de una fuerza rítmica escalofriante, empastada al límite y con un sentido estructural sin fisuras. Dudamel controló hasta el más mínimo detalle de las matizaciones y contrastes, pero además infundió una energía salvaje al conjunto. La orquesta respondió con una concentración, unidad y técnica admirables. Después revalidaron su maestría en Chaikovski. Es hasta justificable que se rompiera el protocolo de silencio tras el segundo movimiento de la Quinta, dada la hermosura de su realización. El mambo de propina encendió a la sala.
La gira por Oviedo, Valladolid, Zaragoza y Madrid de Dudamel y sus músicos ha sido un acontecimiento. La música recupera con ellos una alegría de vivir irresistible. Que tanta belleza salga de un proyecto social es algo para pensar muy seriamente. José Antonio Abreu, fundador del Sistema de orquestas infantiles y juveniles, nos ha dado una lección impagable. Por favor, volved pronto, compañeros.
Ver, escuchar, sentir, pensar
Ene 26
J. Á. VELA DEL CAMPO 26/01/2008
Reseña de la presentación en Oviedo del 24/01/08
Originalmente publicado en el diario El País
Los conciertos se escuchan, los conciertos se ven. El primer impacto que provoca la Sinfónica de la Juventud Venezolana es visual. Tan jóvenes, tan desenfadados. Con una explosión de color desde la piel. Con una ilusión que se percibe en cada gesto, en cada mirada. Pelos rizados, tacones de aguja. Y todos en trajes negros impecables. Las plantillas orquestales son numerosas: hasta una docena de contrabajos en Chaikovski, y el resto de las secciones guardando a partir de ahí las proporciones.
Gustavo Dudamel -27 años hoy: felicidades- los electriza. Tiene técnica depurada, un estilo cada vez más cercano a Rattle, una manera de marcar la melodía que le aproxima a Abbado, una actitud extrovertida a lo Barenboim. Son sus maestros. Él pone la energía de su edad, un instinto salvaje e intuitivo, una capacidad de organización fabulosa, una insolencia que enternece. Sonó un móvil antes de que la orquesta empezase a sonar. Sonó otro en los primeros compases. Dudamel paró la ejecución y el público le aplaudió. Antes de reanudarla sonó un tercer teléfono. Sin comentarios.
Un Beethoven poderoso, compacto y aguerrido se impuso desde el primer movimiento. En el alegreto las cotas de poesía volaron alto. Para el alegro con brío final se reservaron los venezolanos el frenesí. Fue un movimiento diabólico, un tsunami. Eso sí, perfectamente controlado desde la batuta. Dejaron al auditorio sin respiración y a los móviles enmudecidos. Si Beethoven fue de impacto, Chaikovski fue apabullante. No es extraño que la Quinta sea una de las sinfonías con las que van a comparecer este verano en el Festival de Salzburgo. Les va este tipo de música excesiva, desgarrada, hiperromántica, desesperada. Dudamel se mueve en ella desde la solemnidad hasta el despojamiento, desde el apasionamiento a la confidencialidad. Inmensa interpretación.
Los conciertos se sienten, los conciertos se piensan. Dudamel y sus músicos excitan la sensibilidad del espectador con su despliegue de fuerza y luz, que diría Luigi Nono. E invitan a la reflexión desde la emoción que despiertan. Ante este delirio de entrega, la música muestra su cara más universal, más social, más dialogadora. Establecer un juego de comparaciones es inútil. Dudamel no se parece a Mravinski o Gergiev, pongamos por caso, en la manera de enfrentarse a Chaikovski. Su lectura es otra. Irresistible y con una demostración de confianza en la humanidad y sus posibilidades. Tocaron un mambo de propina y el público enloqueció. Es una lástima que nadie de la Casa Real asistiese al concierto. En Venezuela no se hablaría de otra cosa durante una larga temporada.
“La música salva vidas en mi país”
Ene 25
JESÚS RUIZ MANTILLA 25/01/2008
Originalmente publicado en el diario El País
Llega a España una de las grandes promesas de la música clásica. Mañana cumple 27 años. Le descubrieron en un programa de educación para niños en Venezuela. Su excepcional energía emociona a Abbado, Barenboim o Rattle.
Desde que era un mocoso dirigía a las grandes orquestas. En su casa. A su aire. No es que el pequeño Gustavo Dudamel indicara con la batuta -”con el palito, que lo llamaba yo”, dice- la música que salía de los discos que le ponía su padre como si fuera un juego. Es que paraba el tocadiscos, daba indicaciones a la orquesta y después volvía a apretar la tecla del play confiado en que le iban a hacer caso.
Quizá entonces no, pero ahora sí que se lo hacen. Este venezolano, que mañana cumple 27 años, está educado en el revolucionario sistema de orquestas de su país creado por el maestro José Antonio Abreu en 1974 y que hoy forma musicalmente a unos 300.000 niños. Lo mismo dirige -invitado por Simon Rattle, por Daniel Barenboim o por Claudio Abbado- a la Filarmónica de Berlín, a la Sinfónica de Chicago o a la Mahler Chamber… Y, a partir de 2009, se estrenará como titular de la Sinfónica de Los Ángeles.
Los grandes han visto en él a una especie de Mesías que viene a salvar la música clásica con un impulso desconocido, una energía caribeña tan alegre y tan contagiosa que pone la carne de gallina. Podrán comprobarlo quienes le vean estos días en su gira española -en Oviedo ayer, hoy en Valladolid, mañana en Zaragoza y el domingo en Madrid- junto a sus músicos del alma, los que forman la Joven Orquesta Simón Bolívar de Venezuela, que él lidera desde hace nueve años.
Pregunta. En el programa combinan la Séptima de Beethoven y la Quinta de Chaikovski con La consagración de la primavera de Stravinski. ¿En qué se relacionan?
Respuesta. Metemos una de las dos sinfonías y a Stravinski. Es un programa que nos reta en cada concierto. La Séptima de Beethoven, como dijo Wagner, es la apoteosis de la danza, tiene una alegría, un disfrute. Luego, Chaikovski, para mí, es el más grande compositor de ballets que ha existido, y la obra de Stravinski es puro ritmo, es música que sale directamente del fondo de la tierra, volcánica, prehistórica, que se te pega dentro.
P. Ritmo, energía. ¿Es lo que aportan ustedes desde Venezuela a un mundo, el de la música clásica, demasiado anquilosado?
R. Nosotros venimos a demostrar que las utopías se cumplen. Lo nuestro parecía imposible, nadie esperaba que la música clásica fuese un arma de cambio social, pero lo que ha hecho el maestro Abreu con las orquestas, sacando a niños de la marginación por medio de la música, demuestra que es posible. Y a un muy alto nivel. La música salva hoy la vida de muchos jóvenes en mi país. No importa que no se acaben dedicando a ello, aunque muchos lo hacen. Formándose así, se han convertido en el público de mañana también.
P. Usted es el símbolo de todo ese sistema. ¿Le pesa tanto éxito a una edad tan joven? ¿No es demasiada responsabilidad?
R. No, al contrario. Es una responsabilidad hermosísima, algo muy importante. Me llena de mucho orgullo, pero hay que recalcar que no es cuestión de uno, sino de muchos. Yo soy una libélula en ese universo del sistema de orquestas.
P. ¿Cuál es la clave del sistema?
R. Disfrutar la música, sentirla como una energía colectiva, como una forma de aprendizaje social.
P. ¿Todo lo contrario a lo que se hace en Europa, que se forman solistas, individualidades y no grupos?
R. Ése es el secreto. Me da la impresión de que los sistemas europeos buscan el futuro para unos pocos, individualmente. En Venezuela a todo el mundo se le da una oportunidad y los chicos se adentran en el trabajo en grupo, en las orquestas, muy temprano.
P. Usted quería tocar el trombón, pero aprendió violín. Lo de dirigir, ¿cómo vino?
R. Mi padre toca el trombón, pero yo tenía los brazos muy cortos para sujetar el que había en casa. No teníamos otro para principiantes, así que cogí el violín. Mejor, porque si sabes violín, controlas el 70% de lo que debe saber un director de orquesta.
P. Pero a usted esas figuras del podio ya le fascinaban de niño.
R. Sí, me parecía mágico verles. Me preguntaba: ¿Cuál es su instrumento? Yo tomaba el palito y no sonaba nada. Hasta que al descubrir el sonido que te da una orquesta comprendí la magia.
P. A un gran director la música debe sonarle también por dentro.
R. Sabe que eso me pasa. Converso con alguien y estoy escuchando música en mi cabeza. Los directores tenemos que aportar la sensibilidad propia, de cada uno, la que no da la estructura de la obra.
P. ¿Su teoría del río?
R. Efectivamente. La estructura es un cauce. Nosotros debemos aportar a la interpretación el agua, que siempre va a ser diferente, que siempre cambia.
P. También como algo que construye seres humanos, algo que aporta valores. ¿Qué les enseña el sistema en ese sentido?
R. Nos enseña a tener esperanza, a soñar en lo que se puede conseguir. Nos enseña humildad y ayudar al prójimo, enamorarnos de la música y de quienes nos rodean.
P. Algo trascendente. ¿Es usted muy creyente?
R. Sí, lo soy. Muy devoto de nuestra señora de la Divina Pastora de Barquisimeto.
P. Por allí uno puede ver milagros, como el coro Manos Blancas, en el que niños sordomudos interpretan música. ¿Eso es querer romper las fronteras?
R. Vienen con nosotros de gira algunos de esos niños. Cuando también ves a un niño ciego, de ocho años, muy pobre, tocar el piano y le preguntas quién le ha enseñado y te dice que nadie, que lo aprendió solo, intuyes algo divino, algo que se siente muy adentro. Hay que abrir el camino al mensaje de lo imposible.
P. ¿Y a no temer emociones fuertes?
R. No, a que podamos llorar de alegría. Los niños no deberían llorar porque pasan hambre, porque han visto la muerte, el asesinato, la violencia; los niños deberían llorar de felicidad y no de otras cosas.
P. Parece que no le gusta que le pregunten por Chávez. Pero no hay más remedio.
R. No, no. No me importa.
P. ¿Por qué les incomoda que les pregunten por su presidente?
R. A mí no me incomoda. Lo que pasa es que no hablo de política. Sí le puedo decir que Chávez ha apoyado el sistema de orquestas y que ahora hay un programa para hacer pasar de 300.000 a un millón el número de niños que se inserten en el sistema. Ése es el mejor homenaje que se le podía hacer al maestro Abreu. Yo soy músico y no político. Soy militante de mi país y de un partido que se llama Venezuela.
Triunfo de la orquesta bolivariana
Nov 17
Publicado originalmente en La Jornada el 17 de noviembre 2007
Un baño de agua fresca, la presentación del conjunto en Bellas Artes
Mambos, danzones, joropos, huapangos, chachachá… Antes y después de esa sabrosura sonó también la música más refinada, la de mayor grado de dificultad interpretativa que existe en todo el repertorio orquestal: la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler.
Fueron todos ellos ingredientes de una fiesta singular: el debut de Gustavo Dudamel al frente de la Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, la noche del jueves en Bellas Artes.
El punto medular del milagro cultural que significa el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, que implementó hace 33 años en Venezuela el maestro José Antonio Abreu, quien estuvo presente antenoche en el concierto –así como Roy Chaderton, embajador de ese país hermano–, es un baño de agua fresca y el rescate de una forma de organización que era anacrónica hasta la aparición de esta multitud de músicos dotados de ímpetu, talento y precisión técnica increíble. Eso quedó de manifiesto con claridad pasmosa ante un teatro repleto de expectativa, entusiasmo y alegría.
La idea de un conglomerado de músicos de edad media a madura, serios, vestidos de oscuro, concentrada su atención en la batuta de una autoridad absoluta, dispuestos todos a seguir las decisiones imperativas de ese ser único frente a los muchos, la rompen estos jóvenes con la complicidad de uno de ellos, Gustavo Dudamel, quien se planta en el podio armado de batuta y autoridad, pero también de un espíritu de camaradería que no tienen los directores consagrados hasta ahora. A diferencia de ellos, Dudamel no es el único, sino que se asume y actúa como un integrante más de la orquesta. Uno entre pares. La utopía de la sociedad de los iguales.
De esa manera sonaron las Danzas Sinfónicas de West Side Story, de Leonard Bernstein, de una forma nueva, fresca, divertida y lúdica, completamente en el espíritu que concibió el compositor: Bernstein, un director de orquesta que también se asumió como compañero de batalla de sus músicos.
Ese sonido desbordado colocó la música de Mahler en una perspectiva absolutamente novedosa. Vaya, hasta las versiones reconocidas por expertos como las mejores de esta Quinta Sinfonía quedan a la par de la hondura lograda por estos muchachos. Tan hondo el adagietto de sir Georg Solti, tan sublime el de Claudio Abbado, tan elevado en manos del mismísimo Lenny Bernstein y de sirSimon Rattle, como supremo el de Gustavo Dudamel.
También quedó completamente claro, una vez escuchado en vivo, luego del asombro de la grabación de estos jóvenes bajo el sello Deutsche Grammophon, el elemento diferente que puede explicar la reticencia de los puristas: el sonido salvaje y, al mismo tiempo, delicado; brutal pero exquisito de los venezolanos, el cual acusa –lógicamente– una desmesura que, sin embargo, es coherente con el talante de su originalidad, es decir, se trata de jóvenes que interpretan toda clase de música con un ímpetu tal que lo desbordan todo, lo magnifican, lo hacen volcánico, lo sacan de madre venturosamente. Esta explosión de adrenalina, este caudal de hormonas burbujeantes, este tronido de testosterona por supuesto que no lo tienen, incluso lo envidian, los atrilistas más experimentados, no solamente por la cuestión de su edad madura, sino por la lógica de la pasión de la que es capaz un joven preciso y coherentemente desbordado. He allí el encanto del milagro Dudamel y sus muchachos.
El gran sucesor
De manera que el alto contraste entre las piezas programadas (un Bernstein mundano frente a un Mahler celestial) ofreció un paisaje singular, único en el mundo, un fenómeno artístico que ha vuelto locos por igual a los europeos que a los estadunidenses, a culturas ávidas de la calidez y del furor volcánico latinoamericano, pero también de una renovación de los productos artísticos, llámese orquesta sinfónica, repertorio y, sobre todo, el de director de orquesta verdadera y honestamente democrático. Todo en estado puro.
Las audacias interpretativas en Bernstein, la exactitud quirúrgica en Mahler, pero sobre todo la pasión, el amor patente hacia la música, es lo que está haciendo historia con estos jóvenes venezolanos. Un alto contraste impactante, dialéctico, invencible.
Si esto logra este director de 26 años de edad y esta orquesta de jóvenes igual que él, algunos de ellos todavía unos niños, habrá que esperar su edad adulta para disfrutar todavía mayores maravillas. El Dudamel maduro será sin duda el gran sucesor de quienes hoy lo tratan ya como uno de sus iguales: Rattle, Abbado, Barenboim, Esa-Pekka Salonen, con quienes comparte hoy Dudamel las mejores orquestas del planeta.
Es tan sui generis lo que hace la Orquesta Simón Bolívar con Dudamel que un melómano mahleriano preferiría no escuchar sino el silencio después de esa Quinta de Mahler tan arrasadora. Pero estos muchachos conciben la música como una fiesta participativa y aunque esta vez como acostumbran no se arrancaron el frac para calzarse la chamarra con los colores de la bandera de Venezuela, sí armaron su consabida fiesta con las piezas de regalo: el Danzón número 2, de Arturo Márquez, también presente en el concierto, un popurrí de arreglos sinfónicos a partir de canciones populares venezolanas, el Huapango, de Moncayo, como nunca se había escuchado, y el Mambo de las Danzas Sinfónicas de Bernstein con los jóvenes bailando en sus asientos y encima de ellos y haciendo bailar a sus instrumentos, todo sin perder un ápice de rigor técnico, de justeza artística.
Ese es el sentido supremo de la música, que es un ente vivo. Esta es la confirmación de la utopía vuelta realidad palpable. He aquí el milagro cultural venezolano.
He aquí la música. La vida misma.
Júbilo en Bellas Artes por un logro social de Venezuela
Nov 17
Publicado originalmente en La Jornada el 17 de noviembre de 2007
El sistema musical de ese país, noble proyecto digno de emularse en México
Desparpajo interpretativo de una cofradía ejemplar de jóvenes y apasionados atrilistas
Los venezolanos abordaron con buena dosis de jícamo y fiesta los pasajes de la obra de Bernstein
En el conmovedor adagietto de Mahler realizaron una sorprendente división de planos sonoros
Después de varios días de intensa expectación, alentada por los reportes de prensa que festejaban de manera unánime sus sonoros éxitos en otras plazas de México y del extranjero, la noche del jueves llegó finalmente al Teatro de Bellas Artes esa formidable orquesta que hasta hace unos años era conocida como la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y que hoy es la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar.
Como tantas y tantas otras cosas que le debemos, es a Eduardo Mata a quien los mexicanos debemos nuestro primer contacto con esta orquesta, así como con el portentoso sistema de educación musical del cual surgió y que es, sin duda, uno de los mayores logros sociales jamás conseguido en América Latina, y un auténtico ejemplo para el mundo entero.
La orquesta venezolana ofreció en Bellas Artes un programa formado por sendas partituras de Bernstein y Mahler, y en ambas confirmó con creces todo lo que de ella se ha dicho recientemente. En el entendido de que la agrupación está de gira no sólo para hacer música de alto nivel sino también para presentarse como la joya indiscutible de lo que en Venezuela se conoce simplemente como El Sistema, el grupo llegó a México con una plantilla cercana a los 200 músicos; la buena noticia, ampliamente anticipada, es que todos y cada uno de ellos tocan, y tocan muy bien.
Al frente de esta joven, entusiasta y eficaz multitud de músicos venezolanos estuvo el igualmente joven director Gustavo Dudamel, quien recientemente ha estado cosechando merecidos y numerosos laureles a lo largo y ancho del mundo musical.
Desde el inicio de las Danzas sinfónicas de West Side Story, de Leonard Bernstein, se hizo evidente la calidad instrumental de la orquesta, así como la habilidad de Dudamel para manejar, controlar y equilibrar a un grupo más numeroso que lo acostumbrado. Entre los múltiples aciertos en la ejecución de esta partitura de Bernstein (que tiene una gran deuda con Aaron Copland), dos fueron particularmente efectivos, y tiene que ver con el carácter dual de la música.
Por un lado, los venezolanos abordaron con una buena dosis de jícamo y fiesta los pasajes de la obra en los que predominan los elementos latinos, tropicales, caribeños. Por el otro, en aquellas partes de West Side Story en las que lo relevante es el jazz y sus derivados, Dudamel y la orquesta venezolana se mostraron adecuadamente sinuosos y sincopados, tocando gozosamente con esa elusiva pero apreciable cualidad que los músicos llaman swing. Es realmente reconfortante ver y oír a una orquesta tan joven tocar con ese descaro y ese desparpajo, sustentados en todo momento por un cimiento musical inamovible.
Cátedra en el ámbito de la actitud
Después, la estupenda ejecución de la Quinta sinfonía de Mahler fue propiciada, entre otras cosas, por un inicio seguro y lleno de aplomo. A lo largo de la obra, Dudamel se mostró como un director pleno y maduro, particularmente en lo que se refiere a la articulación y ensamble de los complicados episodios mahlerianos. Para ello contó con la complicidad de una orquesta capaz de producir una rica y variada gama de timbres, así como un rango dinámico asombrosamente controlado a lo largo de todo su espectro.
Si en los episodios más extrovertidos y robustos de la obra destacaron la potencia y sonoridad de las maderas y los metales, la cuerda marcó con solidez su propio territorio en el conmovedor adagietto, en el que director y orquesta realizaron una sorprendente división de planos sonoros, difícil de escuchar en otras versiones de esta enloquecida obra. Entre otras cosas, esta orquesta tiene una sección de contrabajos portentosa.
Fuera de programa, Dudamel y la orquesta tocaron una versión fresca y extrovertida, distinta a las que solemos escuchar con nuestras orquestas, del famoso Danzón No. 2, de Arturo Márquez, a quien le dedicaron el concierto entero.
Más allá de las evidentes virtudes musicales en lo que se refiere a afinación, calidad de sonido, precisión rítmica y otros atributos apreciables, los integrantes de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar dieron una sólida cátedra en ese otro ámbito del quehacer musical que en ocasiones se deja de lado: el ámbito de la actitud.
Desde el primer compás del concierto hasta el último, estos chamos venezolanos tocaron con carácter, concentración, enjundia, pasión y, sobre todo, con un evidente gusto por hacer música, todo ello sustentado por el orgullo de pertenecer a una cofradía ejemplar en la que, más allá de los resultados puramente musicales (que la noche del jueves quedaron diáfanamente evidenciados), lo que cuenta es el benéfico efecto multiplicador que ha llevado la música y la esperanza a todos los rincones de Venezuela.
¡Cuánto podríamos aprender de este noble proyecto, si en verdad nos aplicáramos a ello!
Jóvenes músicos de Venezuela conquistan Estados Unidos
Nov 14
Publicado originalmente en La Jornada el 14 de noviembre de 2007
Gustavo Dudamel y la sinfónica Simón Bolívar culminaron gira triunfante por ese país
Son los artífices del cambio en el mundo de la vertiente clásica, elogia la crítica neoyorquina
El novel director de 26 años se hará cargo de la Filarmónica de Los Ángeles, en 2009
La última escala de este periplo internacional será este jueves en la ciudad de México
Nueva York, 13 de noviembre. Un joven venezolano de 26 años de edad, 160 de sus colegas y el visionario maestro de todos ellos (y miles más) han conquistado Estados Unidos.
Gustavo Dudamel culminó una gira triunfante en Estados Unidos al frente de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en un par de conciertos en el Carnegie Hall –su debut en Nueva York. Anteriormente se presentaron en Los Ángeles, San Francisco y Boston donde, como aquí, cambiaron el mundo.
Considerado por los grandes maestros de la música clásica actual como uno de los directores más talentosos del momento, Dudamel encabezó la orquesta Simón Bolívar que impresionó tanto por su elevado nivel técnico como por la pasión y alegría que contagió a sus públicos de costa a costa, aquí. “Es el conductor más asombrosamente talentoso que jamás he visto”, afirma Sir Simon Rattle, director principal de la Filarmónica de Berlín, y con quien compartió uno de los programas en el Carnegie Hall.
Toda la sala se puso de pie
Al culminar su gira anoche en el Carnegie Hall, la orquesta Simón Bolívar se movía como el mar, a veces tranquila, a veces embravecida, al interpretar el Concierto para Orquesta de Bela Bartok bajo la batuta de Dudamel. El concierto se expresó con tal entrega y energía que la respuesta del público ante este regalo musical fue algo que casi nunca sucede entre los públicos neoyorquinos, famosos por su exigencia (a veces, más bien, por su arrogancia): la sala entera se puso de pie y ante una ovación interminable el director se vio obligado a regresar tres veces al escenario ante los “bravos” y expresiones de júbilo.
Cuando Rattle, director de la mejor orquesta del mundo, la Filarmónica de Berlín, tomó la batuta frente a los jóvenes para tocar la Sinfonía 10 de Dimitri Shostakovich, esa misma energía sacudió una de las grandes salas de la música mundial, provocando otra ovación sostenida de inmensa gratitud. Para celebrar, tocaron Mambo, de la obra West Side Story, de Leonard Bernstein, la cual interpretaron como un mambo real, con los músicos tomando turnos en hacer girar sus instrumentos, levantarse en conjunto para gritar “mambo”, mientras de repente dos violinistas empezaron a bailar, contagiando de movimiento a un público que –en este tipo de salas y actos– no suele mover las caderas. Triunfando así, levantando sus instrumentos al aire, concluyó la gira.
Los 160 músicos fueron a celebrar más tarde, según se enteró La Jornada, al Hard Rock Café de Times Square, por si alguien deseaba comprobar que son jóvenes.
Las reseñas de los conciertos en los medios estadunidenses a lo largo de la gira en ambas costas celebraron en tonos de puro éxtasis las actuaciones del joven maestro y sus colegas. “Es el show más grandioso del mundo”, afirmó el crítico cultural del Los Ángeles Times, e insistió que ese es un hecho, no una opinión: “Después de atestiguar la histeria masiva entre un público de 2 mil 200 personas y tras observar una orquesta lograr cosas que ninguna otra ha hecho de esa manera, ahora tengo la obligación de reportero de registrar los hechos: la Tierra circula el Sol; El Grande (el gran sismo que se espera ocurra en California) golpeará, tarde o temprano, a Los Ángeles; los venezolanos, bajo su conductor de 26 años, son el futuro”, afirmó Mark Swed.
El Boston Globe reportó que “olas de entusiasmo” inundaron la sala sinfónica, ante la “asombrosa energía y puro delirio de su música”.
Pero todos los críticos también reconocieron la cuna donde nacieron estos jóvenes: el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles, experimento extraordinario que se ha desarrollado durante 33 años en su país, y que ahora cuenta con un apoyo más amplio que nunca del gobierno venezolano.
Fundado en 1975 por José Antonio Abreu, el “sistema” ahora incorpora unos 250 mil jóvenes, mil 800 maestros, 246 centros educativos y 125 orquestas; Dudamel y la Orquesta Simón Bolívar son sus estrellas. Este año, el presidente Hugo Chávez anunció que incrementará el financiamiento del (sistema) para lograr incorporar un millón de participantes. Gustavo Dudamel reconoce que él es quien es hoy, gracias al sistema, y ha declarado: “no estamos buscando una meta personal, siempre es colectiva. Soy producto del sistema, y en el futuro, estaré ahí, trabajando para las próximas generaciones”, comentó al New York Times (su revista publicó un extenso y excelente reportaje sobre el maestro y el sistema hace un par de semanas).
Elaboró más sobre cómo el sistema ha rescatado a miles de jóvenes, como él, al integrarlos a una gran “familia” musical, como comentó a La Jornada en entrevista con Pablo Espinosa durante su presentación de Monterrey, a finales del mes pasado (La Jornada, 29 de octubre).
Iniciativa exportable
Para el maestro Rattle, el “sistema es la cosa más importante que está ocurriendo en la música clásica en cualquier parte del mundo”, reportó el New York Times. Su ejemplo esta inspirando a casi todos los países de América Latina, junto con algunos europeos, y ahora Estados Unidos.
Todo esto, a partir de Dudamel y la orquesta, acaba de cambiar el panorama cultural de Los Ángeles –la segunda ciudad más grande del país– donde junto con su concierto se anunció formalmente que esa urbe impulsará un proyecto de educación musical con el modelo del programa el venezolano. La Filarmónica de Los Ángeles y el alcalde Antonio Villaraigosa revelaron que esto se iniciará en una sola zona marginada, pero que el objetivo a largo plazo es otorgar un instrumento musical y un lugar en una orquesta a todo niño y joven que lo desee en esa ciudad.
Dudamel estará ahí para dar forma a la iniciativa: ha sido contratado como el próximo director musical de la Filarmónica de Los Ángeles, a partir de 2009.
A la vez, también están cambiando la música clásica aquí. Swed, el crítico de música de Los Ángeles Times, considera que estos venezolanos son gran parte del cambio en el mundo de la música clásica, y su forma particular de abordar la música, muy suyo, contiene una “amenaza al status quo”. Argumenta que los venezolanos “lo han hecho solos, no han ido a (la famosa escuela de música) Julliard, y Julliard no ha enviado a masas de instructores a ellos. No han tomado clases (…) con músicos famosos. Su éxito implica que toda la estructura de clase de la música clásica ahora está en peligro de deshacerse”.
Así, Dudamel y sus 160 colegas, y sobre todo el maestro de todos ellos, Abreu, están cambiando al mundo, como comprueba su paso por Estados Unidos. Para cualquiera en México que lo dude, podrá comprobarlo esta semana: la próxima y última escala de esta gira internacional es la ciudad de México, este 15 de noviembre, en el Palacio de Bellas Artes.
Youth Handles the Serving, in Large, Robust Portions
Nov 14
By ANTHONY TOMMASINI
Published: November 14, 2007
Publicado originalmente en The NY Times

Simon Rattle leads the Simon Bolivar Youth Orchestra of Venezuela in an encore performance of "Mambo!" - Jennifer Taylor for The New York Times
Inevitably, the Sunday afternoon concert at Carnegie Hall by the Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela became an occasion to assess the work of the ensemble’s talked-about and fast-rising music director, Gustavo Dudamel, making his New York debut.
But the orchestra itself was the center of attention on Monday night in the second and final program at Carnegie Hall. The news was the technically astonishing and powerfully communicative playing of these dedicated and accomplished young musicians, who range in age, roughly, from 15 to 25.
Of course, Mr. Dudamel, just 26, who began the concert conducting Bartok’s Concerto for Orchestra, deserves enormous credit for the high level and intensity of this youth orchestra, which he has led since 1999. And the players proved that they could adapt and work with a master in the second half of the program, when Simon Rattle conducted Shostakovich’s Symphony No. 10 in E minor. Yes, amid these young Venezuelans, the youthful Mr. Rattle, all of 51, still looked like an elder statesman of music. Context is everything.

Gustavo Dudamel leads the Simon Bolivar Youth Orchestra of Venezuela in a performance at Carnegie Hall - Jennifer Taylor for The New York Times
The orchestra’s appearances were officially part of Carnegie Hall’s Berlin in Lights Festival. Mr. Rattle and members of the Berlin Philharmonic, which he directs, have been mentors to Mr. Dudamel and the Simón Bolívar orchestra. The link may have been a stretch. But who cares? The audience that awarded both performances frenzied ovations would have been there under any circumstances.
Bartok’s Concerto for Orchestra was partly fashioned to show off virtuosity. The piece brought out the best in Mr. Dudamel and his players. There are some 200 musicians in the orchestra, and most seemed to be crowded onto the stage for this performance. In climactic fortissimo passages of both scores, the sheer richness and visceral power of the sound was awesome.
Typically, the more players involved, the harder it is to play together. But these musicians perform with such discipline and well-honed precision that they can go for maximum expression and follow the lead of their impetuous conductor.
Mr. Dudamel has a keen ear for instrumental coloring and musical character. In the opening of the first movement the hazy tremolos in the high strings had an eerie allure. When the clarinet played a sultry melody over a quietly restless orchestral backdrop, the ensemble gave the music an undulant, almost Latin American tinge.
The third movement, an elegy, was transfixing and nocturnal, at once calming and unsettling. The perpetual-motion fifth movement often seems the least substantial music in the score, a toss-off, high-energy finale. But it was the highlight of this performance, played at daring tempos with rhapsodic fervor, even in the intricate fugato outbursts, where it’s easy for overlapping lines to go astray.
In Shostakovich’s daunting 10th Symphony (1953), Mr. Rattle empowered the players to take risks and play all out, leaving matters of control to him. And there was control in this formidable performance of Shostakovich’s 60-minute score. The brooding and moody first movement, with its long passages of ruminative counterpoint, unfolded with grim yet inexorable force. In the second movement — brutal, driven, full of raucous bursts of dissonance, thought by some to be a parodistic portrait of Stalin, who died while Shostakovich was composing this score — Mr. Rattle proved every bit as wild and daring as his exuberant young players.
When it ended, Mr. Rattle, with not a trace of British reserve, dived among the players and engaged in a hugfest. Not to be outdone by Mr. Dudamel, he led the orchestra in a reprise of the hit encore from Sunday afternoon, the “Mambo” from Bernstein’s “West Side Story.” Mr. Rattle kept turning to the audience to lead shouts of “mambo!” as the Venezuelan musicians played and danced their hearts out.
Berlin in Lights? I don’t think so.
Fountain of youth
Nov 9
Waves of excitement sweep Symphony Hall under baton of Gustavo Dudamel, 26
Publicado originalmente en el Boston Globe
By Jeremy Eichler
Globe Staff / November 9, 2007
Maybe it was the moment between pieces on Wednesday night when some 200 young musicians onstage simultaneously ditched their formal wear and donned bright yellow-red-and-blue jackets, transforming Symphony Hall into a riot of color. Or maybe it was when, after a triumphant night of playing, they joyously raised their instruments into the air as a full house stood for yet another ovation. Or more likely, it was from the first real climax of the opening piece, Bartok’s Concerto for Orchestra, when a wiry young conductor flicked his wrist and unleashed a massive surge of orchestral electricity. That’s when it became obvious that this was not a typical concert in Symphony Hall. This was the Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela, with its shaggy-haired, newly-minted-celebrity maestro Gustavo Dudamel.
In case you haven’t heard, this youth orchestra and this conductor are the most buzzed-about pair in classical music today. And for once, it’s not the kind of buzz driven by glossy promotion or some scandalous album cover. The genuine excitement behind the SBYO and Dudamel is driven by two things: first, the astonishing energy and sheer exhilaration of their music-making, and second, the inspiring national program in Venezuela referred to simply as El Sistema, which has given instruments to poor kids across the country and placed them in a network of orchestras starting in preschool. About 250,000 kids are participating; 75 percent live below the poverty line.
The SBYO is the top orchestra of El Sistema, and its playing is something that has to be experienced live to fully grasp (the group’s two CDs on Deutsche Grammophon don’t quite cut it). That applies as well to Dudamel, who at the tender age of 26 was recently named the next music director of the Los Angeles Philharmonic. Viewed in person, his conducting has a searing intensity when called for but also a fantastic dexterity that allows him to keep this huge orchestra’s many gears on track with more success than anyone could expect. Nor did he seem to be conducting for the audience’s benefit, which can always be a concern with a conductor this physically gifted. Every gesture was organic to the music at hand.
But it’s not right to single out the conductor alone here; this orchestra plays with a spirit that is heard all too rarely, if ever, in the professional music world. Whatever passion a conductor might project from the podium can often dissipate after the first few stands of strings. With the SBYO, the vitality lofts in from the back of the sections and rises up from the floorboards (one violinist kept levitating out of his chair). The playing had a blazing heat at key moments in the Bartok and in the finale of Beethoven’s Seventh Symphony, but also remarkable clarity.
Sometimes when young musicians tear into the music they love, there is a certain scrappy quality that creeps in. Little of that here. One could quibble about a few tempo choices in the Beethoven or the pacing of certain transitions in the Bartok, but the bigger picture was so persuasive, nit-picking seems beside the point.
After intermission came a rhythmically charged traversal of Bernstein’s Symphonic Dances from “West Side Story,” and then the group really let loose in three encores: a reprise of Bernstein’s “Mambo” and works by Arturo Marquez and Alberto Ginastera. In the middle of playing, they started spinning their cellos and basses, twirling their trumpets and violins, dancing and even trying out a Fenway-style wave. Ovations followed every single piece. It was also notable that Dudamel did not take a single bow from the podium but received the applause from within his group.
Another catalyst of spontaneous ovations was José Antonio Abreu, the visionary 68-year-old Venezuelan who founded El Sistema and who preaches a gospel of “spiritual affluence.” The crowd rose at one point at the mere mention of his name. He deserves it many times over, and the empirical success of his work in Venezuela is having ripple effects that could potentially shift the prism on arts education in this country.
New England Conservatory, which presented the concert with help from the Boston Symphony Orchestra and the Celebrity Series of Boston, held a public symposium Wednesday afternoon at which Abreu spoke. He also dropped by a morning seminar in which experts from across the field were discussing the big question: What insights can be drawn from El Sistema and applied to the United States? Similar discussions are happening around the country. They are vitally important, and in the meantime, this orchestra is the best possible emissary for the cause.
Jeremy Eichler can be reached at jeichler@globe.com.
© Copyright 2007 Globe Newspaper Company.
The New Guy: Gustavo Dudamel
Nov 8
Publicado originalmente en LA Weekly el 8 de noviembre de 2007
Disponible en línea en el Sitio Web del autor
By Alan Rich
Strength in Numbers
Chances are that the Philharmonic’s new music director, when he takes over the podium a couple of years from now, will not ask the orchestra to perform in patriotic jackets, nor will he ask the players to fling them out into the audience after the last encore. He is unlikely to demand that they twirl their instruments between solos, or toss them skyward at the slightest provocation. Yet these were some of the shenanigans in the final moments in the second of two concerts last week by the Simón Bolívar National Youth Orchestra of Venezuela and its – soon to be our – switched-on conductor, Gustavo Dudamel. With a capacity crowd in the hall tearing down the virtual goalposts and another onstage matching them cheer for cheer, you had to be there to experience the pandemonium. By any standard – social, political, musical – it was totally deserved.
There was a lot of talk about youth orchestras here last week. There was a symposium in which important people – the mayor, Philharmonic people, education people – spoke about the obvious benefits of full-fledged symphony-size orchestras as an extracurricular activity, moving on to forming serious ensembles, like the Bolívar and the Sibelius Academy that was here two weeks ago and the UBS Orchestra still to come, with players ages 18 to 24. We have such orchestras here, like the sleepy American Youth Symphony, whose free concerts at Royce Hall draw big, sleepy crowds; what we don’t have – yet – is a firecracker leader to inspire such an orchestra with a sense of its own importance, to its community, to its players. That will take a few more symposiums.
Here comes Dudamel, and the best news is that he’s real, a serious and dedicated musician who’s seized by the music he’s performing, and that he’s already a practiced hand in forming great and spirited young orchestras. His orchestra numbered something like 200, against our own Philharmonic’s 106. Just the sight of all those chairs on the empty stage was enough to turn you – or me, at least – dizzy. Dudamel led the big works on both programs – the Fifth symphonies of Beethoven and Mahler – from memory; okay, he’s recorded them both and is entitled to know them by heart. What’s important is the way both these works have come to live within him. The baton technique, mostly a forward thrust, is clear and not particularly graceful. His left-hand motions are more fascinating: also not graceful, not swooping, but with each finger delivering a separate message.
Of the two symphonies, I was more won over by the Mahler; I’d held off hearing the disc. Disney Hall offered no resistance to the mighty onslaught of 11 double basses, eight horns and similar bloated figures across the board. There was a fine, light humor in the pacing of the scherzo, and an even lighter touch in the folksy moments of the finale. The notorious – yet noble - adagietto was, to my taste, paced exactly right.
Beyond the inevitable wayward horn here and bassoon there, the Beethoven performance seemed to these ears somewhat waterlogged by the weight of it all. Even with the double-bass contingent whittled down to 10 – from the previous day’s 11 – I found the sound of four horns (for Beethoven’s two) and I-forget-how-many bassoons (for Beethoven’s most interesting scoring, his bassoon pairing) just a shade murky, no matter how excellent the performers and how spirited the splendid young conductor’s choice of tempos. But that crescendo out of the gloomy reaches of the scherzo, and the impact of the trumpets announcing the triumphant arrival at the golden frontier of C major, could not have been more thrilling. That’s why we need orchestras, and conductors, and Beethoven.
Olé
The ersatz conviviality of the Bernstein West Side Story dances had begun the first program (of two); now, following the Beethoven on the second, it was time to dig seriously into where these marvelous music people had gleaned their effervescence. Music by Mexico’s Arturo Márquez and José Pablo Moncayo and Argentina’s Alberto Ginastera – all throbbing with hot rhythms and that major/minor delicious uncertainty that colors the lifestyle south of the border – completed the printed part of the program. Then the lights went down for a few seconds; when they came up again, the whole orchestra sported the Venezuelan finery that I’m sure you all saw on YouTube.
Then who should show up but John Williams, to tone things down a peg with theStar Wars theme. (Surely, even he knows better music than that.) Then Gustavo – excuse me, Maestro Dudamel – got his podium back for three more numbers, including a replay of the Bernstein “Mambo” number from the night before, with the crowd getting happier and more insistent and the jacket biz . . . For all I know, they may still be there.
In the audience sat José Antonio Abreu, the distinguished gentleman who, with a group of musical advisers, dreamed up the National System of Youth Orchestras – known as El Sistema – that has now given Venezuela 130 youth orchestras comparable to Simón Bolívar, countless children’s orchestras and more than 30 adult orchestras, many of them peopled by children out of impoverished neighborhoods, given their instruments by the state. Put this together with the chorus that came up a few years ago to perform Golijov’s St. Mark’s Passion and you have a compelling picture of a national musical subsidy that needs a lot of study in this country. Perhaps more than symposiums, even.
The people’s choice?
Nov 8
Publicado originalmente en Boston Phoenix el 08-11-07
Gustavo Dudamel and the Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela
Gustavo Dudamel, in case you hadn’t heard, is the 26-year-old Venezuelan conductor who’s going to save classical music. He’s the product of the National System of Youth and Children’s Orchestras of Venezuela, the fabulously successful initiative that’s enrolled some 250,000 youngsters, most of them from poor backgrounds. In 2004 he won the Gustav Mahler International Conducting Competition in Bamberg. He’s been taken under the wing of Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Simon Rattle. In August 2006, he conducted the Boston Symphony Orchestra at Tanglewood. (The program was Bernstein’s Candide Overture, Beethoven’s First Piano Concerto, and Falla’s The Three-Cornered Hat.) Now he’s been tapped to succeed Esa-Pekka Salonen as music director of the Los Angeles Philharmonic, starting in 2009. In his New York Times Magazine profile (“Conductor of the People”) two weeks back, Arthur Lubow wrote, “There was a sense that she [LA Philharmonic president Deborah Borda] had snaffled the Man o’ War or Secretariat of the classical-music racetrack.”
Last night at Symphony Hall, under the joint auspices of New England Conservatory, the Celebrity Series of Boston, and the BSO, Dudamel made his Boston debut at the head of his own Simón Bolívar Youth Orchestra of Venezuela, which is touring the US. Back home, this orchestra is (or was) known as the Orquesta Sinfónica Simón Bolívar; its members are all young, but putting the word “youth” in its title smacks of apology, or of inviting modest expectations. If, on the other hand, the idea is simply to attract young audiences, it’s working: Symphony Hall was packed (what’s the last time you saw people holding “Need tickets” signs outside?), the crowd younger than usual, and more Hispanic. It was also quieter than usual, and, glory be, there was no applause between movements.
The originally announced program was Bartók’s Concerto for Orchestra (a BSO commission that made its debut in Symphony Hall back in 1944), the Orchestral Suite from Leonard Bernstein’s West Side Story, and “selections from Latin American music,” but someone must have decided that it needed more ballast: Beethoven’s Seventh Symphony (which the orchestra performs on its first Deutsche Grammophon release, along with the Fifth) was added, and the Latin American music relegated to the encores. That made for a three-hour-plus evening. Dudamel didn’t take the podium till 8:15, and the second half of the concert was preceded by 15 minutes of acknowledgments, proclamations, and presentations, much of it delivered through a malfunctioning mic.
What’s immediately striking about the Simón Bolívar, apart from its youth, is its size — more than 100 strings in the program, and close to that number on stage. The violins were deployed in the “traditional” 20th-century fashion, massed on the conductor’s left; this worked out fine for the Bartók, where at one point in the third-movement Elegia the violins are pitted against the violas, less well in the Beethoven, which was written for an antiphonal arrangement of first and second violins. Dressed, like the male orchestra members, in a suit, Dudamel conducted with a baton but no score.
Dudamel’s virtues and shortcomings were palpable throughout the Concerto for Orchestra (his live performance of this with the LA Philharmonic is available as a DG digital download), and so were the players’. This is young people’s musicmaking. Shaking his hair and jumping up and down, Dudamel offered cogent phrasing and a powerful rhythmic impetus; the orchestra responded with a big, full, visceral sound. Attacks were ferocious, balances were mostly pellucid (with some great lower-string moments), and there were delicious woodwind solos like the agrodolce oboe in the Introduzione opening movement. The players swayed in their seats, every bit as animated as their conductor. It was all fresh but not always wise. The snickering chatter of winds in the second-movement “Giuoco delle coppie” (“Game of Couples”) should sound like a murder of crows; this was an exaltation of larks. (Dudamel did observe Bartók’s not-at-all-intuitive phrasing in the brass chorale that followed.) Slow openings meandered (the beginning of the Elegia should recall the beginning of Bartók’s opera Duke Bluebeard’s Castle); transitions didn’t always register. The parody section (Bartók is making fun of the opening march movement of Shostakovich’s Leningrad Symphony) of the fourth-movement “Intermezzo interrotto” was very parodic, but after the tuba raspberries the fffcrashing cymbals made a parody of the parody. The loud, hectic Finale had almost too much energy, with the ideas all bouncing off one another — you couldn’t hear the grinding allusion to Stravinsky’s Sacre du printemps in the cellos and basses. Plenty of bang for your buck, but not much nuance.
Live, the Beethoven Seventh had the frisson that the DG recording lacks, and a golden Viennese tone, and revolution was, rightly, in the air, but it kept disintegrating into random violence. The reading was high-strung, high-octane (concertmaster Alejandro Carreño kept rising out of his seat), passionate but not always poetic, at times bombastic in its tub-thumping timpani. The transitions didn’t improve; textures clotted, and long-term logic was lacking. The Allegro con brio finale was a blur. I doubt any orchestra this size can play so loud and so fast and realize Beethoven’s intentions. I reveled in the noisy ecstasy right along with Dudamel, the orchestra, and the audience, but by the end I felt bludgeoned.
Worse was to come. You wouldn’t think any outfit could mess up West Side Story — particularly a Latin one, with the players snapping their fingers and shouting, “¡Mambo!” — but this was Day-Glo Bernstein, all coarse, assaultive brass, and too fast for the girls (or the guys) to swivel their hips. I kept thinking I was at a David Mamet play. At the end, Dudamel posed motionless with his baton, keeping the audience suspended, before letting it drop ever so slowly.
For the encores, the lights dimmed and the orchestra members hastily donned zip-up jackets with a replica on the Venezuelan flag on the front. Huge applause, and why not? They played a Latin dance suite, and then a less classical, more uninhibited take on West Side Story’s high-school high jinks, and then more dance music. The strings twirled their instruments, the girls jumped up and shimmied, the brass waved from side to side, everybody started popping up. By the end, they were all marching around, even launching an assault on the podium; Dudamel disappeared and the players took command.
Is this the future of classical music? Making Bartók and Beethoven sound more spontaneous and less fixated on the score — more like jazz — is good. Making them sound like rock in order to appeal to young people is not so good. As for Dudamel, at 26 he can hardly be expected to possess the maturity of a Fritz Reiner or a Carlos Kleiber. But after the Times has touted you as “the most-talked-about young musician in the world” and you land a great job in LA (as opposed to the old-fashioned European slog of rising through the provincial opera houses) and get to hang out with Tom Cruise and David Beckham and Joe Torre, does the hype get in the way of the hard work?
